martes, 17 de noviembre de 2020

La vacunita

Las peculiaridades de estas democracias de nuestros pecados parecen no tener fin. Siempre instaladas en la incongruencia y en el agravio comparativo, se mueven entre la ley del embudo y el comportamiento del capitán Araña, ese mismo que embarcaba a todos los que podía para luego quedarse él mismo en tierra, disfrutando de las tascas que había vaciado de parroquianos para meterlos en un barco. No, nunca esperen que las democracias del demonio sean consecuentes, ni con sus súbditos ni consigo mismas: No en vano fueron paridas por revoluciones y revolucionarios traídos por el propio Infierno.

Las mismas democracias que perrmiten a crías de 16 años irse a abortar sus embarazos sin consentimiento, ni aun conocimiento, de sus padres, por aquello tan falaz de "nosotras parimos, nosotras decidimos", y permiten, de ese modo, que encallen y se encanallen sin apenas haber dado un paso en la singladura de la Vida; son las mismas democracias que pretenden vacunar hasta al gato por una enfermedad (con una mortalidad inferior a la de los accidentes cardiovasculares) que ya les ha servido de pretexto para recluirnos, embozarnos y convertirnos en prisioneros saltándose todas las normas fundamentales de las constituciones a las que se agarran los politicastros cuando les conviene.

Nos da la sensación de que el eslogan de "nuestro cuerpo, nuestra decisión" no nos va a valer en este caso, y que la intención de vacunar hasta al periquito va más allá de un altruista arrebato de los psicópatas que gobiernan en nombre de "otros". Los Derechos Civiles que recogen las mismas constituciones que les vienen a la boca para justificar sus fechorías son clamorosa y escandalosamente conculcados y silenciados (¿se han dado cuenta de que ya ni mencionan a la constitución?), todo en aras de inocular su ponzoñosa vacuna, vacunas que, por cierto, ya no son como las de antes, se lo decimos aquí por si aún no se habían percatado.

Suponemos que cuando esta vacuna, que quieren hacer sospechosamente obligatoria, y que dicen que es presuntamente "antichinovirus", comience a causar los estragos que se anuncian (presuntamente tiene una lista de efectos secundarios más graves que la enfermedad que presuntamente ataja), nos dirán, presuntamente, que el chinovirus es muy malo y que ha mutado presuntamente, porque lo que esta gente se ha fijado como objetivo en su agenda es matar, de una manera o de otra, hasta al gato y al periquito que referíamos arriba. Eso sí todo muy presuntamente y en nuestra modesta opinión gracias a la menguante libertad de expresión que todavía disfrutamos. Presuntamente.

Porque no se engañen, o por esta enfermedad, o por su puñetera vacuna obligatoria, o por la invasión Kalergi o por el hambre que ya tenemos, no desean dejar con vida nada que recuerde algo de lo que fue la Europa blanca.