martes, 20 de octubre de 2020

Las Puertas del Infierno

Los actuales ataques contra la Fe Católica no son actuales. Viene siendo así desde que Cristo inició su actividad pública. Lo que sucede es que muchos católicos lo son por "inercia", "tibios" en el mejor de los casos y no por la convicción de que ser católico es ser militante, una suerte de soldado permanente contra el Mal y contra Lucifer, asuntos estos incluso de los que demasiados católicos, al menos nominalmente, dudan en la práctica y a los que no conceden más crédito que las consejas de pueblo o los cuentos para niños.

Sin embargo, el simple y trágico hecho de que los cristianos en general, y muy particularmente los católicos, estén sufriendo una sistemática persecución y aniquilación en este siglo XXI que tanto llena la boca de los progres, es la mejor prueba de que la Fe Católica es la auténtica, ya que se denigra, escarnece y asesina a los nuestros mientras que a los demás ni se les toca o aun se les enaltece. El príncipe de la Tinieblas y su gentuza son así de selectivos y sus hechos les delatan, no en vano se dijo que "por sus obras les conoceréis".

Si es lamentable todo esto, y augurio de que se van a abrir los Últimos Días ante nosotros, resulta más insoportable si la propia Dirección de la Iglesia coopera abiertamente en su destrucción con sus cómplices silencios ante los asesinatos que padecemos los católicos, la destrucción de edificios religiosos (algo a lo que España no es ajena, veánse las intenciones del gobierno marxista de demoler la Cruz de los Caídos) y la ofensiva generalizada contra el Derecho a la Vida en forma de leyes tan demoníacas como las del aborto y eutanasia, sin olvidar todas las medidas legales que arremeten contra las familias blancas y la preservación de nuestra Historia.

No es asombroso, ni tan siquiera sorprende que el Mal haga el mal. Tampoco que las Puertas del Infierno se hayan abierto de par en par y que todos los demonios anden correteando por doquier, (si no lo cree, puede comprobarlo dándose una vueltecita por una gran ciudad de Occidente). Lo que nos deja atónitos es que los primeros que deberían estar presentes en este combate tan singular y tan antiguo se pongan de perfil como si la cuestión no fuera con ellos y no se aprestasen a seguir salvando almas. Pues no. Siguen las directrices del golpe de Estado multinacional que el Nuevo Orden Mundial nos sigue asestando, por poner dos sucintos ejemplos, aconsejan que usemos mascarillas "no sea que nos muramos" (la vida terrenal no debería de importar a los príncipes y ministros de la Iglesia, sino la Vida Eterna), y toleran que el aforo de los lugares de culto sea limitado mientras que el agravio comparativo con respecto a otros recintos públicos (laicos) está servido.

Claro está que viendo quién ocupa la Sede, todas las incógnitas y extrañezas se disipan. Si la propia Masonería se felicita de una Encíclica tan "fraternal" como la "Totum Fratelli", es que algo se está haciendo mal, y nosotros creemos que deliberadamente además. Nunca cabe esperar elogios del enemigo, sobre todo si ese elogio nos sitúa en la línea de su Discurso. Afirmamos que el Pontificado de Francisco es heraldo de desgracias e infortunios para todos, y la antesala de ese sincretismo satánico que el Nuevo Orden Mundial anhela instaurar para acabar con el Mensaje de Cristo, convirtiéndonos en esclavos y arrebatándonos nuestra alma.

Se dijo que el Mal no prevalecería, y no lo hará; pero el Tiempo de la Siega se acerca, se separará la Cizaña del Trigo y aquellos a los que nos hizo libres la Verdad tendremos que dar Testimonio. Y los de la Cizaña y los tibios no van a acabar bien...