martes, 8 de septiembre de 2020

El retorno sin vuelta

El final del verano, en el hemisferio norte, se va acercando de manera inexorable. Sin embargo, no crean que ese hecho significa el fin del calor, porque el otoño se nos antoja calentito. Nuestra Sección "La memoria del capitán" lo ha ido avanzando y describiendo con la estupenda claridad que acostumbra nuestro veterano, al que agradecemos desde las líneas de este Editorial el haber mantenido alzada durante el estío, la imaginaria bandera de este modesto digital que es Metaparte.

Toda vuelta, tras un periodo de asueto, más o menos anormal, se hace dura. Este retorno lo es, además, porque todos intuimos que, en poco tiempo, lo del virus nos parecerá un tema secundario comparado con los millones de parados, las decenas de miles de empresas quebradas, la Ruina y el hambre que este golpe de Estado multinacional (ya fallido en muchos países merced a una cuidadanía que no se somete) traerá a nuestra Patria. Creemos que entonces les dará igual quién lleve mascarilla y cuántos familiares visiten un domicilio a esta Stasi de vecinos chivatos y de Cainismo colaboracionista, constituida espontáneamente y cuyo antecedente más cercano se remonta a los días de la guerra civil. Es lo que pasa cuando no hay qué llevarse al estómago, que todo lo demás se nos antoja accesorio porque lo principal es sobrevivir.

Tampoco se sorprendan entonces del papel que vienen ejerciendo las FCSE porque su papel represivo hacia el español se redoblará. Como ya saben, "si son morenitos, no hay delitos", pero ¡ay! de aquellos españoles que se atrevan a revolverse contra esta nueva anormalidad (y monstruosa añadiríamos) porque la eficacia en el cumplimiento de las órdenes que observen estas FCSE se verá contrastada en su demérito. Lo que es deliberada inoperancia contra okupas, menas, mafias y tráfico de personas (o "invasores" dado que se hallan en edad militar y con pocas trazas de estar pasando calamidades), se tornará eficiencia inusitada contra el español al que, lo comprobarán, obligarán a vacunarse si no lo hace voluntariamente, entre otras medidas que preparan. 

El final del verano ya está casi aquí. Nos gustaría pensar y afirmar que la vida seguirá su monótona cadencia. No obstante, tenemos la certeza de que nada volverá a ser igual porque hay sucesos que ya no tienen redención, perdón o enmienda, como daños irreparables que son. Prestigios que se diluyen en un servil seguidismo, confianzas que se quiebran, amistades que se esfuman para convertirse en enconadas enemistades y simpatías borradas por borrascas de mentiras. Efectivamente, nada volverá a ser igual.

Hay retornos que no implican volver porque son retornos sin vuelta.