martes, 22 de septiembre de 2020

Del deshonor y la guerra

No, no es una epidemia. Las epidemias que ha padecido la Humanidad a lo largo de la Historia han dejado cadáveres en las calles y diezmado familias. Esto es otra cosa: Un autogolpe de Estado para reducir al género humano a una esclavitud tecnológica, y a los españoles nos ha tocado la desgracia de ser conejillos de indias en todo este experimento, a ver cuánto castigo nos infligen sin que nos revolvamos. Nos hace gracia el cinismo sin límites de la clase política, que habla y habla de las bondades de una Constitución que es papel mojado (realmente nunca fue otra cosa en regiones enteras de España), cuando todos los gobiernos que padecemos (locales, autonómicos y el central) están a lo mismo; cuando el parlamento en pleno, todos los partidos de una manera u otra, respaldan el atropello casi diario que perpetran contra nuestros Derechos y Libertades. Y con el cuento este del virus de diseño, el español corriente sólo proclama un nuevo "vivan las caenas" a mayor gloria de una Ciencia y de unos científicos que han dicho una cosa y la contraria, por ver si aciertan, con un virus manufacturado. Sin embargo, no hay peor virus que el miedo, y ese se halla por doquier en una sociedad que ya era cobarde, inculta, inmadura y desinformada a fondo.

Sinceramente, no creemos que venga reacción alguna de una sociedad que permite, en un alarde de masoquismo y mansedumbre sin precedentes, que la humillen, sometan y ofendan continuamente. No lo hizo cuando mataron a sus mayores sin autopsias e incinerando sus cuerpos para impedir cualquier posterior depuración de responsabilidades (no nos vale eso de que se denuncie porque sabemos de sobra cómo acaban los pleitos contra este corrompido Régimen). No lo hace ante el abuso que se está cometiendo con los más pequeños, que ya sufren hasta un comisariado sanitario en los centros para ver si asisten o no (y si es así, que un protocolo los arranque de sus familias para Dios sabe qué propósitos). Las FYCSE, sumándose el Ejército, ya tiene facultad para violentar los domicilios particulares, entrar y agarrar a los que se les parezca oportuno, que serán disidentes y parientes bajo el enunciado de "Covid", porque todo empieza a ser Covid, hasta los uñeros; y asegurarse que el español corriente mire para otro lado y se diga una vez más el consabido "mientras a mí no me toque". Esto va a ocurrir cuando se tiene un ejército mercenario y no nacional: Con soldados de reemplazo no se atreverían a esto, porque son hijos de España. Ese era el objeto de tener una ciudadanía en armas, que se pudiera defender ante cualquier abuso de los que mandaban, aparte de las agresiones extranjeras (que también las tenemos en unas fronteras que no se guardan ni se defienden). Con los profesionales que nos dejó el señor Aznar (muestra clara de que el problema ya no es un partido u otro, sino el Régimen al completo), todo es posible, para mal, porque cobran del gobierno pero con nuestro dinero. Cornudo y apaleado: Esta es la descripción del español corriente. Veremos qué hace cuando le ataque el hambre, a ver si con eso se conmueve, ya que los suyos se la traen al pairo como se deduce de lo que llevamos vivido.

Hasta los obispos se hacen los suecos. Ni una mala palabra ni una buena acción, como el Heresiarca de su patrón, que si dice algo que figure y sea coherente con los Evangelios es porque se ha equivocado. Abandonan a su suerte a los monjes de una Abadía y a la Cruz que expresa mejor que nada el final de una sangrienta contienda civil. Los herederos de los que la iniciaron quieren demolerla, y los obispos se ofrecen para "resignificar" ese espacio. No nos cabe ninguna duda de que los Mártires de la Iglesia, los asesinados por la persecución del Frente Popular por razón de su Fe Católica tienen que estar removiéndose de santa indignación en sus tumbas. Frágil memoria la del pueblo español, que no ha transcurrido ni un siglo y vuelve al mismo camino de perdición. Indolencia, ignorancia e impasibilidad: He aquí las tres íes que aseguran el Destino de cualquier nación... en el olvido.

Un personaje histórico, que no nos suscita simpatía alguna, afirmó que "os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra, elegisteis el deshonor y tendréis la guerra". Si no era atinada la frase en su momento, ahora bien precisa es su aseveración. 

Lo malo es que no tenemos noticia alguna de borrego alguno que se haya alzado cuando le llevaban al matadero...