martes, 29 de septiembre de 2020

Con Armenia

No comprendemos muy bien que esta Europa se deje comer la tostada por Turquía, en particular, y por los países musulmanes, en general. Cierto es que esta Europa demediada y castrada, hija de la Ilustración y de los usureros, ha sido parida en las logias al igual que la Turquía de Ataturk, (que también era masón). Esta Europa enana y llorica poco tiene que ver con la que se enfrentó al rabioso Islam otomano durante siglos y que mancilló (y continúa haciéndolo) Constantinopla para vergüenza de la Cristiandad. 

Sin embargo, a pesar de los culebrones de tres al cuarto con que los medios de manipulación se afanan en emponzoñar nuestra vista, y que pretenden mostrar la imagen de una Turquía moderna y europea, ese país enseña su verdadera naturaleza a cualquier espectador avisado en cuanto se le examina detenidamente. El fanatismo religioso se esconde tras las políticas de su gobierno, su odio hacia Cristo, hacia Europa y hacia Grecia, y su amistad con Israel, que es quien mueve los hilos para no perder la costumbre, les delata. 

No nos cabe la menor duda de que tras la nueva edición del conflicto entre Azerbaiyán y la cristiana Armenia (el primer país que se convirtió oficialmente al Cristianismo, como muy bien apuntó en su comentario de ayer nuestro capitán), a cuenta de Nagorno-Karabaj, se halla, y de manera bien poco disimulada, la mano y el apoyo de los turcos, que ya cometieron un genocidio contra los armenios durante la I guerra mundial, por la que nadie les ha pedido cuentas porque, claro, sólo eran cristianos los asesinados en masa, y de todos es conocido que hay muertos y muertos, y que las Tenidas y otros elementos determinan quiénes importan.

Así que nos unimos a lo expresado excelentemente por nuestro veterano en la tarde de ayer, y deseamos que la pequeña y vieja Armenia, fiel a los Evangelios en toda ocasión a lo largo de los siglos, tenga éxito en esta guerra de supervivencia que va a mantener contra sus enemigos.

Que no se engañen, también son los nuestros.

martes, 22 de septiembre de 2020

Del deshonor y la guerra

No, no es una epidemia. Las epidemias que ha padecido la Humanidad a lo largo de la Historia han dejado cadáveres en las calles y diezmado familias. Esto es otra cosa: Un autogolpe de Estado para reducir al género humano a una esclavitud tecnológica, y a los españoles nos ha tocado la desgracia de ser conejillos de indias en todo este experimento, a ver cuánto castigo nos infligen sin que nos revolvamos. Nos hace gracia el cinismo sin límites de la clase política, que habla y habla de las bondades de una Constitución que es papel mojado (realmente nunca fue otra cosa en regiones enteras de España), cuando todos los gobiernos que padecemos (locales, autonómicos y el central) están a lo mismo; cuando el parlamento en pleno, todos los partidos de una manera u otra, respaldan el atropello casi diario que perpetran contra nuestros Derechos y Libertades. Y con el cuento este del virus de diseño, el español corriente sólo proclama un nuevo "vivan las caenas" a mayor gloria de una Ciencia y de unos científicos que han dicho una cosa y la contraria, por ver si aciertan, con un virus manufacturado. Sin embargo, no hay peor virus que el miedo, y ese se halla por doquier en una sociedad que ya era cobarde, inculta, inmadura y desinformada a fondo.

Sinceramente, no creemos que venga reacción alguna de una sociedad que permite, en un alarde de masoquismo y mansedumbre sin precedentes, que la humillen, sometan y ofendan continuamente. No lo hizo cuando mataron a sus mayores sin autopsias e incinerando sus cuerpos para impedir cualquier posterior depuración de responsabilidades (no nos vale eso de que se denuncie porque sabemos de sobra cómo acaban los pleitos contra este corrompido Régimen). No lo hace ante el abuso que se está cometiendo con los más pequeños, que ya sufren hasta un comisariado sanitario en los centros para ver si asisten o no (y si es así, que un protocolo los arranque de sus familias para Dios sabe qué propósitos). Las FYCSE, sumándose el Ejército, ya tiene facultad para violentar los domicilios particulares, entrar y agarrar a los que se les parezca oportuno, que serán disidentes y parientes bajo el enunciado de "Covid", porque todo empieza a ser Covid, hasta los uñeros; y asegurarse que el español corriente mire para otro lado y se diga una vez más el consabido "mientras a mí no me toque". Esto va a ocurrir cuando se tiene un ejército mercenario y no nacional: Con soldados de reemplazo no se atreverían a esto, porque son hijos de España. Ese era el objeto de tener una ciudadanía en armas, que se pudiera defender ante cualquier abuso de los que mandaban, aparte de las agresiones extranjeras (que también las tenemos en unas fronteras que no se guardan ni se defienden). Con los profesionales que nos dejó el señor Aznar (muestra clara de que el problema ya no es un partido u otro, sino el Régimen al completo), todo es posible, para mal, porque cobran del gobierno pero con nuestro dinero. Cornudo y apaleado: Esta es la descripción del español corriente. Veremos qué hace cuando le ataque el hambre, a ver si con eso se conmueve, ya que los suyos se la traen al pairo como se deduce de lo que llevamos vivido.

Hasta los obispos se hacen los suecos. Ni una mala palabra ni una buena acción, como el Heresiarca de su patrón, que si dice algo que figure y sea coherente con los Evangelios es porque se ha equivocado. Abandonan a su suerte a los monjes de una Abadía y a la Cruz que expresa mejor que nada el final de una sangrienta contienda civil. Los herederos de los que la iniciaron quieren demolerla, y los obispos se ofrecen para "resignificar" ese espacio. No nos cabe ninguna duda de que los Mártires de la Iglesia, los asesinados por la persecución del Frente Popular por razón de su Fe Católica tienen que estar removiéndose de santa indignación en sus tumbas. Frágil memoria la del pueblo español, que no ha transcurrido ni un siglo y vuelve al mismo camino de perdición. Indolencia, ignorancia e impasibilidad: He aquí las tres íes que aseguran el Destino de cualquier nación... en el olvido.

Un personaje histórico, que no nos suscita simpatía alguna, afirmó que "os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra, elegisteis el deshonor y tendréis la guerra". Si no era atinada la frase en su momento, ahora bien precisa es su aseveración. 

Lo malo es que no tenemos noticia alguna de borrego alguno que se haya alzado cuando le llevaban al matadero...

martes, 15 de septiembre de 2020

El rebaño

Por esa difusa y ambigua Ley de Vida que se habla comunmente, entendemos que se encaja mejor la muerte (natural) de los mayores que la de nuestros pequeños y jóvenes. Lo cierto es que no hay Ley ninguna, e históricamente era muy habitual que los hijos más pequeños se nos fueran de la mano de la Parca, lo mismo que las mujeres jóvenes en partos complicados, o los jóvenes en las guerras que manteníamos. Simplemente porque no hay ninguna Ley. Simplemente porque la Humanidad ha convivido toda su Historia con las más variadas calamidades y enfermedades, y por eso, con la Muerte misma. Todo ello contribuyó a crear una conciencia del sacrificio por los nuestros, de abnegación por tener una vida, que se halla muy lejos del egoísmo actual.

Eran las tristes vicisitudes que venían a asaltar las vidas de nuestros antepasados. Y no por ello perdieron sus ganas de vivir, sabiendo de sobra que el día menos pensado la propia Desdentada les sacaría a bailar la macabra danza que todos conoceremos, por mucho que la sociedad de nuestros días se empeñe en recrear una ficción de inmortalidad tan vana como pueril. Nos preguntamos cuál habría sido el comportamiento de nuestros contemporáneos en un entorno de continuas epidemias de Cólera, Tifus, con la Tuberculosis segando vidas, con bebés falleciendo por un mal aire (como se solía decir), y parturientas que no sobrevivían al alumbramiento, dejando a sus maridos con familias enteras, entonces más extensas; todo sazonado por la impotencia, por el temor ante lo desconocido, por saber sobradamente que no se era dueño del propio tiempo de vida, siendo ello una suerte de dadivosa propina que concedía el Destino a modo de galardón. No, no es tan lejano en el tiempo, y existen mudos pero elocuentes testimonios gráficos en forma de fotografías si, morbosamente, se deciden a esa truculenta búsqueda.

Sin embargo, nos hallamos en la esquina que pasa de la segunda a la tercera década del siglo XXI, y nos topamos con una pintoresca negación, que es otra de las reacciones que suscita la realidad de la muerte: El Hombre de las sociedades desarrolladas mantiene la actitud de que la muerte no le tocará, es más, se le encasillaría en una eterna adolescencia a tenor de su indumentaria y de sus conductas. Se pretende tener la apariencia de la juventud el mayor tiempo posible como si ese fuese el infalible conjuro para tener distante a esa muerte que se quiere evitar, inutilmente, a toda costa. Y cuando dicho sortilegio ya no tiene efecto porque la edad no perdona, las familias apartan a los viejos en residencias, hecho este que no tiene precedentes en la Historia, para que cuando se vayan de verdad, no se note tanto porque ya no estaban. Antes era tan raro que alguien llegase a la vejez, que eran tratados como tesoros de sabiduría y compartían hasta el último de sus días con los suyos. Ciertamente que antaño se vivía menos tiempo, pero tenemos para nosotros que esa vida era más genuina y auténtica que la vivida ahora, tan aséptica, tan juvenil, y tan acojonada que no es vida, sino otra cosa más parecido a vegetar y a consumir sin rechistar, que es justo lo que desean los que manejan el cotarro.

No esperamos que los que vieron irse por la posta a sus mayores, solos y abandonados, vayan a hacer nada porque sus hijos estén sufriendo. Esa podría ser la mejor definición del egoísmo social que se respira (a pesar de mascarillas) por doquier. Que no toquen nuestra vida, que no nos pongan en peligro, no nos compliquemos la existencia, que se joda el prójimo si apenas puede respirar, que le den a nuestros hijos si no permitimos que nazcan, que se fastidie el viejo si le eutanasian, que se vayan a la mierda nuestros Derechos Civiles; por el contrario, sigamos con el fútbol, con el último escarceo sexual del mamarracho de turno, con las mentiras de los medios de manipulación y, sobre todo, con ese abismo de ignorancia inoculado a conciencia por los Innombrables (judeomasones) que manejan el cotarro, que sin lugar a dudas, han creado un rebaño (que no sociedad) a la medida de sus tenebrosos proyectos.

martes, 8 de septiembre de 2020

El retorno sin vuelta

El final del verano, en el hemisferio norte, se va acercando de manera inexorable. Sin embargo, no crean que ese hecho significa el fin del calor, porque el otoño se nos antoja calentito. Nuestra Sección "La memoria del capitán" lo ha ido avanzando y describiendo con la estupenda claridad que acostumbra nuestro veterano, al que agradecemos desde las líneas de este Editorial el haber mantenido alzada durante el estío, la imaginaria bandera de este modesto digital que es Metaparte.

Toda vuelta, tras un periodo de asueto, más o menos anormal, se hace dura. Este retorno lo es, además, porque todos intuimos que, en poco tiempo, lo del virus nos parecerá un tema secundario comparado con los millones de parados, las decenas de miles de empresas quebradas, la Ruina y el hambre que este golpe de Estado multinacional (ya fallido en muchos países merced a una cuidadanía que no se somete) traerá a nuestra Patria. Creemos que entonces les dará igual quién lleve mascarilla y cuántos familiares visiten un domicilio a esta Stasi de vecinos chivatos y de Cainismo colaboracionista, constituida espontáneamente y cuyo antecedente más cercano se remonta a los días de la guerra civil. Es lo que pasa cuando no hay qué llevarse al estómago, que todo lo demás se nos antoja accesorio porque lo principal es sobrevivir.

Tampoco se sorprendan entonces del papel que vienen ejerciendo las FCSE porque su papel represivo hacia el español se redoblará. Como ya saben, "si son morenitos, no hay delitos", pero ¡ay! de aquellos españoles que se atrevan a revolverse contra esta nueva anormalidad (y monstruosa añadiríamos) porque la eficacia en el cumplimiento de las órdenes que observen estas FCSE se verá contrastada en su demérito. Lo que es deliberada inoperancia contra okupas, menas, mafias y tráfico de personas (o "invasores" dado que se hallan en edad militar y con pocas trazas de estar pasando calamidades), se tornará eficiencia inusitada contra el español al que, lo comprobarán, obligarán a vacunarse si no lo hace voluntariamente, entre otras medidas que preparan. 

El final del verano ya está casi aquí. Nos gustaría pensar y afirmar que la vida seguirá su monótona cadencia. No obstante, tenemos la certeza de que nada volverá a ser igual porque hay sucesos que ya no tienen redención, perdón o enmienda, como daños irreparables que son. Prestigios que se diluyen en un servil seguidismo, confianzas que se quiebran, amistades que se esfuman para convertirse en enconadas enemistades y simpatías borradas por borrascas de mentiras. Efectivamente, nada volverá a ser igual.

Hay retornos que no implican volver porque son retornos sin vuelta.