martes, 9 de junio de 2020

El silencio de los borregos

La verdad es que resolver el asunto del tema que ocupa nuestro Editorial resulta complicado en bastantes ocasiones. Lo confesamos sin ambages. Tan extenso es el menú del drama que nos ofrece la actualidad, que abordar una cuestión significa dejar otras no menos trascendentales en el tintero; y munición para nuestros críticos, que los tenemos, y numerosos para nuestra desgracia, que esa es la maldición de los que persiguen la Verdad: Que molestamos.

Hay un colectivo, poderoso e influyente, que es fiel a las directrices de un prócer que dictaminó, hace casi cien años, que la Raza Blanca sobra en Europa, y que había que meter velis nolis a África entera en nuestro continente, y en ello andan empeñados sus lacayos, que gobiernan aquí (risas) y en otros países de nuestro entorno, en traerlos a destajo, a que nos impongan sus costumbres, como la violación sistemática de las mujeres blancas o la ablación del clítoris de todas las que se les pongan a tiro, que en eso no harán distingos; y que el blanco quede preterido en sus propios países de origen, frito a impuestos, bajo persecución antimasculina, con hipotecas-tumba y demás  herramientas de los usureros, muy útiles a la hora de impedir que el europeo conciba siquiera la idea de formar una familia, blanca, por supuesto, que es lo natural de toda la vida por estos lares.

A todo ello, que no es poco, le van a sumar ahora la basura pagada por Soros y por los chicos de los millones que están detrás de este menda, que es el cuento de que que las vidas negras importan, como si las de los demás valiesen una higa, lo que sí se puede deducir del comportamiento de los que protagonizan algaradas y motines, más preocupados por la víctima de una operación de falsa bandera, cuyo rostro fue publicitado por la Fundación Obama días antes de los hechos (y que ya ha sido oportunamente borrado); que de los miles de muertos que ha dejado la lamentable inoperancia de un gobierno (risas descontroladas) más preocupado por su agenda judeomasona que por el bienestar de la Nación ante una epidemia de diseño.

No alberguen esperanzas porque esta gentucita ha decretado que el mundo que conocimos no volverá más. Sólo queda combatirles como Hombres o claudicar y formar parte del silencio de los borregos.