martes, 28 de abril de 2020

Rostro de hormigón armado

Dicen que nadie lo sabía. Y que nadie podía llegar a saberlo. Lo que sí sabe sobradamente esta gentucita es mentir. Mienten hasta cuando están soñando. Muchos, a un nivel de repercusión muy modesto, sabíamos que lo que estaba viniendo era muy serio. Algunos añadíamos, incluso, que esto era un aperitivo para lo que todavía ha de venir, entre la Ruina y una segunda oleada o mutación de diseño que nos servirán en el futuro. Sin embargo, con un notorio rostro de hormigón armado, los del gobierno (risas), sus palmeros y los voceros a sueldo, insisten en que "nadie sabía la gravedad que alcanzaría la epidemia". El ocho de marzo, no. Según se desprende de sus actos, el nueve se les apareció la Virgen, a la que insultan en cuanto pueden, y se enteraron de que sí, de que venía una epidemia de cuidado. Miren el calendario, recuerden en qué estaban estos por aquellos días, y deduzcan porqué el ocho no sabían nada de nada estos angelitos (caídos), y el nueve presentaban convulsiones por el tsunami vírico que se nos avecinaba.

Se avisaba por activa y por pasiva. Iker Jiménez, excelente comunicador y divulgador, al que profesamos el máximo respeto aunque a veces no compartamos completamente sus pareceres; y alguno de sus colaboradores, con el que discrepamos profundamente por su declarado afecto al señor Gates; venían advirtiendo, con un seguimiento del asunto digno de encomio, de que lo que se nos echaba encima era una auténtica tragedia. Pero no hicieron otra cosa más que ridiculizarle, como a los demás que veníamos señalando en Twitter y en otras redes sociales que no se estaba adoptando la menor medida de prevención, así como ninguna medida de aprovisionamiento de material protector y médico ante la emergencia sanitaria que se iba a producir (luego vinieron los disparates de las compras del todo a cien). Lo sabía el señor Jiménez. Lo sabían sus colaboradores de "Cuarto Milenio" y de "Milenio Live". Lo sabíamos el resto de los mortales conspiranoicos que estamos hartos de padecer el Síndrome de Casandra. Pero ellos, los que dicen gobernar, pobrecitos, no lo sabían. Para ponernos a parir sí que estaban listos. Para sentarse a valorar las noticias y los datos que manejábamos los conspiranoicos y los cazafantasmas, no estaban. Acaso porque estaban más pendientes de aplicar sus sectarias políticas, de colocar muñequitos con falda en los semáforos, de imponer la chorrada del lenguaje inclusivo o de fomentar la asistencia a manifestaciones que tienen la costumbre de satanizar al sexo masculino. Para eso sí estaban. Y están.

Y ahora se quejan los señores del gobierno (más risas) de que no tenían ni idea. Ese es su estado normal, se mueven entre la pura maldad contra España y la simplicidad de no tener ni la menor idea. Sin embargo, y no contentos con todo esto, que ya es suficiente para dimitir si tuvieran un punto de vergüenza torera, ahora sirven unos datos, presuntamente tan "cocinados" como sus números electorales. Algo tan sencillo como contar uno, dos, tres, etcétera, en esta dramática contabilidad, tampoco saben hacerlo. Unos esgrimen unas cifras, otros calculan que las correctas son distintas, algunos acuden a los registros y a la estadística comparada de años anteriores para desmentir a las precedentes, y la conclusión es que estamos hablando de bastantes miles de muertos, pero sin precisión ni certeza ninguna. Entre otras cosas porque no se practican autopsias y los cadáveres se incineran a toda prisa, como bien se abordó este tema ayer, en nuestra sección-Canal de Telegram, "La memoria del capitán", al cual nos remitimos desde este Editorial.

Y así van. Entre la falacia, la infamia y el hostigamiento a los disidentes con la milonga de los bulos, cuando ellos y los suyos no dicen la verdad ni por equivocación. Es tal la magnitud de la persecución, que el día menos pensado nos encontraremos con que nos han cerrado Metaparte. Lo dicho arriba, que poseen un poderoso rostro de hormigón armado. Uno de los destacados líderes históricos del partido del gobierno (risas incontrolables), ya difunto, afirmó, en cierta ocasión, con nuestro país en estado de shock, que "los ciudadanos españoles se merecen un gobierno que no les mienta"

Se le olvidó añadir "salvo que gobernemos los marxistas, claro".