jueves, 9 de enero de 2020

El Fuego del Infierno

Lo malo de la realidad es que se comenta por sí sola si se tiene un cualificado espíritu crítico, ese mismo que han desterrado de nuestros jóvenes merced a las infames políticas educativas (risas) de los sucesivos gobiernos de la superdemocracia española que nos hemos dado y tal. Uno se levanta cada día sin saber si se halla en medio de una película de los Hermanos Marx, de Cantinflas, de Ozores o de los Monty Python: Hasta ese punto de lo grotesco se ha llegado. Y lo que sería francamente divertido en una pantalla de cine, resulta trágico en España y aún en Occidente.

No tenemos simpatía por ninguna potencia musulmana, pero existen límites en la Diplomacia, en la paz e incluso en la guerra que no se deben traspasar. EEUU votó con ilusión y entusiasmo por Trump frente a la Clinton como reafirmación nacional, como manera de poner orden en su casa porque amenazaba, y amenaza, un caos ruinoso. Ciertamente que Trump ha conseguido el pleno empleo técnico, cosa que no se veía desde el final de la década de 1960, y ese éxito es suyo; pero no sólo de pan vive el Hombre, y arriesgar ese pan por promover una guerra que únicamente beneficiará a Israel, no parece muy sensato salvo que se sea un fan de ese país (amén de ciertas sociedades secretas) estando "incrustado" en el gobierno de los EEUU. Y es escandaloso el número de fans que tiene Israel (y ciertas sociedades secretas) en el gabinete que dirige Trump. Así que cabe preguntarse, tanto si se es ciudadano norteamericano como occidental, si los EEUU se gobiernan para su propio beneficio nacional o si  favorecer el país mencionado es la máxima prioridad de los sucesivos gobiernos norteamericanos que, en este asunto, se mueven entre llamarse José o Pepe. "No More Wars for Israel" se escucha cada vez más alto en la sociedad norteamericana, también divorciada de su clase política por el estupor de contemplar a sus mandatarios en fotografías y listas de ciertos individuos cuyas actividades distan bastante de ser ejemplares. El desprestigio de Trump, unido a su incontinencia verbal, más cercana al lenguaje tabernario, logrará la desafección de los patriotas que le han apoyado. Es el coste de la incoherencia. Es el coste del servilismo.

Y España. No albergamos esperanzas sobre el futuro de España a corto y medio plazo. Cualquier conversación con el votante medio y mediocre causa suficiente asombro, estupor y espanto como para convertirse en un furibundo antidemócrata. Así que no es casual que podamos considerar a la actual banda que dirige el gobierno (risas) español (con perdón), como el exacto reflejo de su sociedad. Porque la sociedad española que se asoma a la tercera década del siglo XXI es ñoña, cobarde, materialista, tolerante de lo intolerable, buenista hasta la estupidez, que idolatra al sinvergüenza, que permite que le roben descaradamente, que no posee altura de miras y lo que es peor, que al consentir todo este estado de cosas demuestra que ni siquiera se preocupa por el porvenir de sus hijos, consentidos y malcriados, que se atisba muy oscuro porque no tienen la menor idea de lo que es el espíritu de sacrificio. No hablemos ya de Patriotismo porque se les ha educado a conciencia en las directrices del NOM. La infamia de que una pandilla de asesinos, renegados y amigos de narcotraficantes (por decirlo suavemente) esté en disposición de poner o quitar gobiernos, y que todo esto no tenga una contundente contestación ciudadana, es la mejor expresión de lo que afirmamos, mientras la dirección de la Iglesia se pone de perfil ante cualquier hostigamiento, persecución, o simple ninguneo de lo Católico. Si esto pretendía el Concilio Vaticano II, que se vayan a la mierda, necesitamos curas como los de toda la vida: Los posconciliares que se vayan a guitarrear y a berrear a su casa y que dejen a la Esposa de Cristo en paz. Y todo se va a poner peor. Y lo vamos a ver peor.

Una vez más, les instamos a que se preparen. En todos los sentidos. Han regresado los Tiempos en los que las personas tendrán que demostrar de que están hechas. Vuelvan a la muy recomendable práctica del rezo porque ya no creemos que manos humanas puedan sacarnos estas castañas del fuego. 

Porque si no es el mismísimo fuego del Infierno, se le debe de parecer bastante...