miércoles, 15 de enero de 2020

De disparates y maldades

Lo peor de los disparates no es que existan. La Humanidad ha convivido con ellos desde la Noche de los Tiempos, así que no resultan algo exótico a la propia Naturaleza humana. Están ahí, como una tentación, dándose de codazos con las pesadillas y los pecados para caer sobre los Hombres como una sombra de la que nunca podrán desprenderse.

No, lo peor de los disparates no es que existan. Lo peor es que el común se acostumbre a que haya elementos dispuestos a perpetrarlos sin resistirse en absoluto. Riéndoles las gracias incluso y/o secundando y apoyando a los dementes, a los perturbados, para lograr que el disparate se materialice. Ya dijo alguien que para que el Mal triunfe sólo hace falta que las buenas personas no hagan nada. Pues imagínense si además se hallan con las risitas tontas de los chistes fáciles. No, así no se combate al disparate.

Antaño, a las personas que habían perdido el juicio se las internaba en unos edificios vigilados y especializados para que, si no sanaban, al menos no andasen molestando a los hombres de bien, que ya tenían bastante con ganarse el sustento y no dejar huérfanos, por esas vicisitudes trágicas de la Vida. Curiosamente igual que a los malhechores, que si se les pillaba se les solía desterrar o encerrar para que el ciudadano de a pie no tuviese que preocuparse, además, por ellos. Una vez más podemos contemplar que el Pasado, tan denostado por los modernos ignorantes, tiene muchas lecciones que mostrarnos si nos da la gana aprovecharlas, que no se ven por ningún lado, ciertamente.

Pues hogaño estamos en que no. Ya no existen los frenopáticos, ni las duchas frías, ni las islas apartadas. El profesor Fether y el doctor Tarr se regocijarían con satisfacción. Los orates se pueden dedicar a la política aunque no hayan dado golpe en su puñetera vida, y los delincuentes tienen capacidad suficiente para meter sus sucias manos en nuestras carteras sin que nos enteremos, a través del BOE o de la factura de algún suministro enormemente más caro que en "los países de nuestro entorno"; eso sin contar que sus kachorros (los de los que dicen mandar en este Régimen del '78 de nuestros pecados) están especializados en okupar sus domicilios (los de ustedes) cuando realicen sus quehaceres cotidianos. Es evidente que hemos avanzado mucho, tanto como progresado, pero no se sabe muy bien en que sentido: Desde luego en el que nos intentan vender, ni en broma, sino que estamos en la paradoja del despeñado, que mientras no se ha estrellado dice que se lo está pasando de vicio.

Y así van pasando estos primeros días de 2020, que promete ser bastante movidito. Entre risitas, chanzas, ocurrencias, esperpentos y gilipolleces.

Es lo que tiene el disparate: Que cuando uno está metido en ello, ya no valen otra cosa más que disparates para intentar salir.