martes, 12 de noviembre de 2019

¿Qué celebran?

Una vez se dijo que la democracia liberal era la mejor herramienta de los enemigos de una nación porque sólo es necesario apoyar a una de las facciones que concurren a los comicios, para que esta luego devuelva el "favor" contra su propio país. No me vengan con el ingenuo argumento del Patriotismo y de la Lealtad porque esos conceptos, en las democracias que padecemos desde la infame Ilustración, no se llevan e incluso nos miran por encima del hombro a los que sí tenemos la mayor consideración hacia nuestra Patria y hacia el Voto que guardamos desde que juramos bandera. No. Lo que les pone a los señores que pastorean esas democracias corrompidas es el cuento del "imperio de la ley" (que conculcan cuando les conviene) y la hedionda frasecita de "la democracia que nos hemos dado", cuando nos fue impuesta por los servicios de Inteligencia y de ciertos grupos terroristas marxistas aficionados al tiro en la nuca, al secuestro y a la bomba lapa porque tenían la cobertura y el apoyo de esos servicios de Inteligencia.

En los últimos tres años se han celebrado el mismo número de elecciones que tenían que haberse dado a lo largo de casi dos décadas. Y el resultado, presuntamente "cocinado" porque están investigándose las penúltimas (con esa extraña repetición del número seis), está siempre dirigido contra España. Cierto es que la ley electoral induce al vómito, cierto que se vota un Senado que tiene la misma utilidad que el tío de Granada, pero lo que resulta más certero es que en esta superdemocracia española (o de "este país" como dicen los progres), los que tienen la dirección por activa o por pasiva son los marxistas y los renegados, valga la repugnancia, coreados por los "centristas" que llaman "derecha", que cuando han tenido el Poder no han tocado ni una coma de la abyecta legislación paridas por los felipes y los zapateros, lo que les convierte en cómplices de aquellos; sin olvidar que no cortaron de raíz la abierta rebelión antiespañola en una región.

Y hay quien afirma, "ahora es distinto, hay un partido que se atreve a enfrentarse contra aquellos, y le llaman ultraderecha". Bien, empecemos que para la izquierda marxista todo lo que no sea de su cuerda es "ultraderecha", hasta un partido liberal-conservador (incluso diríamos que más liberal que conservador que eso y no otra cosa es el partido nacional que utiliza el verde como color "corporativo"); del que casi todos sus cuadros han pertenecido a la "derecha" que no es más que un centro laxo y con sospechoso tufo marxista en la práctica. Y aparte de lo anterior, los claudicantes pactos que han suscrito con los naranjitas (ahora en retirada) y con los de la gaviota (actualmente sólo sugerida en su logo), no inducen a pensar que vayan a tener más ímpetu con cincuenta y pico diputados y con el lastre que implica las conexiones con determinados colectivos, tradicionalmente antiespañoles y anticristianos.

Tampoco nos resistimos a mencionar que el acostumbrado discurso de "izquierda" y "derecha" ya no existe, fue una invención de la desgraciada revolución francesa (que tantos males ha traído a Europa) para dividir, laminar y debilitar a las viejas naciones que una vez fueron la "Cristiandad". Desde hace mucho tiempo la dicotomía es Patria o Globalización con su Nuevo Orden Mundial, y no hay más. Y, realmente, no hay más que de estos últimos en el Congreso y en el Senado, bien condimentado con los mandiles de los Hijos de la Viuda que tanto cariño han tenido a España desde siempre. Parafraseando al nunca suficientemente llorado José Antonio, los que defendemos nuestra Patria no podemos estar con la derecha que conserva todo, hasta lo injusto; ni con la izquierda que destruye todo, hasta lo bueno.

Así que, habiendo visto que la "fiesta" de la democracia ni es fiesta, ni es democracia real, y que sabemos sobradamente que se va a seguir profundizando en la labor de enfrentar a los españoles y de destruir España; nos preguntamos, entre el estupor, la carcajada y la ira: ¿Qué celebran?