miércoles, 6 de noviembre de 2019

La vida sigue igual

Realmente es muy triste contemplar un gallinero de gallos, cacareando por ver quién es el más machote para sacar a España del atolladero en el que se encuentra desde 1975, sabiendo de antemano que ninguno hará nada sin permiso de los que mandan; porque ni siquiera es español, o son españoles, los que realmente manejan el cotarro en el R78. Más bien son antiespañoles y quieren la destrucción de nuestra Patria.

Y esa es la sensación más desasosegante en este final de campaña, que sólo hay más de lo mismo que lo visto desde 1977, que el sistema de la Ley D´Hont es una injusticia sangrante, que las listas son cerradas, que sólo los partidos valoran los "méritos" de los candidatos culiparlantes que siguen al primero de la lista y que esta democracia se halla tan adulterada que ni siquiera el recuento de sufragios está al margen de sospecha.

El R78 ofrece las mismas soluciones de costumbre, que ni son soluciones ni entusiasman a los fans de la democracia que nos han colado. Perpetuar la II Restauración procurando que los votos no se pierdan en la abstención para así seguir justificando la viabilidad de este engendro; que nadie se salga del redil de la ficción de izquierda o derecha cuando es público y notorio que ya no hay izquierda o derecha, sino NOM o Patria; pero el R78 de listas cerradas, del sistema electoral tramposo, de corrupción generalizada, sigue, y sigue, y sigue con el mismo cuento, con la misma cansina y viejuna retahíla, con esa letanía del Diablo en la que todos los partidos del Régimen, incluidos los que se autoetiquetan como "antisistema", están de acuerdo en lo esencial que es la paulatina pero implacable destrucción de nuestro país desde el Marxismo que postulan con mayor o menor disimulo, con mayor o menor descaro. Y lamentamos muy de veras que haya patriotas que se dejan encandilar por cantos de sirena que terminarán dejándoles helados, por mucho que se cite a ilustres falangistas cuando los actos, que es por lo que se conoce a las personas, van inquietantemente en otra dirección.

Y la vida sigue igual...