martes, 26 de noviembre de 2019

Cínicos y déspotas

Hay dos cualidades que definen al Marxismo y a los marxistas por encima de las demás. Un infinito cinismo y ejercer de déspotas, las otras virtudes que les adornan vienen a estar más o menos relacionadas con estas dos. Es lo que tiene ser materialista contumaz e impenitente, que todo vale para vivir del cuento como ya hizo el abyecto pensador que parió "El Capital" entre otros desvaríos. Del modelo no saldrá nada bueno nunca y lo más pintoresco es que muchos de sus subvencionados seguidores no han leído ni una sola palabra de su infumable obra. Como programados robots, únicamente saben levantar el puño, cantar la "Internacional" y agredir al disidente. Y disidente es cualquiera que no trague con sus enormes ruedas de molino.

Cínicos y déspotas. Lo suyo es pontificar con mentiras, haciendo lo contrario de lo que predican en cuanto se ven con algo de posibles o de Poder, que vienen a ser lo mismo; y hacer gala de una soberbia propia de su Oscuro Señor. Vivir del erario les tendría que obligar a ser discretitos, pasar desapercibidos, no alzar la voz, ser amables... Pero no. Ellos, desde su arrogancia, nos dicen cómo tenemos que vivir, qué tenemos que comer, qué es lo que deben hacer las mujeres, qué debemos pensar y creernos su "Parahistoria"; al tiempo que ensucian el cerebro y la infancia de nuestros hijos, nos meten lo mejor de cada casa en nuestra Patria, nos ofenden continuamente con sus chorradas y nos desprecian porque somos muchos y contaminamos. Y todo esto bajo el continuo bombardeo mediático de publicidad, cine y televisión cagado bajo las directrices del Nuevo Orden Mundial y del Plan Kalergi, que es lo mismo. Eso sí, todo pagado de nuestro bolsillo para que estos sujetos vivan sin dar ni golpe para manifestarse permanentemente y, de paso, escupirle a la cara a los que osen oponerse porque la libertad de expresión sólo es válida si se está de acuerdo con ellos y se dice lo que quieren oír los Amos.

Sepan que no hay peor esclavitud que la ilusión de una falsa libertad. Y esto son las avanzadas democracias liberales del siglo XXI. Acuérdense de ello cuando les hayan terminado de vaciar los bolsillos y el alma.