jueves, 3 de octubre de 2019

Los que siembran vientos

Hay un refrán español que reza aquello de "quien siembra vientos recoge tempestades". Ya sé que habrá algún amable lector que nos diga que el refranero español es muy voluble pues hay dichos para todos los gustos, incluso recogiendo asertos claramente opuestos. Pero referido a este asunto no encontrarán más que otros en el mismo sentido, salvo que, en río revuelto, a pesar del dolor ajeno, hay cierta gentecita que siempre obtiene beneficio. Y no son los pescadores...

Cuando se sacude un avispero, lo más normal es que las avispas que lo habitan vayan a recordarle al agitador que esas cosas no se hacen. Y lo harán de manera que no se le olvide en la vida. Es una norma incontrovertible. Siempre que el avispero tenga avispas. Del "avispero español", que nos dijo Napoleón, no podemos dar fe hoy por hoy, porque ni siquiera tenemos constancia de que sus defensores lleguen a mosquitos. Aunque eso también lo pensaban en la víspera de 1808, y los redaños dieron para organizarles a los Bonaparte un dos de mayo, un Bailén y bastantes disgustos. Napoleón no debía de conocer el proverbio con el que abrimos este Editorial porque, de lo contrario, se habría tentado la ropa y aun las charreteras. Lástima de tan buenos vasallos, porque no hubo buen señor, entretenido en sus festejos y bailes en Fointenebleau, algo ya habitual con esta Dinastía.

Henos aquí instalados en la más completa incertidumbre. ¿Es España un cadáver insepulto, sólo con apariencia de vida por su descomposición?; o ¿quizás únicamente se halla aletargada, esperando que sus hijos vengan a rescatarla con los bríos que siempre les han caracterizado? ¿Hay España siquiera, o España, parafraseando a Bismarck, va a resistir y a existir siempre a pesar de sus felones y a pesar de sus enemigos (valga la repugnancia), entre ellos sus enmandilados gobernantes?

"Quien siembra vientos recoge tempestades". Da la impresión de que algunos no se han enterado, acaso porque en las logias y entre cierto colectivo muy selecto, ambos siempre unidos, siempre colaborando entre ellos, se desprecia lo español, y por ende, toda la sabiduría de un pueblo a lo largo de siglos.

Que Dios tenga Misericordia de España para no tener que decir que "tanto va el cántaro a la fuente..."