martes, 22 de octubre de 2019

España es un cementerio

Siempre se ha dicho. Y es muy cierto. Lo del Ordo Ab Chao se queda en caos, puro, simple e informe. A los masones y a sus compañeros de viaje se les da mucho mejor conspirar que gobernar. Bueno, en esto último se han caracterizado como auténticos maestros del desastre, ya que cuando agarran el Poder, sistemáticamente en circunstancias extrañas (tras magnicidios, motines, etc), los compañeros empiezan a cagarla entre su prepotencia, su chulería, su yerro permanente, sus desvaríos, su ingeniería social y los navajazos que se propinan entre logias porque como los carroñeros, cuando huelen la carne corrompida de una nación, no conocen ni a su padre, lógico teniendo en cuenta que son Hijos de la Viuda. Y lo mismo te asesinan a Prim o a Dato, que te hacen un pucherazo para colocar a los suyos. Porque ellos son muy suyos.

El Régimen del '78 hace tiempo que huele a muerto. Realmente nunca estuvo muy vivo, y en algunas regiones de España ni se le ha visto. Nunca contempló una separación de Poderes que fuera palpable, y la Judicatura ha sido un guiñol que han manejado unos a su antojo mientras que los otros, cuando pudieron, y pudieron en dos ocasiones, no tocaron ni una coma porque, según dijo uno de sus líderes en éxtasis marxista, "la Economía es lo único que importa". Es lo que tiene un Régimen masón y masonizado (e infiltrado hasta las heces): Que está a otras cosas. A hacer revoluciones, a profanar tumbas, a inspirar por comisión y/u omisión desórdenes públicos... Y toda esa mierda se la venden a la Sociedad como "Democracia". Y lo peor es que esa Sociedad se lo traga como síntoma principal de la enfermedad que padece.

Y esa enfermedad, queridos lectores, se llama "Régimen del '78", en la que la Corona olvida, con ingratitud, a quien se la debe; el Obispado, con más mandiles que sotanas, deja hacer cobardemente; los políticos no sirven a la Nación sino a otros; las Fuerzas Armadas ni están ni se les espera porque han sido, como anticipó Azaña, trituradas a conciencia; las FCSE se hallan más pendientes de las órdenes que de su Honor; y la Sociedad, en general, tiene la misma vitalidad que un cadáver de cuerpo presente porque no se inmuta, ni molesta ni se ofende ante nada, cualidades estas propias de los finados.

Así que no echen la culpa de la peste a muerto a la proximidad del Día de Difuntos. Parafraseando a Larra, "toda España es un cementerio".

Aunque, a menudo en nuestra Historia, ese Cementerio ha parido una Nueva España.