martes, 17 de septiembre de 2019

Se habla español


Los que vamos siendo antiguos (“clásicos” que dicen los que nos aprecian), tenemos en mucha estima el valor de las enseñanzas de nuestros maestros, porque ellos eran eso, y no los demediados “profes” (sálvense los que puedan) a los que no se respeta hoy en día, por desgracia. Los maestros de antaño, sin duda severos, y también justos, impartían su conocimiento con generosidad, con elegancia, desde el “usted” con el que se nos trataba a críos para que tuviésemos claro que, en este mundo, todos tenemos un lugar como había un lugar para cada cual. Respeto. Del auténtico.

Pues esos maestros, de Machado, ancianos, sabios, humildes, adustos, ecuánimes y discretos, nos enseñaron que preservar la Lengua de Cervantes era primordial. Que hablarla correctamente era el mejor medio para comprender otros idiomas, y lo que más unía a todos los españoles por la sencilla razón de que es la herramienta con la que nos podemos comunicar entre nosotros, y sobre todo para compartirnos como personas. Como españoles.

Decían que el gallego, el catalán y el valenciano eran dialectos, sólo concedían categoría de idioma a lo que quedaba del vascuence, al que posteriormente algunos fueron añadiendo, al calor de las subvenciones de la superdemocracia, palabras y demás. No hacían esas distinciones tanto por desprecio, (ya que no estaban prohibidos según se ha querido hacer creer perversamente), como por ponderar la grandeza de una lengua que por entonces ya hablaban casi trescientos millones de almas a lo largo y a lo ancho de todo el mundo. Ellos lo sabían. Muchos de los que tuvimos el privilegio de ser sus discípulos lo sabemos. Sin embargo multitud de ignorantes se han esmerado con denuedo en ignorarlo. Y por culpa de ellos ahora tenemos un problema (otro más) en España.

Que se enseñe mejor el español fuera de España que aquí, debería ser un baldón para cualquier gobernante que se preciase de serlo. Porque en España no es que se aprenda mal a hablar nuestro idioma, es que según sea la región, directamente no se enseña. Que la RAE tampoco se empeñe en mantener su lema, se supone que es un efecto colateral de todo esto, ya se sabe que las logias mandan por doquier. Que tengamos que padecer la paletada de denominar topónimos y localidades en esos idiomas, cuando no se hace con lenguas extranjeras, constituye un absoluto esperpento. Y en ello estamos, a ver a quién se le ocurre la próxima majadería. Consecuencias de la superdemocracia que nos hemos dado, que se está utilizando el pretexto de la diversidad lingüística para dividir y aun enfrentar a los españoles por orden de quienes ya sabemos. Porque no es casual, de esto es de lo que se trata. Así que resulta que la lengua que según la cacareada constitución tenemos el deber de conocerla y el derecho a usarla, es pisoteada por los Poderes Públicos de las autonomías de nuestros pecados con la colaboración, por omisión porque no se hace nada por impedirlo, del Estado. Y todas estas fechorías, pagadas dadivosamente por todos nosotros.

Las víctimas de este desaguisado son sus hijos. Porque parlarán algo que nadie entenderá en cuanto se muevan un puñado de kilómetros, mientras que cientos de millones, y creciendo, nos comunicaremos en un idioma que, según muchos, es el de Dios.