martes, 25 de septiembre de 2018

Los imbéciles

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, le ha dicho a nuestro infame ex-presidente, alias "Zp", que "no sea imbécil" por su descarada, insistente, reiterada e inefable colaboración con el Régimen marxista que saquea y mata Venezuela. Parece obsesivo que nuestros progres vayan a ese bello y caribeño país para destrozarlo, es como si no tuviesen bastante con destrozar España y exportar el estrago fuera ejemplar. Eso sí, cobrando a manta mientras el pueblo venezolano sufre lo que sufren los países cuando son dirigidos por los discípulos de Marx, de Lenin y de Stalin: Hambre, miseria y piojos.

Decirle a alguien que no sea imbécil por hacer algo, es como decírselo a las claras porque lo va seguir perpetrando. Pero el señor Almagro se equivoca en parte: Los peores imbéciles son los votantes que le pusieron en la Moncloa en dos ocasiones, dos; y que únicamente la crisis económica le apeó del machito dejando su labor incompleta. El señor Rojoy no desmontó ni una sola de sus fechorías, ocupándose de sanear la economía sangrando a los segmentos medios de población y endeudando la Nación hasta las cejas; para que el siguiente, esto es, el presidente actual de los ochenta y tantos diputados con sus socios asesinos y renegados, culmine la devastación de nuestra Patria, inconclusa con el elemento que llegó al Poder cabalgando sobre casi 200 féretros.

La clase política es un oscuro reflejo de la sociedad que la elige. Si la sociedad es patio de Monipodio, no es posible pretender que los políticos sean castos, puros y virtuosos. No. Si queremos cambiar España a mejor, tenemos por delante una ingente tarea de concienzación social para que el delincuente deje de ser admirado y empecemos a reprobarlo y a rechazarlo. Sin embargo, teniendo a asesinos en las Instituciones y recibiendo homenajes, por poner un ejemplo, es comprensible que la labor se antoje una entelequia. Pero hasta la más larga caminata comienza con un pequeño paso, y muchos lo estamos dando, incansablemente, hablando, explicando y señalando. La lluvia fina, sin sensación de mojar, acaba empapando.

Concluyendo, no crean que los imbéciles son los amigos Zp, Rojoy o el de ahora con toda su tropa de incapaces intelectuales, aventureros ignorantes, vividores, farsantes, falsarios, corruptos o, directamente, presuntos delincuentes. Todos ellos son muy listos aunque no sepan hacer la "O" con un canuto, son capaces de meterle la mano en el bolsillo tantas veces como deseen sin que ustedes puedan impedirlo. Realmente, y vayan mis disculpas por delante porque no pretendo que nadie se ofenda personalmente, los imbéciles somos nosotros por permitir este desvarío y por tragar con todo. 

Decía Ortega y Gasset que "el malvado descansa algunas veces; el necio jamás"; pues en esta superdemocracia que nos aplasta y ahoga tenemos tantos malvados y necios como necios y malvados. Con todo, no olviden que los peores imbéciles son los que consienten que otros arruinen su Patria, porque, para que lo sepan, "sólo los ricos pueden permitirse el lujo de no tener patria" (Ramiro Ledesma).