miércoles, 5 de septiembre de 2018

Las mentiras del R78

Vuelve septiembre. Acaso volvemos nosotros a septiembre, como la hojarasca que empieza a alfombrar las calles, las avenidas, los caminos, los jardines. Volvemos como los antiguos malos estudiantes, cargados de pensares y sentires, de esperanzas, temores y de libros leídos mil veces, en un eterno retorno que da la razón a Mircea Eliade. Homenajeamos también a Tucídides y al atormentado Sísifo, y a tantísimos que volvieron a empezar una y otra vez como si eso mismo fuera el único sentido de la Existencia. Seguimos. Estamos. Volvemos. Continuamos. Regresamos. 

Y es como si nunca hubiéramos marchado. Dicen que lo malo siempre te aguarda, acechante, paciente. Fray Luis de León estuvo cinco años encarcelado, ausente de su magisterio. Liberado tras ese tiempo retornó a sus tareas docentes. Y lo hizo diciendo, orgulloso y humilde al tiempo, "decíamos ayer". Bien podríamos comenzar nosotros de la misma manera porque la situación permanece tan mal como antes, sino peor, lo que tiene demérito.

La superdemocracia española es una estafa, pero tiene algo positivo. Ofrece tal y tan diversos motivos de salir a la calle que uno se siente abrumado por la oferta porque, como decía Quevedo, " no hallé cosa en qué poner los ojos / que no fuese recuerdo de la muerte". Esta es la situación de nuestra Patria. Tenemos un gobierno embustero cuyos socios son renegados y asesinos, y que hace de la Mentira un modo de vida, ciertamente; sin embargo se ha recorrido un largo sendero para llegar al penoso y calamitoso punto en el que nos hallamos. Muchos lo hemos venido advirtiendo. Jamás se nos hizo el menor caso. Dicen que a una tal Casandra de Troya le sucedió lo mismo.

Es lo que pasa cuando se vive instalado en mentiras, que cuando hay unos cuantos que cantan las verdades sobre cualquier materia, estos molestan. El problema no es que el gobierno esté en manos de unos u otros forajidos, el verdadero problema es el propio gobierno y el sistema que le sustenta, una farsa, una apariencia grotesca de "democracia", en la que ni siquiera, por ilustrar lo que aseveramos, tiene el mismo peso el voto de una persona en Cataluña o en las Vascongadas que la de un extremeño o castellano. Y sí, tienen el valor y la desfachatez de llamar a esto "democracia".

Y se han llenado la boca, y los bolsillos a nuestra costa, hablando de "pluralidad", "democracia", "concordia" y "libertad", cuando todo es una falacia, una tomadura de pelo. No hay pluralidad porque se nos censura deliberadamente a todos los patriotas. No hay democracia porque la voluntad popular es adulterada y engañada. No hay concordia porque durante décadas se ha estado secuestrando y asesinando a españoles por el simple hecho de querer serlo, y ahora no es así, (de momento porque nos hallamos al borde del estallido en Cataluña) debido a que los asesinos están (cobrando y apoyando al actual gobierno) en las Instituciones contra las que antes atentaban. Y no hay libertad porque ni siquiera se puede usar el español en muchas regiones de España, lo que es un hecho insólito en el mundo. Respecto a mostrar la bandera u otros símbolos de la Nación, ya ni hablamos, como lo de disentir del discurso políticamente correcto, que implica la automática y fulminante muerte civil. Al día de hoy, mañana ya veremos.

Y hemos llegado ante el umbral de un otoño que trae oscuros presagios. El Frente Popular dispuesto a saquear, destruir cruces y profanar tumbas como ya se ha hecho con el símbolo que edificó casas para los más desfavorecidos en su época, o construyó embalses para que hoy bebamos el esfuerzo de unos españoles que prefirieron enterrar una guerra antes que desangrarse por defender una maldita ideología. Ideología que hunde a los pueblos en la miseria, en la corrupción, en el odio, en la podredumbre moral y en la muerte. 

Pluralidad, democracia, concordia, libertad... Las peores mentiras son las que se engalanan con hermosas palabras.