martes, 11 de septiembre de 2018

La victoria del Estado de Derecho

Los españoles que tienen más de 45 años y algo de memoria saben sobradamente que la Transición estuvo pavimentada de sobresaltos, amenazas, llanto y funerales. El cuento de flores y pajaritos que nos quieren vender desde hace unos cuantos años, y que no tiene otro fin que los asesinos de ETA puedan trincar impunemente de las Instituciones contra las que atentaban no hace mucho, tienen como único consumidor objetivo a la juventud, para engañarla como viene siendo habitual en tantos otros asuntos.

Sin embargo esta gentecita tiene la cara muy dura y el feo hábito de escupirnos sus infamias sin inmutarse. Comentan con voz engolada y muy pagados de sí mismos que "la democracia derrotó al terrorismo". Curiosa forma de "derrotar" a un enemigo, permitiendo que cobren del erario en ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y otras milongas para cobrar con largueza y con acceso libre e ilimitado al censo, (es decir, a nuestros datos más sensibles). Sin olvidar que los pocos que aún están en la cárcel van siendo excarcelados, callada y vergonzosamente, para ser homenajeados por su jauría de perros rabiosos en cuanto ponen un pie (o pezuña) en la calle. Por desgracia los nuestros nunca regresarán de sus tumbas.

Si todo esto es humillante y una vejación permanente, tenemos otra. Ayer nos soltaron la bofetada, en pleno rostro de la Nación, de que una proposición de ley del Frente Popular va a regar con dinero público a los asesinos de ETA y el FRAP hasta 1983. Si no era suficiente la indemnización de 135.000 euros que les reconoció la inefable Ley de Memoria Histórica a los herederos de los cuarenta asesinos que cayeron en enfrentamientos con las FCSE hasta 1978, ahora dan otra vuelta de tuerca para reírse de los españoles de bien. No duden de que saldrá adelante: El gobierno (risas) necesita respaldar todos estos disparates para que nadie les mueva la silla. En el parlamento.

Y van y dicen que "el Estado de Derecho derrotó al terrorismo". Más risas. Hay que ser un imbécil o tener una perversidad sin cuento (o ambas cosas) para soltarnos esa falacia y quedarse más ancho que largo. Pues miren ustedes, se les ve muy ufanos y alegres para haber sido derrotados. 

A los nuestros, que "vencieron", no les vemos el semblante. Es lo que tienen las lápidas.