martes, 11 de octubre de 2016

Avestruces o gallinas

Es una sensación impactante. No hay dos reacciones iguales, mientras que a unas personas les atenaza y paraliza; a otras las activa, bien para huir o para prestarse a un eventual enfrentamiento con el agente que causa esa inundación de adrenalina. Capaz de sacar lo mejor o lo peor de un ser humano, de matar o morir, de dar la vida o de quitarla. Estoy hablando del Miedo.

Aludiendo al Editorial de Iker Jiménez en su última edición de "Cuarto Milenio" (espacio televisivo que pertenece a lo muy, muy poquito salvable de los medios de manipulación), hemos llegado a un punto en la historia de la Humanidad en que el peatón medio prefiere convivir con el espanto de los disparates diarios que nos escupen esos mismos medios de manipulación, antes que llegar a plantearse que vive en un decorado creado para que su pesadilla cotidiana alimente el delirante y diabólico sueño de unos pocos, muy pocos, que campan más allá de cuanto se pueda desear, a costa de todos los demás. Sí, de usted también.

A las personas de hoy en día, sufridoras de esta segunda década del siglo XXI, en el que pensábamos que íbamos a ser astronautas y que se atarían los perros con longaniza, les horroriza contemplar fotografías de entidades de las que ignoramos su naturaleza; o conocer sucesos sumidos en el mayor de los misterios; o saberse marionetas manejadas por tenebrosos y oscuros colectivos que no buscan ni anhelan el bien común sino que, contrariamente, andan buscando eliminar el "excedente" de seres humanos que les sobran para parir un mundo en el que todos sean sus esclavos, como si no lo fuéramos ya suficientemente. No se quiere saber nada de ello, y por eso se elude ver un programa de televisión que, a pesar de que a menudo no comparta su enfoque, señala y denuncia que esta realidad, la que vivimos aquel, usted y yo, está hecha a medida del provecho de algunos de los que, generalmente, ni siquiera se sabe el nombre.

Sin embargo, como las avestruces, se entierra la cabeza para no ver el peligro. Dudo de que esta ave se comporte así si se ve en una situación de riesgo, pero lo que sí es cierto, y constatado por mi parte, es que hay una masa inmensa de bípedos implumes, más cerca de las Gallináceas que del género Homo, que prefiere mirar para otro lado, creerse las invenciones oficiales y llamarnos conspiranoicos a los que nos atrevemos a desenmascarar esta farsa. Lo que sea antes que mirar a la Verdad a los ojos.

Claro que ya se sabe que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Es lo que sucede cuando tampoco se tiene cabeza ni para enterrarla...