martes, 13 de septiembre de 2016

Volver...

Siempre se termina volviendo. Según dicen, lo hace hasta la moda. Incluso lo cantaba el magnífico e inmortal Carlos Gardel. Volver. Mircea Eliade lo comentaba ensimismado, cuestionándose si el Eterno Retorno no es otra cosa que la inagotable lucha de la Vida, siempre huyendo de una metamorfosis en Muerte, siempre al otro lado de la moneda, siempre volviendo pero llevando en su esencia la certeza de lo inmutable, como el paso de las estaciones, como las amarillas hojas de un calendario que desfilan hacia el infinito marchando y volviendo al mismo tiempo, mientras que el reflejo del espejo nos muestra un desconocido que únicamente comparte con nosotros las promesas incumplidas y las ausencias...

Siempre se termina volviendo. Incluso sin saber exactamente el punto de partida. Como una broma, acaso la novatada que ha de pagar una Humanidad que aún no conoce las reglas de un universo tan oscuro como altanero. Cuando alguien se pierde, procura recordar el último lugar conocido para retornar e iniciar su viaje. Lo malo es que hace mucho que estamos en una terra incognita, inhóspita y tenebrosa, a la que llamaron "progreso" con evidente humor macabro. Sin duda que hay que volver a valorar muchos conceptos que ciertos elementos denostaron con sus engaños.

Volver. Sin duda. Nosotros hemos vuelto. No lo hacemos con la chulería del primer "Terminator" pero sí con su determinación porque la actual situación ha superado todos los puntos de no retorno. Nos han embarcado en un mal sueño y no cabe otra solución que un despertar radical, tan traumático como salvador. Nuestro deseo es ser una voz más de ese clamoroso coro que pretende arrebatar al Hombre de su letargo. Para que vuelva.

Volver. Es lo que se debe hacer cuando se sabe que los que se considera suyos están en peligro cierto y grave. Dicen que es lo que hacen los héroes cuando todas las sabandijas vuelven las espaldas para escapar.

Volvemos pues, y que Dios nos guíe...