martes, 20 de septiembre de 2016

Viene el otoño

Y seguimos en lo mismo. El machaqueo de lo intrascendente y de lo malvado es continuo e incesante. Si se trata de distraer al personal y de propiciar que se enzarcen en reyertas entre ellos, hay que reconocer que lo consiguen. Como en Bizancio, se discute sobre el sexo de los ángeles mientras el enemigo prepara su armamento contra nosotros. Siendo malo eso, es infinitamente peor que tengamos que soportar y pagar unos caballitos de Troya que insultan nuestra inteligencia con sus chorradas y mordazas, no sea que la Verdad salte y se difunda. Que es en lo que estamos unos cuantos con nulos medios y un entusiasmo inasequible al desaliento.

Entre elecciones regionales que únicamente fueron concebidas para la destrucción de España, falsas banderas de los chicos de las diferentes Inteligencias que cada vez se esmeran menos y resultan tan chapuceras como escasamente creíbles (a poco que se detenga uno a analizar esas chorradas que nos vomitan); y el peloteo insulso de las diferentes marcas que se disputan el gobierno de la Nación pero que, en realidad, sirven a Los Mismos de Siempre; nos van embarcando en esa pesadilla que mencionábamos en pasados editoriales. Piensan, como el capitán Araña, que podrán meternos medio beodos en ese malhadado buque mientras ellos se quedan en tierra y se van de rositas. No les cabe imaginar, en su estupidez, lo errados que andan.

En esto andamos, y nos viene el otoño en el hemisferio norte. La hojarasca vestirá la impúdica desnudez del suelo que pisamos con desdén, eludiendo mirar de frente a la certeza de que, sí, que ese mismo suelo abrigará nuestro sueño definitivo. 

Pero hasta entonces, presentaremos batalla en todas y en cada una de las palabras que nos rebuznen.