martes, 27 de septiembre de 2016

Cuervos con escopeta

Decían nuestros padres que el mundo había enloquecido tanto, que los pájaros terminarían disparando contra las escopetas. Es difícil que lleguemos a esos extremos, más que nada porque las aves lo tienen complicado para manejar un arma pero, por lo demás, ya estamos instalados en algo parecido.

Es lo que pasa cuando se deja venir aquí a lo mejor de cada casa indiscriminadamente, pagándoles todo, mientras hay españoles que están a verlas venir y sin derecho a nada. A uno le gustaría ver cómo ofrecen sus domicilios los bobos “multiculti” que defecan por ahí, pero no son tan estúpidos como para eso. Su casita es suya, y la del resto de la gente está, según ellos, para acoger a todo lo que venga, si es acompañado de aspavientos solidarios, gimoteos mimosos y de publicidad llorica pues mucho mejor. Son “ciudadanos del mundo” encantados de conocerse a sí mismos, hipócritas e ignorantes hasta la náusea. Y lo peor es que son muchos, si incluimos a los tontos útiles que consumen la mierda informativa que les arrojan los medios de manipulación.

A este mismo que escribe este Editorial, por aquello de que todavía conserva un poso de juventud, le gusta pensar que España tiene un Porvenir, pero claro, luego acaecen sucesos como los de los enlaces y se llega a la conclusión de que hay dos clases de españoles: La más numerosa, los que se dicen españoles porque no les queda más remedio pero que se “apuntaría” con gusto a cualquier patochada del primer demente; y la segunda, casi testimonial, que es coherente con el juramento que hicimos algunos, (y que lo recordamos) de defender a nuestra Patria a sangre y a fuego. Sólo así se entiende que haya tantos del primer grupo que se atrevan a increpar a las FCSE cuando les da por cumplir con su deber y que el resto andemos entre el estupor, la indignación y la parálisis permanente, esto último merced a la eficiente colaboración de los servicios de Inteligencia del Estado. Sí, porque hay mucho por hacer, porque hay mucha batalla que entablar, sin embargo a la hora de la verdad no nos dejan ponernos de acuerdo en remar en la misma dirección para procurar tapar el agujero que tienen en el rostro, (bien grande porque son bastante bocazas) a los del primer grupo, que se podrían denominar perfectamente “casual spaniards” ya que son españoles como podrían haber sido grillos o cantos rodados.

Y tenemos que seguir aguantando las mentiras patrocinadas por las discretas sociedades, y lo que venga, que no será nada halagüeño porque el ambiente está preñado de malos presagios. Así que si un día de estos ven algún cuervo (por aquello de pájaro de mal agüero) con una carabina bajo el ala, no se asombren…

Porque cuando se tolera lo intolerable, se acaba sufriendo lo insufrible...

martes, 20 de septiembre de 2016

Viene el otoño

Y seguimos en lo mismo. El machaqueo de lo intrascendente y de lo malvado es continuo e incesante. Si se trata de distraer al personal y de propiciar que se enzarcen en reyertas entre ellos, hay que reconocer que lo consiguen. Como en Bizancio, se discute sobre el sexo de los ángeles mientras el enemigo prepara su armamento contra nosotros. Siendo malo eso, es infinitamente peor que tengamos que soportar y pagar unos caballitos de Troya que insultan nuestra inteligencia con sus chorradas y mordazas, no sea que la Verdad salte y se difunda. Que es en lo que estamos unos cuantos con nulos medios y un entusiasmo inasequible al desaliento.

Entre elecciones regionales que únicamente fueron concebidas para la destrucción de España, falsas banderas de los chicos de las diferentes Inteligencias que cada vez se esmeran menos y resultan tan chapuceras como escasamente creíbles (a poco que se detenga uno a analizar esas chorradas que nos vomitan); y el peloteo insulso de las diferentes marcas que se disputan el gobierno de la Nación pero que, en realidad, sirven a Los Mismos de Siempre; nos van embarcando en esa pesadilla que mencionábamos en pasados editoriales. Piensan, como el capitán Araña, que podrán meternos medio beodos en ese malhadado buque mientras ellos se quedan en tierra y se van de rositas. No les cabe imaginar, en su estupidez, lo errados que andan.

En esto andamos, y nos viene el otoño en el hemisferio norte. La hojarasca vestirá la impúdica desnudez del suelo que pisamos con desdén, eludiendo mirar de frente a la certeza de que, sí, que ese mismo suelo abrigará nuestro sueño definitivo. 

Pero hasta entonces, presentaremos batalla en todas y en cada una de las palabras que nos rebuznen. 

martes, 13 de septiembre de 2016

Volver...

Siempre se termina volviendo. Según dicen, lo hace hasta la moda. Incluso lo cantaba el magnífico e inmortal Carlos Gardel. Volver. Mircea Eliade lo comentaba ensimismado, cuestionándose si el Eterno Retorno no es otra cosa que la inagotable lucha de la Vida, siempre huyendo de una metamorfosis en Muerte, siempre al otro lado de la moneda, siempre volviendo pero llevando en su esencia la certeza de lo inmutable, como el paso de las estaciones, como las amarillas hojas de un calendario que desfilan hacia el infinito marchando y volviendo al mismo tiempo, mientras que el reflejo del espejo nos muestra un desconocido que únicamente comparte con nosotros las promesas incumplidas y las ausencias...

Siempre se termina volviendo. Incluso sin saber exactamente el punto de partida. Como una broma, acaso la novatada que ha de pagar una Humanidad que aún no conoce las reglas de un universo tan oscuro como altanero. Cuando alguien se pierde, procura recordar el último lugar conocido para retornar e iniciar su viaje. Lo malo es que hace mucho que estamos en una terra incognita, inhóspita y tenebrosa, a la que llamaron "progreso" con evidente humor macabro. Sin duda que hay que volver a valorar muchos conceptos que ciertos elementos denostaron con sus engaños.

Volver. Sin duda. Nosotros hemos vuelto. No lo hacemos con la chulería del primer "Terminator" pero sí con su determinación porque la actual situación ha superado todos los puntos de no retorno. Nos han embarcado en un mal sueño y no cabe otra solución que un despertar radical, tan traumático como salvador. Nuestro deseo es ser una voz más de ese clamoroso coro que pretende arrebatar al Hombre de su letargo. Para que vuelva.

Volver. Es lo que se debe hacer cuando se sabe que los que se considera suyos están en peligro cierto y grave. Dicen que es lo que hacen los héroes cuando todas las sabandijas vuelven las espaldas para escapar.

Volvemos pues, y que Dios nos guíe...