martes, 7 de junio de 2016

La Dignidad

Aquellos que dispusieron la ruina de las viejas naciones de lo que fue la Cristiandad deben andar sumamente ufanos porque, después de más de dos siglos, el invento les ha salido a pedir de boca y pueden disfrutar de su éxito contemplando plácidamente el mar de sangre que han derramado en ese tiempo. Dignos hijos de esa Ilustración tan sobrevalorada como engañosa, se inventaron el cuento de la izquierda y de la derecha para que los peatones se matasen entre ellos de cuando en cuando; y si no les bastaba con los vecinos, siempre tendrían a los peatones del país contiguo a los que detestar. Porque, desde hace más de 200 años, las guerras que han destrozado el mundo han tenido ese fondo ideológico que parieron unos cuantos nefarios y que fue “mejorado” por un tal Carlos Marx de infeliz memoria.

Tan estupendamente les sigue funcionando el invento que todos hemos sido víctimas de ello en algún momento, incluso para sintetizar una etiqueta que nos identifique. Y ya está bien, que eso es lo que han buscado: Etiquetas para matarnos con mayor facilidad durante esos episodios de locura colectiva que jalonan la Historia Contemporánea. Siempre ha habido guerras, pero las más crueles y sangrientas pertenecen a este último periodo histórico porque encierran una carga ideológica que antes no se presentaba. Es hora de acabar con la falacia y de llamar a las cosas por su nombre. Es curioso cómo cambia la percepción de ese tenue y subjetivo tejido que se denomina “realidad”.

En esta crucial etapa de la Historia de la Humanidad sólo caben dos posturas opuestas: Los que se hallan a favor de diluir y destruir la esencia de la nación, que en España suele enmarcar a progres, separatistas, liberales y demás tontos útiles (esto es, casi todo el mundo); y por otra parte los que defendemos que la permanencia y unidad de nuestra patria es un bien para nuestros hijos y nuestros descendientes, y que es necesario luchar por ello a despecho de los chicos del NOM, que se empeñan en llamarnos fascistas a modo de insulto. Realmente a uno le gustaría que, como en otros sitios, la situación no estuviese tan desequilibrada y que hubiera patriotas de todos los enfoques. La gran desgracia de España es que los que se llaman de izquierda pretenden destruirla para cambiarla, que los separatistas se hayan creído todas las chorradas que un hatajo de sinvergüenzas han fabulado y que liberales y demás tontos útiles anhelan disolverla porque prefieren sentirse “europeos” cuando España siempre lo ha sido. Y en todos ellos nos encontramos con el nexo común de que su feroz odio o simple desprecio a lo español compromete gravemente el futuro de la nación más antigua de Occidente.

Les sugerimos que comiencen a ver el estado de cosas desde otro prisma, que les hemos descrito. Más Mundialismo, mayor Globalización o más Patria, más Nación. Las dos primeras les robarán, les envenenarán y les convertirán en esclavos de una gentuza que no tiene el menor rasgo de Humanidad. Las otras, por el contrario, les permitirán albergar, al menos, la esperanza de seguir conservando ese tesoro, raro hoy por hoy.

Nos referimos a la Dignidad…