martes, 14 de junio de 2016

El largo y cálido verano de 2016

Este es la última edición de Metaparte hasta septiembre. No tenemos claro qué clase de septiembre nos traerá de vuelta, suponiendo que ningún comisario político de los que mandan nos lo impida, pero nuestro propósito será regresar el martes 13 de septiembre. No somos supersticiosos porque ello da mala suerte. 

Acaba el curso con una incertidumbre absoluta, con negros presagios, con ecos de muerte y la abrasadora ventisca que anuncia infortunio y desolación. Y en España, cuatro leales chicos del sistema que seguirán siendo lacayos de los que ya sabemos mientras los españoles no rompan con esa Matrix que les tiene secuestrados, como a tantos y tantos ciudadanos de Occidente. Les están robando, no ya su dinero, sino sus propios países y el futuro de sus hijos delante de sus narices, con descaro y chulería, y son incapaces de sacudirse la alienación permanente que les imponen con fútbol y frivolidades inoculadas desde los medios de manipulación. Eso es peor todavía que los tenebrosos presentimientos que nos atormentan, siendo terrible la maldad, es más espantosa la bobalicona pasividad de la gente de bien, como decía el gran Burke: Se puede encarar la desgracia, pero es desoladora la apatía y la indolencia ante una situación así, tal que borregos llevados mansamente al matadero.

Hay muchos sujetos empeñados en llevar a nuestra nación al mismo despeñadero en el que acabamos en 1936. Hablan sin sentido, desprecian e insultan al tiempo que exigen un respeto que no forma parte de su proceder. Andan muy crecidos, con la misma incontinencia verbal, la misma soberbia que mostraron en otros tristes momentos de la Historia; alardean de postulados nuevos con el mismo aroma a naftalina, a humedad y a antiguo que rezuma todo lo que sacan del pudridero que es el pensamiento malparido de Marx. Ni siquiera las distintas ediciones y versiones de sus disparates de burguesito renegado que se acostaba con su criada (a la que hizo un hijo no reconocido por él), lavan mínimamente la cara a estos chicos que aderezan su arcaico discurso. No, no crean que lo malo del Marxismo es que haya existido, pues es fácilmente desmontable con rigor y honestidad intelectual; lo verdaderamente nefasto y funesto es que casi todo el mundo haya comprado esa mercancía averiada para sembrar de muertos la faz de la Tierra, porque hoy sufrimos a marxistas de todas las tendencias, nos remitimos a lo que ya dijimos en nuestro último Editorial, ya no cabe hablar de izquierda o derecha, sino de patria o de NOM, de nación o de internacionalismo, el mismo que avanzó Marx. Y no hay “terceras vías” como pretenden algunos multiculturalistas, el pueblo que posee legítima e históricamente un país, tiene derecho a reclamar respeto a sus usos, sus costumbres, sus tradiciones y sus leyes. Nadie les ha llamado, por lo que es justo conminarles a que se integren de buen grado o pedirles que se vuelvan por donde han venido. 

Ignoramos por completo lo que vendrá con este largo y cálido verano de 2016. Lo que sí sabemos, sobradamente, es que los modestos buenos deseos y la mejor voluntad no son suficientes para detener la malevolencia de cierta gentuza que se ha convencido de que sobramos. 

Cuando los que sobran de verdad son ellos.


Metaparte les desea un feliz verano. Aunque volvamos el 13 de septiembre próximo, puntualmente subiremos a la sección de "Opinión" aquellos artículos que consideremos de especial interés, lo que notificaremos a nuestros suscriptores y colgaremos en nuestras cuentas de Facebook y Twitter.

martes, 7 de junio de 2016

La Dignidad

Aquellos que dispusieron la ruina de las viejas naciones de lo que fue la Cristiandad deben andar sumamente ufanos porque, después de más de dos siglos, el invento les ha salido a pedir de boca y pueden disfrutar de su éxito contemplando plácidamente el mar de sangre que han derramado en ese tiempo. Dignos hijos de esa Ilustración tan sobrevalorada como engañosa, se inventaron el cuento de la izquierda y de la derecha para que los peatones se matasen entre ellos de cuando en cuando; y si no les bastaba con los vecinos, siempre tendrían a los peatones del país contiguo a los que detestar. Porque, desde hace más de 200 años, las guerras que han destrozado el mundo han tenido ese fondo ideológico que parieron unos cuantos nefarios y que fue “mejorado” por un tal Carlos Marx de infeliz memoria.

Tan estupendamente les sigue funcionando el invento que todos hemos sido víctimas de ello en algún momento, incluso para sintetizar una etiqueta que nos identifique. Y ya está bien, que eso es lo que han buscado: Etiquetas para matarnos con mayor facilidad durante esos episodios de locura colectiva que jalonan la Historia Contemporánea. Siempre ha habido guerras, pero las más crueles y sangrientas pertenecen a este último periodo histórico porque encierran una carga ideológica que antes no se presentaba. Es hora de acabar con la falacia y de llamar a las cosas por su nombre. Es curioso cómo cambia la percepción de ese tenue y subjetivo tejido que se denomina “realidad”.

En esta crucial etapa de la Historia de la Humanidad sólo caben dos posturas opuestas: Los que se hallan a favor de diluir y destruir la esencia de la nación, que en España suele enmarcar a progres, separatistas, liberales y demás tontos útiles (esto es, casi todo el mundo); y por otra parte los que defendemos que la permanencia y unidad de nuestra patria es un bien para nuestros hijos y nuestros descendientes, y que es necesario luchar por ello a despecho de los chicos del NOM, que se empeñan en llamarnos fascistas a modo de insulto. Realmente a uno le gustaría que, como en otros sitios, la situación no estuviese tan desequilibrada y que hubiera patriotas de todos los enfoques. La gran desgracia de España es que los que se llaman de izquierda pretenden destruirla para cambiarla, que los separatistas se hayan creído todas las chorradas que un hatajo de sinvergüenzas han fabulado y que liberales y demás tontos útiles anhelan disolverla porque prefieren sentirse “europeos” cuando España siempre lo ha sido. Y en todos ellos nos encontramos con el nexo común de que su feroz odio o simple desprecio a lo español compromete gravemente el futuro de la nación más antigua de Occidente.

Les sugerimos que comiencen a ver el estado de cosas desde otro prisma, que les hemos descrito. Más Mundialismo, mayor Globalización o más Patria, más Nación. Las dos primeras les robarán, les envenenarán y les convertirán en esclavos de una gentuza que no tiene el menor rasgo de Humanidad. Las otras, por el contrario, les permitirán albergar, al menos, la esperanza de seguir conservando ese tesoro, raro hoy por hoy.

Nos referimos a la Dignidad…