martes, 10 de mayo de 2016

Los samaritanos

Es de sentido común que cada cual acuda en auxilio de los que considera y contempla como suyos. Los recursos son siempre escasos y ante el humanamente terrible dilema de ayudar a un extraño o a un familiar, lo lógico, lo natural, es que se eche una mano al que comparte sangre y parentesco con uno mismo. La caridad empieza por tener a los propios atendidos y lo que no sea eso es dejar que la caridad mal entendida dé paso a la peste, que es otro aserto que recoge la vieja sabiduría romance del español.

Desde hace unos años a esta parte se ha extendido por el planeta, con especial virulencia por la antigua Cristiandad, una epidemia de aberrante estupidez, tan extravagante y disparatada que ni el más excesivo autor del Teatro de lo Absurdo lo hubiera concebido. Por este motivo es posible soportar a feministas que reivindican que las vacas no sean ordeñadas por ser una expresión de explotación machista, que los niños recojan colillas o que una regidora (otra) fomente el “decrecimiento” de la ciudad que representa, por citar tres ejemplos, que en esta confusa época lo que más abunda es la majadería más contumaz. Así que no desentona con esta delirante relación que los progres, tan didácticos e internacionalistas ellos, tanto que cuadran con las huestes mundialistas que nos quieren exterminar, digan, manifiesten y propugnen que tenemos que acoger a todo el que venga de fuera, tanto si viene a ganarse el pan decentemente como si llega para robar, violar, asesinar e imponernos sus demás costumbres. Y si no transigimos con tragarnos esa rueda de molino a modo de hostia sin consagrar, es que somos fascistas, racistas y unos cuantos “istas” más aunque no sepan su significado, que lo mejor de ser progre es que están encantados de conocerse.

Tan encantados andan, que no han dudado en elegir a un elemento extraño a su sociedad y a sus costumbres para ser el alcalde de la capital del Reino Unido de la Gran Bretaña. Lo malo del concepto caduco de "Democracia" que observan las naciones occidentales es que, en un ataque de demencia, las gallinas sean capaces de optar por el zorro para que les haga compañía en el gallinero y que el gobierno de la granja avícola practique el dontancredismo, del que cierto mandatario español es notorio amante, como ya sabemos todos, que por sus obras se les cala rápidamente. No presagia nada bueno alguna frase con la que ha saludado su elección, pero los progres del mundo mundial seguirán encantados de conocerse aunque se hallen en el degolladero.

Por tanto, estos samaritanos quiebran la más elemental norma de comportamiento que es asistir primero a tu compatriota (equivalente a un pariente en términos de familia) y cuando este sea socorrido, remediar la desgracia de aquellos que comparten lengua y herencia cultural con nosotros. Y si luego es posible, hacer lo propio con los que vengan a integrarse de buen grado, insistiendo en el extremo de que ello fuere asumible para la nación y en caso contrario de ningún modo. Y aplicable para todos, desde su trabajo honrado con un sueldo digno, para que no revienten el Mercado Laboral, que es otra indeseable consecuencia del descontrol que padecemos (aquí un ejemplo). Esto, que es de cajón, una total perogrullada, hoy es denigrado y vilipendiado sin medida por esta patulea de samaritanos que, no contentos con seguir el juego de esa élite tenebrosa que anda instaurando un diabólico Nuevo Orden Mundial, hacen de su brazo armado sistemáticamente, para diluir y demoler todo lo que se halla vinculado a la Civilización. 

Sin embargo, pese a su pose buenista que no tiene pase ya, por simple instinto de supervivencia, no verán a estos samaritanos acogiendo en sus casas a los que ahora llaman "refugiados" porque lo de inmigrantes ya no conmueve a nadie. No, no los verán, salvo que haya medios de manipulación tomando fotos para alimentar la demagogia y la mentira, (este ejemplo, además, debería de favorecer antes a los que se juegan la vida por dar Testimonio de Cristo). Ellos son más de residir en urbanizaciones vigiladas o, directamente, en países extranjeros con un régimen fiscal más "benévolo". 

Bien mirado, sus intenciones les delatan… ¿Si no aman su patria por qué iban a desear su bien y el de sus compatriotas?