martes, 12 de abril de 2016

Sic transit Gloria Mundi

Hemos vuelto. Sí, con frecuencia es preciso detenerse para saber donde se encuentra uno y seguir en el camino. Sí, con frecuencia es preciso detenerse para restañar las heridas y curarse el alma, que sus hemorragias son las más graves aunque no se vean. Sí. Hemos retornado porque creemos que tenemos algo que decir, alto y claro, según se puede deducir del asquito que nos tienen algunos. Así que, después de una breve pausa, regresamos para darles un disgusto. Que es como estamos más a gusto...


Les confieso que nunca me gustó. Los que tenemos una larga memoria, tan larga como los años que se van acumulando sobre ella como cadenas de penitente, recordamos con vergüenza ajena como los nenes pijos de aquellos años, finales de los ochenta y principios de los noventa, querían ser como él. Un "winner", le llamaban estúpidamente, repeinados con gomina, con ropa ostentosa de marca y la misma pulcritud que un sepulcro blanqueado al sol. Sí, indudablemente, en altas cotas de necedad, los que se llaman de izquierda o de derechas andan en dura pugna por ver quien alcanza la supremacía, y lo peor es que no se atisba a percibir límite alguno en esa carrera hacia la máxima expresión de lo cretino.

Por entonces andaba esa derecha que detestamos tanto como a los progres, porque son los mismos perros pero con distintos collares, buscando un líder imbatible que derrotase a los que estaban, por aquello de que ya habían agotado su turno y los muy majaderos no se querían hacer a un lado para que entrasen los otros. Cosas del eternorretornismo español, que si la Primera Restauración acabó como lo hizo, de esta Segunda no cabe esperar nada mejor. Y le estuvieron tentando al hombre, masón además con muy buenas amistades entre la más elevada magistratura del Estado, para que acaudillase el turno que, se intuía, ya le venía tocando a los progres bis, que la desgracia de España es tener que elegir para ser gobernada entre lo peor y lo pésimo, y así nos va, con gran jolgorio y bullicio de un electorado memo que, no contento con que le lleven al matadero, todavía se afana en cargar la pistola con la que habrán de sacrificarle.

Entonces hubo algunos que se asustaron. Como son poderosos, utilizan a los servidores de la Ley cuando les conviene, nunca antes o después, únicamente en el momento necesario. De paso alardean de cómo tienen rendido a su servicio al dizque Estado de Derecho que disfrutamos, porque ya se sabe, jamás te quejarás de esta democracia sin que te llamen "fascista" los progres de distinto pelaje, que deben de conocer muy bien el funcionamiento de un sistema político de esas características a tenor de lo déspotas que son. Sacaron a la luz el escándalo financiero del banco que dirigía, y después de las ayudas prestadas, que concedió de mil amores porque era compañero de claro mandil y de oscuro sistema, le enviaron a prisión.

Los granos de los años pasaron por esa fina cintura de avispa que llamamos presente, que nada simboliza al Tiempo mejor que un modesto reloj de arena, y el antaño llamado winner, regresó de su periplo por el infierno de la cárcel. Impartió ética y moralidad con autoridad de resucitado, desde las tertulias, en radio, en televisión, en artículos... Pretendió crearse un púlpito a medida en forma de movimiento político ciudadano, como si el hijo pródigo desease regenerar un sistema que no era más que un reflejo de su proceder, y asombró a muchos con un criterio cabal que no se le sospechaba en sus años dorados. Parece que la distancia del Poder otorga cordura, pasajera porque en cuanto se olfatea su cercanía el esperpento predomina de nuevo.

Sin embargo, la Fortuna, a la que muchos han representado como una rueda, sigue rodando; y la Justicia, que es simbolizada por una virginal joven con los ojos vendados (lo que puede explicar que a menudo no atine), vuelve a actuar con el mayor rigor contra ese winner que deslumbró a la sociedad española y que llegó a impartir ponencias de "Ética Bancaria" (todo un oxímoron) en presencia del Papa Juan Pablo II. A uno, y seguro que a muchos, porque lo cortés no quita lo valiente, le gustaría contemplar la misma severidad contra otros elementos que se andan permitiendo torear a la Ley escondiéndose tras banderas de feria y separatismos delirantes, como si fueran parapetos impenetrables y como si no tuvieran suficiente con los fondos, tal que pétreo muro que les protege, que han allegado mediante la extracción de rentas a la que nos han sometido durante años.

Sic transit Gloria Mundi... Así pasa la gloria del mundo, que no hay reyes, validos, próceres, potentados o prohombres que escapar logren de terminar siendo aplastados por esa caprichosa rueda de la Fortuna que, finalmente, antes o después a todos nos deja atrás.