martes, 8 de marzo de 2016

Entre la demagogia y la hipocresía

Dicen que decía Napoleón, seguramente una frase apócrifa, aquello de que "si no quieres que se averigüe nada sobre un asunto, lo mejor es que se encargue de ello una comisión de investigación". El Ladrón de Europa conocía los entresijos y la mezquindad de la "alta política", por lo que no resulta extraño que más de dos siglos después la frase siga vigente y se pueda parafrasear. Con esa filosofía del engaño, se puede afirmar que si no se quiere favorecer a un colectivo, no hay nada mejor que "designar" un día internacional dedicado a aquel. Saldrán chorradasmuchas estadísticas, cocinadas o no, en los medios de manipulación, que para eso están; aparecerán fotografías de progres con sonrisitas ocultando sus falacias, y las instituciones montarán sus numeritos para los sumarios de los telediarios. Pero a la hora de la verdad las mujeres que desean ser madres se verán hostigadas en sus puestos de trabajo (y en ese acoso también participarán mujeres, ojo), entre otras muchas situaciones que deberían ser desterradas. Muchos días de días, que ya dijo Larra que Dios le librase de ellos, pero a la postre, nada de nada. Que es de lo que se trata mientras se cobra y mucho del erario.

No hay medida para la hipocresía. Es tal el cinismo de los que gobiernan (es un decir) que deberían crear un certamen análogo a los "oscar" para premiar a los más mentirosos. Y el occidental de a pie se lo va creyendo en pequeñas dosis, para que nada se soliviante, que al cabo parece que es lo único que interesa, ignorando que únicamente se está aplazando el gran batacazo. Que nada ni nadie perturbe esa ínfima cuota de miseria que se nos ha asignado a cambio de renunciar a nuestros sueños de un mundo mejor que puedan heredar nuestros hijos. Eso es lo que buscan con sus cuentos sobre la tolerancia, la convivencia y otros lugares comunes, que nos toman por idiotas y niegan lo que contemplan nuestros ojos día tras día.

Y así van pasando los tiempos, entre la náusea y la arcada, que es lo que tiene vivir entre la demagogia y la hipocresía.

NOTA DE METAPARTE: Debido a tareas de mejora de nuestra web, no publicaremos ninguna edición de Metaparte hasta abril del presente año. Mientras tanto, seguimos a su disposición en el formulario que figura en la barra lateral que tiene a su derecha en esta misma pantalla. 

martes, 1 de marzo de 2016

El honor y la vida

Lo de la paz está muy bien. Queda de lujo en los telediarios, como los nenes que son abrazados por los políticos en las campañas electorales, que luego ya se encargarán estos de hacerles la vida imposible a sus padres. Sin embargo se trata de quedar como "defensores de la paz", o "garantes del progreso", esas frasecitas sin contenido real que no comprometen a nada pero que contribuyen a manipular mejor a los del rebaño.

Resulta que dos sí que se pelean con que uno se empeñe en eliminar al otro. El segundo ya podrá ponerse de perfil, jurar en arameo, invocar al sursumcorda si cabe, que le dará igual: Si un indeseable está resuelto a acabar contigo, hagas lo que hagas, tarde o temprano te verás forzado a defender tu vida. Si se tiene algo de instinto de supervivencia y no se alberguen intenciones de imitar el silencio de los corderos, que es un oscuro presagio del clamor que se escucha en los cementerios.

Así que, llegados a cierto punto, uno termina prefiriendo a personas pacíficas que a pacifistas. Aquellos son sinceros, los otros unos farsantes que sólo pretenden engañar al rebaño que se cree todo con tal de llegar a la sección de deportes de los noticieros. Engañar al rebaño para devorarlo en cuanto se le presente la ocasión más propicia.

Y sí, créanlo, que los pacíficos no carecemos de instinto de supervivencia. Es más, nos defenderemos en cuanto contemplemos nuestro honor en entredicho. Porque sabemos que después de deshonrarnos querrán quitarnos la vida. Valga la redundancia.