martes, 10 de noviembre de 2015

Sin fe no hay milagro

Sucede que es en las grandes ocasiones que nos reserva el Destino, cuando se conoce la auténtica talla de las personas. El día a día pone sordina a la pasta que sustentan los Principios, acaso por la ramplonería inherente a todo lo cotidiano. Sin embargo, hay horas en las que no cabe preguntarse en que cree uno. Porque es el momento de demostrar la grandeza o mezquindad que cada cual arrastra consigo.

La solución será mala o peor. O bien se articula con calzador una solución "confederal" engañando al pueblo español, en la que el resto de España sea rehén de los separatistas; o se acaba con esto por la fuerza: Tanto si vencen sus mentiras como si triunfan nuestras certezas habrá derramamiento de sangre. Les confieso que no somos optimistas con el desafío separatista. No porque el enemigo tenga unos argumentos demoledores, que ni siquiera los poseen; o porque su capacidad de disuasión sea formidable, no, ni mucho menos, que al cabo no son más que una panda de codiciosos y corrompidos listillos a los que se ha dejado hacer sus tejemanejes durante décadas, y en esto son responsables todos y cada uno de los sucesivos gobiernos que ha padecido España desde 1975. Para hacernos entender, si usásemos un símil callejero, se podría decir que los tipejos que quieren acabar con la unidad de España no tienen media bofetada. Así que ese no es el problema.

El problema es la gente que ha venido gobernando nuestra nación. Nunca tuvieron la altura de miras para rechazar el Poder si ello suponía pactar con una gentuza que, a la vista está, su único objetivo era y es destruir España: Lo hicieron por sistema, les entregaron todo, hasta el conocimiento que se habría de impartir a las nuevas generaciones de españoles que en esas regiones iban a nacer, y esos pecados no se expían sin dolorosa penitencia. Y sí, todos los españoles tenemos una parte alícuota de culpa, es lo que tiene votar… Culpables, unos porque se dejaron engañar, otros porque se beneficiaron de la traición, casi todos porque no se quiso ver más allá de lo que nos quisieron mostrar. Entre la cobardía y lo acomodaticio, así se ha andado en los últimos cuarenta años. Si se abandonó el Sáhara, una región española, a su suerte (nefasta) como oscuro presagio, ahora no confiamos en que unos políticos, dignos herederos de los tramposos que parieron una ambigua Constitución (que tampoco tienen la honestidad intelectual de defender), se comporten con Patriotismo y hagan algo por España, como no lo han hecho nunca antes.

Ya se sabe que sin fe, difícilmente ocurren milagros.