martes, 24 de noviembre de 2015

Don Ricardo de la Cierva y Hoces

Decía el gran Quevedo, testigo del hundimiento de una España, y de una Monarquía (con mayúsculas) que ya no volverán desgraciadamente, que "donde hay poca justicia es peligroso tener razón". Y sí, también es cierto que coincide con el hecho de que ya no cabe un tonto más. Hay una epidemia de estupidez. Pero este Editorial no pretende más que honrar la memoria de un gran hombre, cuyo propósito fue arrojar luz sobre una maltratada y denostada Historia de España, entre otros proyectos que acometió y libros que publicó. Si todo ello le honra y nos sirve de ejemplo para no caer en el desaliento, la silenciosa satisfacción de bastantes miembros de algunas discretas sociedades por su fallecimiento y el culpable silencio de los medios de manipulación, que han pasado de puntillas sobre su figura y legado, les envilece y deshonra hasta extremos que, sin ser inesperados, siempre asombran.

Somos pocos, dolorosamente escasos los que pretendemos defender la verdad de unos sucesos. La desclasificación de los documentos del NKVSD soviético (antiguo KGB) sobre nuestra Guerra Civil han ido confirmando lo que algunos criticaban furiosamente como mentiras. Es lo que tiene la Historia, que no deja de retornar para gloria de unos cuantos y para vergüenza de muchos. Por eso despedimos hoy al bueno de don Ricardo, con estas modestas líneas, confiando en que cada palabra que redactó, cada libro que publicó, sea un luminoso mensaje para los nuevos españoles que habrán de ventilar el Destino de su Patria y el suyo individual en las tenebrosas horas que se nos anuncian.

Así que si algunos reclaman memoria para unos bisabuelos que murieron en una contienda que nunca debió existir, mientras apenas se acuerdan de los ascendientes que les quedan con vida (cosas de la hipocresía progre); o se manifiestan contra un general que lleva muerto 40 años sin mirar mal siquiera a los altruistas grupos que nos gobiernan en realidad; nosotros elevaremos una oración por todos aquellos que entregaron su vida con honor, con la honestidad ideológica que albergasen en su corazón de que eso era lo mejor para su nación, bajo la bandera que fuera.

Y por supuesto, rezaremos por todos los que marchan tras una vida dedicada a buscar y a luchar por la Verdad.

Más que nada porque nos hará libres.