martes, 15 de septiembre de 2015

No lo llamen madurez, sino cobardía

Hace ya algún tiempo que escuche en una cafetería, en esas conversaciones sin principio ni fin, que llegan a nuestros oídos merced a algún invisible mecanismo que ignoramos; una frase que lejos de tranquilizarme como podría ser prima facie, me desazonó considerablemente y me convenció definitivamente de la terrible enfermedad que se extiende como un cáncer por todas las sociedades de la antigua Cristiandad, que hogaño no sabría cómo referirme a lo que fue ese territorio unido por el espíritu. Santo, desde luego.

El suceso que metió esa locución como cartucho en la recámara no viene al caso porque sería materia de otro Editorial. Simplemente la frase en cuestión venía a decir, palabra arriba o abajo que "era envidiable el grado de madurez y tolerancia de la sociedad, que ya no se echa al monte por nada y que cada cual va a ganarse las lentejas como mejor puede". Ahí quedó esto. Ahora resulta que la traición por omisión es madurez y la pura cobardía de toda la vida, tolerancia. Que únicamente importa poner un plato en la mesa aunque haya sido prostituyendo nuestros pareceres y sentires "porque hay que comer". Con un par se dicen chorradas semejantes, lo que es una paradoja porque lo que no hay, precisamente, son arrestos (por no usar otro término más coloquial). Es mejor hambre honrada que abundancia ultrajada. Pero estas sentencias antiguas y "anticuadas" les sonarán a chino a los nuevos apóstoles de una supervivencia de esclavo. Que es como nos quieren ver.

En Sociología hay un concepto denominado "anomia", cuya paternidad se vincula a Émile Durkheim, inspirado por Auguste Comte. De manera resumida, la Anomia es un fenómeno patológico en que la sociedad se "descose" porque sus leyes, principios y creencias dejan de tener sentido para un número significativo de los individuos que la componen, y no siguen sus reglas porque entienden que son superfluas y de inferior calidad que la propia y egoísta seguridad personal. Al no tener efecto esa estructura que asegura la continuidad del colectivo, al no haber una "Disciplina Social" que cohesione y blinde una sociedad procurando que cada miembro de ella cumpla con su deber, la ficción aceptada por todos que es la organización de un modo de vida se descompone y colapsa: Volvemos a la jungla o a ser "fagocitados" por otro grupo que sí tenga conjurado ese peligroso tumor sociológico que está identificado como Anomia. No se extrañen si contemplan, cada vez con mayor frecuencia, escenas propias de un desesperado "sálvese quien pueda". Cuando todo vale es porque nada vale ya: Si no hay reacción frente a los disparates que nos sirven, si nadie se preocupa de defender la Verdad porque sólo importa el mísero plato de lentejas que no se desea arriesgar y porque es preferible malvivir que pelear por lo que se cree... No lo adornen, no es madurez ni serenidad, es simple y llana COBARDÍA. 

Y ello, toda la vida de Dios, es lo que define a los pusilánimes.