martes, 22 de septiembre de 2015

La humillación de un premio

Hace casi un año que dimos nuestra opinión, desde nuestras certezas, que si no son muchas sí que son sólidas, sobre los certámenes, los premios y los premiados. Las Humanidades no deberían precisar eso para sobrevivir, y el simple hecho de que existan lo único que implica es una imponente mala conciencia colectiva de los dirigentes mundiales sobre lo que vienen perpetrando con esta rama del conocimiento, la única que le da al Hombre su carácter más humano. Por ello los que mandan arremeten contra las Humanidades, porque saben de sobra que el espíritu crítico se asienta sobre ellas, y no se trata de gobernar, sino de engañar.

Pocas cosas y situaciones tan ridículas como que un "premiado" insulte descaradamente a los que le otorgan un galardón. Es de sentido común que ese gesto habría de suponer la revocación inmediata del premio, pero esto es España, el experimento de ingeniería social más avanzado en sus consecuencias, y al presunto artista se le ríe la gracia mientras simulan que se indignan los que tendrían que hacer algo en serio y no de mentirijillas. Aquí ofender a la nación y a sus nacionales está bien visto porque es "libertad de expresión", pero si alguien duda de las versiones oficiales de determinados sucesos, como por ejemplo el referido al Holocausto, ya no hay libertad de expresión que valga y terminará con su carrera arruinada, sancionado severamente y/o directamente en prisión.

Así que no es de extrañar que un sujeto recoja un premio, agarre la pasta, que es lo que importa, (sin hacer ascos aunque venga de los españoles), y se ponga a cagar sobre la Patria gracias a la cual ha llegado a donde está por mucho que le fastidie, porque esta y no otra ha sido la que ha financiado sus mediocridades, que es lo que ahora se considera más, señal ineluctable de la extendida decadencia de estos Días. Sabido todo esto, en los corrales ya están discutiendo a qué raposo galardonar; y los rebaños andan alborotados porque si los españoles, que son muy demócratas, van dando premios a troche y moche a quienes les humillan, los borregos no han de ser menos y debaten entre sí sobre el lobo que les devora con mayor crueldad para entregarle su reconocimiento más devoto. Esto es España: La traición, la afrenta, el delito, la deserción y la cobardía no sólo se aplauden sino que además se homenajean en lugar de proscribirse. 

Y todos encantados porque somos muy demócratas, tanto que cuando vengan a nuestras casas a echarnos de ellas para cohabitar con nuestros cónyuges, lo único que haremos será sonreír porque seremos la hostia y media de demócratas y de tolerantes. Es lo que tiene ir permitiendo lo que es inadmisible: Que al final se consiente todo porque no se es nada.