martes, 1 de septiembre de 2015

El regreso

Los problemas poseen la perseverante virtud de aguardar nuestro regreso. Da igual si nos hemos ausentado unos días o unas semanas, si hemos estado a la vuelta de la esquina o en la otra punta del planeta: Calladamente, pacientemente nos esperarán para derramar su hiel sobre nosotros. Puede que algunos regresen, pero hay cuestiones que ni siquiera se han ido.

Como la hipocresía, esa señora con permanente aire de reina ofendida. Se crea un problema que no existía en algún país, y luego se ponen de perfil los que lo han generado, eso sí, con grandes aspavientos y un ataque de buenismo histérico que da arcadas. 

Como la desidia, esa individua que prefiere dejar las cosas sin hacer a la espera de que se solucionen solas. Y lo que normalmente ocurre es que, lejos de resolverse, empeoran. Del mismo modo que su colega anterior, gusta de frecuentar las voluntades de los políticos que gobiernan (o eso dicen) los países de Occidente, pero además se extiende como plaga por todos sus pueblos, que se conforman con creer que viven en una democracia, lo que no es más que una ficción. Los gobernados pueden esgrimir esa pobre excusa, no los que detentan el Poder. Si la desidia fuera su comportamiento habitual para todos los asuntos que abordan, podría entenderse que nuestros dirigentes son un hatajo de bons vivants entregados a la molicie, unos hedonistas rendidos al ejercicio de la erótica del placer que únicamente se mueven por asegurarse la reelección. Sin embargo, contrariamente, los veremos en fase maníaca, hiperactivos, cuando se trata de amordazarnos, controlarnos, engañarnos y robarnos (¿o matarnos?). Así que su desidia es selectiva y sólo pretende perjudicarnos.

Como la manipulación y la alienación, que estas van cogidas de la mano. Estas damas no pueden dar un paso sin cooperadores necesarios entre los comunicadores y periodistas, a los que premia con munificencia por los servicios que les prestan. Nunca las verán lejos de los círculos de los poderosos, que son los interesados en sufragar sus tóxicos paseos por la opinión pública para su provecho, haciendo estragos entre los sujetos más indocumentados y otros tontos útiles, que terminan siendo el brazo armado de la manipulación contra los que venimos señalando las mentiras y la maldad de los que mueven los hilos de las marionetas. Unas marionetas alienadas que no se despegan ni un ápice de las bobadas que vomitan los Mass Media (algunos dicen "mierda", no exentos de razón).

Como los embustes. Estos son primos de las precedentes, y se reproducen por doquier en cuanto nos descuidamos, procaces ellos, siempre que haya logias y/o tipejos implicados en sus manejos. Así hay regiones enteras que caen en sus nocivas redes por darles un crédito que no merecen. Incluso generación tras generación toman por veraz lo que no es más que una colección de falacias, como la referida a la "leyenda negra" que tantos y tan buenos servicios ha prestado, y aún presta, a los enemigos de España. Los embustes tienen muy buena prensa entre los que mandan porque son baratos y anónimos, como la cobarde mano que se esconde tras arrojar la piedra. No en vano fueron destacados miembros de la cofradía de los gobernantes los que excretaron frases como "una mentira cien veces repetida pasa por cierta" o "no dejes que la verdad te estropee una buena noticia". Sabido ello no es de extrañar que permanezcan, retozones ellos, por aquí y por allá malmetiendo y encizañando con su mendacidad. Todo porque siempre hay quienes prefieren dormir en un engaño que despertar de una pesadilla.

Pero es que despertar resulta tan fatigoso...