martes, 29 de septiembre de 2015

Independencias o el agua de Marte

Resulta que hay evidentes indicios de que en Marte hay agua. No de que la hubo, sino de que, en estos momentos, es muy posible que un feliz microorganismo marciano ande chapoteando en ese elemento tan caro para la Vida tal como la conocemos en este planeta. Uno se maravilla de esta confirmación y se pregunta cuánto se tardará en poblarlo con chalets adosados con piscina individual. Porque si agua hay hasta puede que existan playitas para plantar la sombrilla a unos cuantos grados bajo cero mientras los nenes corretean con la pelota para no congelarse. 

Hay agua en Marte, hecho que ya sospechábamos algunos. Claro que éramos (y somos) conspiranoicos. Estaban los neganoicos a sueldo turnándose para ponernos a parir y ahora resulta que por ahí ya no podrán tosernos. No hay nada como un vasito de agua (marciana) para que se les pase el soponcio, siempre con la seguridad de que serán generosamente remunerados por su labor desinformativa e intoxicadora. Las penas con pan son menos penas y la lejanía de Marte hace pensar que desde allí no importa demasiado el informe e ininteligible coro nuestro que aguijonea el silencio del vacío espacial. Hay otros vacíos mentales, de dimensiones tan colosales como la del Universo, que desgraciadamente dan eco a las chorradas de ciertos tipejos que reniegan de lo que son para que resuenen al máximo. Cosas de estos chicos de la cofradía de los neganoicos, que deciden qué es noticia y qué hay que silenciar para que el rebaño no se soliviante. 

Así que hay agua en Marte. Fíjate. Se supone que tanta como para salpicar las sondas que anduvieron y que andarán por allí. Tanta como para humedecer de emoción los ojos de los científicos que lo llevan investigando (lo que les dejan) una pila de años. Quizás haya océanos bajo esa corteza de barro congelado. Todo eso ya son conjeturas, es lo que tiene la imaginación, que cuando se ve espoleada se convierte en un torrente de sentimientos, de imágenes y de esperanzas. Una nueva Frontera. Un nuevo Mundo. Una nueva Promesa.

Pero lo que aquí escasea, hasta el punto de que se puede inferir que no hay gota de conocimiento, es el raciocinio y el coraje más elemental. A un grupete de ignorantes se les empieza a conceder fondos sin límite porque afirman, sin ningún fundamento, que son diferentes, que su región es una nació, que hablan la llengua en la que escribió Cervantes, que nació por allí, y por esas razones y muchas más someten a una constante extorsión al resto de sus compatriotas durante los últimos cuarenta años. Cuarenta. Bovinamente, ese resto de compatriotas, a través de los gobernantes (risas) que se les ha dado a elegir, les dan todo. La Sanidad, la Educación, Pensiones, que se margine la lengua común, que se ofenda sin consecuencias todos y cada uno de los símbolos de la Nación (esta sí, con mayúsculas), aderezado con fondos, fondos y más fondos. Dinero, dinero y dinero sin cuento, sin más, con la ilusión o la mala intención de que se sientan complacidos y de que cesen en sus interminables exigencias, en sus permanentes reproches sobre unos agravios que jamás existieron pero que demasiados se creen porque lo que se enseña en los colegios deja bastante que desear desde hace décadas. Ahora esos ignorantes piden una independencia que nunca existió. Están forrados con nuestro dinero y su corrupción, hay una legión de bobos necesarios que les secundan porque los pobrecitos han padecido la enseñanza que asuela lo que era antaño la Cristiandad; en tanto que a sus compatriotas (aún) sólo parece preocuparles los engaños con que se les ameniza la vida desde los medios de manipulación y su gobierno (más risas) no quiere ser capaz de acabar con todo este disparate porque sirve a otros intereses que no son los de su Patria.

Lo dicho. Hay agua en Marte, pero aquí no queda ni una gota de coraje.



martes, 22 de septiembre de 2015

La humillación de un premio

Hace casi un año que dimos nuestra opinión, desde nuestras certezas, que si no son muchas sí que son sólidas, sobre los certámenes, los premios y los premiados. Las Humanidades no deberían precisar eso para sobrevivir, y el simple hecho de que existan lo único que implica es una imponente mala conciencia colectiva de los dirigentes mundiales sobre lo que vienen perpetrando con esta rama del conocimiento, la única que le da al Hombre su carácter más humano. Por ello los que mandan arremeten contra las Humanidades, porque saben de sobra que el espíritu crítico se asienta sobre ellas, y no se trata de gobernar, sino de engañar.

Pocas cosas y situaciones tan ridículas como que un "premiado" insulte descaradamente a los que le otorgan un galardón. Es de sentido común que ese gesto habría de suponer la revocación inmediata del premio, pero esto es España, el experimento de ingeniería social más avanzado en sus consecuencias, y al presunto artista se le ríe la gracia mientras simulan que se indignan los que tendrían que hacer algo en serio y no de mentirijillas. Aquí ofender a la nación y a sus nacionales está bien visto porque es "libertad de expresión", pero si alguien duda de las versiones oficiales de determinados sucesos, como por ejemplo el referido al Holocausto, ya no hay libertad de expresión que valga y terminará con su carrera arruinada, sancionado severamente y/o directamente en prisión.

Así que no es de extrañar que un sujeto recoja un premio, agarre la pasta, que es lo que importa, (sin hacer ascos aunque venga de los españoles), y se ponga a cagar sobre la Patria gracias a la cual ha llegado a donde está por mucho que le fastidie, porque esta y no otra ha sido la que ha financiado sus mediocridades, que es lo que ahora se considera más, señal ineluctable de la extendida decadencia de estos Días. Sabido todo esto, en los corrales ya están discutiendo a qué raposo galardonar; y los rebaños andan alborotados porque si los españoles, que son muy demócratas, van dando premios a troche y moche a quienes les humillan, los borregos no han de ser menos y debaten entre sí sobre el lobo que les devora con mayor crueldad para entregarle su reconocimiento más devoto. Esto es España: La traición, la afrenta, el delito, la deserción y la cobardía no sólo se aplauden sino que además se homenajean en lugar de proscribirse. 

Y todos encantados porque somos muy demócratas, tanto que cuando vengan a nuestras casas a echarnos de ellas para cohabitar con nuestros cónyuges, lo único que haremos será sonreír porque seremos la hostia y media de demócratas y de tolerantes. Es lo que tiene ir permitiendo lo que es inadmisible: Que al final se consiente todo porque no se es nada.


martes, 15 de septiembre de 2015

No lo llamen madurez, sino cobardía

Hace ya algún tiempo que escuche en una cafetería, en esas conversaciones sin principio ni fin, que llegan a nuestros oídos merced a algún invisible mecanismo que ignoramos; una frase que lejos de tranquilizarme como podría ser prima facie, me desazonó considerablemente y me convenció definitivamente de la terrible enfermedad que se extiende como un cáncer por todas las sociedades de la antigua Cristiandad, que hogaño no sabría cómo referirme a lo que fue ese territorio unido por el espíritu. Santo, desde luego.

El suceso que metió esa locución como cartucho en la recámara no viene al caso porque sería materia de otro Editorial. Simplemente la frase en cuestión venía a decir, palabra arriba o abajo que "era envidiable el grado de madurez y tolerancia de la sociedad, que ya no se echa al monte por nada y que cada cual va a ganarse las lentejas como mejor puede". Ahí quedó esto. Ahora resulta que la traición por omisión es madurez y la pura cobardía de toda la vida, tolerancia. Que únicamente importa poner un plato en la mesa aunque haya sido prostituyendo nuestros pareceres y sentires "porque hay que comer". Con un par se dicen chorradas semejantes, lo que es una paradoja porque lo que no hay, precisamente, son arrestos (por no usar otro término más coloquial). Es mejor hambre honrada que abundancia ultrajada. Pero estas sentencias antiguas y "anticuadas" les sonarán a chino a los nuevos apóstoles de una supervivencia de esclavo. Que es como nos quieren ver.

En Sociología hay un concepto denominado "anomia", cuya paternidad se vincula a Émile Durkheim, inspirado por Auguste Comte. De manera resumida, la Anomia es un fenómeno patológico en que la sociedad se "descose" porque sus leyes, principios y creencias dejan de tener sentido para un número significativo de los individuos que la componen, y no siguen sus reglas porque entienden que son superfluas y de inferior calidad que la propia y egoísta seguridad personal. Al no tener efecto esa estructura que asegura la continuidad del colectivo, al no haber una "Disciplina Social" que cohesione y blinde una sociedad procurando que cada miembro de ella cumpla con su deber, la ficción aceptada por todos que es la organización de un modo de vida se descompone y colapsa: Volvemos a la jungla o a ser "fagocitados" por otro grupo que sí tenga conjurado ese peligroso tumor sociológico que está identificado como Anomia. No se extrañen si contemplan, cada vez con mayor frecuencia, escenas propias de un desesperado "sálvese quien pueda". Cuando todo vale es porque nada vale ya: Si no hay reacción frente a los disparates que nos sirven, si nadie se preocupa de defender la Verdad porque sólo importa el mísero plato de lentejas que no se desea arriesgar y porque es preferible malvivir que pelear por lo que se cree... No lo adornen, no es madurez ni serenidad, es simple y llana COBARDÍA. 

Y ello, toda la vida de Dios, es lo que define a los pusilánimes.


martes, 8 de septiembre de 2015

La doble moral

Es un espectáculo deplorable. Bochornoso. Parece que a la opinión pública, ñoña, necia, mezquina y crédula de las mentiras oficiales sólo la movilizan los cadáveres de niños servidos desde los medios de manipulación habituales. ¿Les indignan las imágenes de inocentes asesinados? ¿Es este el camino para que crean que el objetivo final de todo esto es acabar con el Occidente cristiano? Pues al pie de este Editorial tienen una, como botón de muestra. Claro, que estos niños son cristianos y por esa razón solamente reciben desdén de los que mandan. Los mismos dirigentes salidos de las logias que han creado conflictos y problemas allá donde se les ha señalado en las tenidas, por mandato del Sionismo más atroz, se mesan los cabellos (acaso les sería más propio si se rasgasen las vestiduras) por una marea de refugiados que han generado ellos deliberadamente para dar otro paso más en el Plan Kalergi que van aplicando en la vieja Europa, que agoniza salvo que Dios le ponga remedio.

Ni se han inmutado cuando sus muchachos del Califato, sostenido con fondos y recursos de los que ya conocemos su procedencia, han masacrado pueblos enteros en Siria e Iraq, han torturado y asesinado a cuantos cristianos se han encontrado y han destruido convenientemente restos arqueológicos de incalculable valor. Ni una sola referencia, o muy tangencial, en los medios afines a los gobiernos que el Sionismo ha ido imponiendo mediante el engaño y la deuda a lo largo y ancho de lo que un día fue la Cristiandad. Únicamente hemos sido unos cuantos, descoordinadamente y bajo hostigamiento, los que hemos ido denunciando y proclamando la verdad. 

Ahora hay que "remover las conciencias". Ahora hay que servir el cadáver de un pequeño, tan inocente como los que no suscitan el interés de esos medios vinculados a determinados apellidos. Ahora sí, para meternos a los muchachos del Califato, camuflados como refugiados, sin que protestemos los intolerantes. Si buscan culpables de este desastre que ya tenemos servido no los busquen en los mapas: Los encontrarán mucho más cerca de lo que piensan.

Es lo que pasa con los carroñeros, que siempre andan merodeando a los moribundos, porque mientras unos ya no se mueven porque los han matado, otros tampoco se mueven aunque vayan a matarlos...


martes, 1 de septiembre de 2015

El regreso

Los problemas poseen la perseverante virtud de aguardar nuestro regreso. Da igual si nos hemos ausentado unos días o unas semanas, si hemos estado a la vuelta de la esquina o en la otra punta del planeta: Calladamente, pacientemente nos esperarán para derramar su hiel sobre nosotros. Puede que algunos regresen, pero hay cuestiones que ni siquiera se han ido.

Como la hipocresía, esa señora con permanente aire de reina ofendida. Se crea un problema que no existía en algún país, y luego se ponen de perfil los que lo han generado, eso sí, con grandes aspavientos y un ataque de buenismo histérico que da arcadas. 

Como la desidia, esa individua que prefiere dejar las cosas sin hacer a la espera de que se solucionen solas. Y lo que normalmente ocurre es que, lejos de resolverse, empeoran. Del mismo modo que su colega anterior, gusta de frecuentar las voluntades de los políticos que gobiernan (o eso dicen) los países de Occidente, pero además se extiende como plaga por todos sus pueblos, que se conforman con creer que viven en una democracia, lo que no es más que una ficción. Los gobernados pueden esgrimir esa pobre excusa, no los que detentan el Poder. Si la desidia fuera su comportamiento habitual para todos los asuntos que abordan, podría entenderse que nuestros dirigentes son un hatajo de bons vivants entregados a la molicie, unos hedonistas rendidos al ejercicio de la erótica del placer que únicamente se mueven por asegurarse la reelección. Sin embargo, contrariamente, los veremos en fase maníaca, hiperactivos, cuando se trata de amordazarnos, controlarnos, engañarnos y robarnos (¿o matarnos?). Así que su desidia es selectiva y sólo pretende perjudicarnos.

Como la manipulación y la alienación, que estas van cogidas de la mano. Estas damas no pueden dar un paso sin cooperadores necesarios entre los comunicadores y periodistas, a los que premia con munificencia por los servicios que les prestan. Nunca las verán lejos de los círculos de los poderosos, que son los interesados en sufragar sus tóxicos paseos por la opinión pública para su provecho, haciendo estragos entre los sujetos más indocumentados y otros tontos útiles, que terminan siendo el brazo armado de la manipulación contra los que venimos señalando las mentiras y la maldad de los que mueven los hilos de las marionetas. Unas marionetas alienadas que no se despegan ni un ápice de las bobadas que vomitan los Mass Media (algunos dicen "mierda", no exentos de razón).

Como los embustes. Estos son primos de las precedentes, y se reproducen por doquier en cuanto nos descuidamos, procaces ellos, siempre que haya logias y/o tipejos implicados en sus manejos. Así hay regiones enteras que caen en sus nocivas redes por darles un crédito que no merecen. Incluso generación tras generación toman por veraz lo que no es más que una colección de falacias, como la referida a la "leyenda negra" que tantos y tan buenos servicios ha prestado, y aún presta, a los enemigos de España. Los embustes tienen muy buena prensa entre los que mandan porque son baratos y anónimos, como la cobarde mano que se esconde tras arrojar la piedra. No en vano fueron destacados miembros de la cofradía de los gobernantes los que excretaron frases como "una mentira cien veces repetida pasa por cierta" o "no dejes que la verdad te estropee una buena noticia". Sabido ello no es de extrañar que permanezcan, retozones ellos, por aquí y por allá malmetiendo y encizañando con su mendacidad. Todo porque siempre hay quienes prefieren dormir en un engaño que despertar de una pesadilla.

Pero es que despertar resulta tan fatigoso...