martes, 2 de junio de 2015

¿Qué les pasa a los españoles?

Años ha, un gran amigo norteamericano que ya no está por desgracia, se hacía esa retórica pregunta. Él conocía de sobra la Historia de España. Es muy posible que también le doliese España pese a haber nacido en Louisiana, no en vano me confesó en muchas ocasiones que "moral e históricamente" se sentía más vinculado a nuestra Nación que a la suya. Hay cosas que ni el cuerpo de Marines puede modificar.

"¿Qué les pasa a los españoles?" me decía y yo no encontraba respuesta. Venían a la mente muchos análisis, reflexiones, todo lo que se quiera, pero nada definitivo más allá de las frases de Bismarck ("Estoy firmemente convencido de que España es la nación más fuerte del mundo; los españoles llevan siglos queriendo destruirla y aún no lo han conseguido"); de Bartrina ("Si os alaba Inglaterra, será inglés; si habla mal de Prusia, es francés; pero si habla mal de los España, es español"); del duque de Wellington ("España es el único lugar del mundo donde dos más dos no suman cuatro"); de Chesterton ("No he visto nada más difícil que poner de acuerdo a dos españoles"); o Hitler ("No imagino soldados más valientes. Indisciplinados, desobedecen para retirarse, para cubrirse, desafían a la muerte. Pero sé que los nuestros están contentos y seguros cuando tienen a los españoles por vecinos de trinchera"); entre muchas otras que llenarían una enciclopedia con nuestras glorias y nuestras miserias, que de todo hay cuando se han hecho cosas que ninguna otra nación ha logrado igualar.

¿Qué les pasa a los españoles? Acaso lo mismo que cuando se arrebata malintencionadamente la esencia de algo: Que ya no es más lo que era. Los españoles son hijos primogénitos de la Cruz y de Roma, concibieron la Nación más antigua de Occidente y su lealtad al emperador romano consta en todos sus juramentos incluso cuando ya no había en Roma más que un hatajo de petulantes malhechores. Era el siglo VI y el español de entonces, llamado hispano, apuntaba maneras de que si el mundo no era de su gusto, él cambiaría la faz de la Tierra, como presentía sabiamente san Isidoro de Sevilla. Como siempre la traición y las luchas internas posibilitaron que una fe hostil y una raza agresiva invadiese su territorio. Entonces se percató que la Cruz, Roma y la Libertad de sus hijos eran lo mismo, e inició una Reconquista paciente teniéndolo todo en contra, sabiendo que la Córdoba musulmana era casi imbatible. Hijos de la esperanza y de la desesperación, capaces de lo mejor cuando todo está perdido y de lo peor cuando tienen todo a su merced, siempre con la grandeza que se intuye por hallarse cerca de la Eternidad. Si los españoles han extraviado, o se les ha extraviado, esa Cruz, ese inconsciente lazo con la Roma imperial que engrandecieron hasta su límite y ese inalienable amor por su Libertad, no lo duden: Es que ya no son españoles.

¿Qué les pasa a los españoles? Es complicado defender una Nación secuestrada y zarandeada por los lacayos que la han gobernado y la gobiernan, más pendientes de proteger a colectivos reducidos y poderosos, a la orden de tenidas y de discretas reuniones, que de salvaguardar el bienestar de sus nacionales. De Justicia Social en definitiva, que es lo que vertebra, de forma genuina e irreversible, a una nación para abrir un luminoso horizonte, una promesa, a todos sus hijos. No se puede esperar patriotismo de quienes no se sienten orgullosos de su país. Si el nacionalismo alimenta el odio contra los otros, el patriotismo únicamente, (y nada menos) pondera las virtudes nacionales. Por eso aquel es mezquino, mentiroso e indeseable mientras que este es generoso, veraz y fecundo.

¿Qué les pasa a los españoles? No hay peor división que la que se interioriza, ni peor engaño que el tenido por verdad. La sobrevalorada Ilustración sembró el enfrentamiento intestino en las viejas naciones con invenciones políticas de "izquierdas" y "derechas" con el único fin de debilitarlas y desmembrarlas. La vieja máxima de "divide y vencerás" ("divide et impera" en latín) fue aplicada sin cuartel y no es casualidad que las peores adversidades para nuestra Nación hayan sobrevenido desde entonces. Alguien se interesó hace algunas semanas por mi adscripción política... Simplemente le contesté que "soy español", y es cierto que en estos días esa respuesta presenta una significación por sí misma: Hoy se elige ser español por encima de cualesquiera otras consideraciones porque se ha permitido, cuando no se ha colaborado directamente, en la inoculación de un "Himalaya de mentiras" (como señaló el lúcido Besteiro) en las nuevas generaciones. Se creen cualquier cosa porque no se les ha enseñado a defenderse de esas patrañas y aquellos polvos trajeron estos lodos: Algo tan surrealista como ver a españoles renegando de ser españoles y que haya españoles que no consideren a su Patria como la casa que tienen que defender.

Y lo que no se defiende y se cuida, se pierde.