martes, 9 de junio de 2015

Libertades u ofensas

Esto de las libertades pone de manifiesto la inabarcable hipocresía de determinados sujetos. Según su enigmática (y previsible) ley del embudo, las libertades únicamente son de aplicación y de recibo cuando son ellos los que hacen uso y abuso de ellas. De ese modo cuando nos ofenden se amparan en la libertad de expresión y no hay quien les tosa, porque también se han atribuido (porque ellos lo valen) expedir certificados de demócratas. Como a nosotros merecer ese calificativo de la siniestra Ilustración nos la trae al pairo, vamos a analizar brevemente lo incongruente de sus fechorías.

Nos exigen respeto a sus opiniones. Bien, esto es razonable. Nosotros no tenemos ningún inconveniente en respetar sus bobadas, incluso cuando se hace machacona e indiscriminada apología de ellas en los medios de manipulación, que siguen las consignas del enemigo silenciándonos por sistema. Efectivamente, respetamos todos sus pareceres. Sin embargo no esperen la misma actitud si somos nosotros los que manifestamos nuestras certezas: Solamente hallarán insultos y calumnias contra nosotros.

Da la casualidad de que nosotros sí defendemos esto de la Libertad, que es una vía de doble sentido (y no una autopista para ofendernos por activa y por pasiva), y tanto la queremos preservar que la reivindicamos para nuestra Patria. Hoy España es una "doncella desvalida" (como afirmó Sánchez Dragó) en manos de oscuros intereses hostiles, con su Soberanía enajenada ante la atonía y cobardía de su sociedad, la traición de sus políticos y el secular egoísmo de una dinastía que nunca consideró a España más que como una herramienta al servicio de su Casa (ejemplos: para ello no hay más que leerse el Tratado de Utrecht-Rastadt, el Tratado de París de 1898, ver el comportamiento de los titulares de la Corona en 1808 o el vergonzoso episodio del abandono de una provincia española como era el Sáhara).

Claro que decir esto nos coloca en el punto de mira. Así se demuestra la veracidad de lo que afirmamos: Que ellos tienen todas las libertades (de expresión, de cátedra, de reunión, de asociación, etc) para debilitar y atacar a su país (como el tonto del pueblo que tiraba piedras a su tejado), mientras que nosotros no tenemos derecho a nada por ser patriotas. Nos impiden asociarnos para expresar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y honrar nuestras certezas porque estos individuos se hacen los ofendidos en tanto que nosotros tenemos que comulgar con sus endemoniadas ruedas de molino y soportar sus pitidos, sus blasfemias y las llamas con que queman nuestras banderas. Si sucede una emergencia nacional, nosotros iremos a defender nuestra Patria como hemos hecho siempre, para que luego ellos vuelvan a vomitar sobre los símbolos de la Nación más antigua de Occidente.