martes, 30 de junio de 2015

Hasta septiembre

Esta es la última edición de "Metaparte" del presente curso. Cuando regresemos, si Dios quiere, el martes uno del próximo septiembre es posible, sólo posible, que añoremos lo que ha sido este 2014-2015 porque el 2015-2016 se presenta tortuoso y complicado. E inquietante.

Comprendemos que haya personas que no quieran ver más allá de lo que les vendan los voceros a sueldo de Sión, flores y pajaritos de neganoicos que prefieren la ausencia de reflexión de una opinión pública que se halla bajo una narcosis preocupante, inducida y malintencionada. De veras que se puede entender. Sin embargo no existen flores ni pajaritos sino zarzas espinadas y buitres tan cobardes que únicamente aguardan el momento de abalanzarse sobre un difunto que ya no pueda defenderse. No hay peor ciego que el que se obstina en no querer ver lo que tiene delante.

No mencionamos nada, confiamos en que el lector esté avisado y sepa a qué eventos, que ya los tenemos encima, son los que referimos sin citarlos con temor, angustia y, ¿por qué no?, con un poso de esperanza. Dicen que no hay parto sin sangre. Lo malo es que no sabemos a quien pertenecerá aunque lo sospechemos. Siempre caen los que ya cayeron antes para el mundo.

Nos despedimos hasta el uno de septiembre. Ni siquiera sabemos, porque está en manos de la Providencia, si habrá un amanecer que se bautice con esa denominación, pero si lo hay, por encima de guerras y rumores de guerras, de crisis que no cesan, de carroñeros venteando podredumbre, de mordazas democráticas, de democracias nausebundas y tiránicas; por encima de todo eso, tengan la certeza de que acudiremos a encontrarnos con ustedes para ofrecerles una visión del mundo, tan amplia como desgarradora, para instarles a que recuperen las riendas de sus propias vidas y desconfíen del que manda.

Porque detrás de ese hay otros que mandan más y con mayor maldad.



martes, 23 de junio de 2015

De rodillas (No olvidamos 1898)

Hay algunas personas que no se enteran. O bien no quieren enterarse. Hemos dicho infinidad de veces que la Historia es maestra de la Vida, y que únicamente es necesario conocerla, o asomarse a la veraz, que no es tan inaccesible, para percatarse de los riesgos que se asumen cuando se pretende humillar a una nación entera que no es responsable del expolio que han realizado sus gobernantes. Sí lo es de haberles votado y de haber consentido ese engaño, pero en el pecado va la penitencia y pasar por estúpidos ya es bastante bochornoso.

Estos neoliberales que transpiran marxismo en cada una de sus palabras desde que escupen aquello de que "la economía es lo más importante", amigos de la Globalización y de ese fantoche infecto que es el Nuevo Orden Mundial que nos quieren colar con Tratados elaborados y suscritos a espaldas de la ciudadanía, deberían de saber (puede que su estupidez no se lo permita) que poner de rodillas a las naciones es semilla segura de una cosecha de crueles conflictos. Claro que también puede ser eso lo que buscan, nada es descartable entre esta gentecita que se reparte entre petulantes petimetres, ignorantes sin sueldo, voceros en nómina y hermanos de logia. Dignos hijos de la Ilustración que cuenta por millones y millones los difuntos que ha causado.

Mirando el espejo griego cabe afirmar, no ya como opinión sino como certeza rotunda y contundente, que es absolutamente preciso recuperar la Soberanía Nacional para comenzar a gobernar este viejo país. Que si no se asegura la defensa íntegra del territorio español, no nos sirve de nada pertenecer a la OTAN. Que si nuestras industrias han sido desmanteladas y malvendidas por una serie de gobiernos incompetentes y/o corruptos para formar parte de un invento cuyo recorrido, tal como está planteado, está agotado; debemos escapar de esa trituradora de sociedades. Que no podemos ponernos en el punto de mira, jugando a una ruleta rusa, ofreciendo nuestra Nación (a una potencia que nunca nos ha tratado en pie de igualdad) como base de unas operaciones cuyo alcance y objetivos desconocemos. Y sobre todo porque nos sobran gobernantes que no sienten España como un legado para nuestros hijos, repartiéndose un botín que es nuestra Patria entre ancianos con amistades entrañables que pagamos todos, miembros del partido (diferentes siglas para la misma mierda de sistema) pensando en su retiro, y empresas oligopolistas más pendientes de depredar a los consumidores a golpe de BOE que de atenderlos como, se supone, es propio de un libre mercado que no es una cosa ni la otra. 

Esto, a grandes rasgos, es España hoy. Un puñado de buitres carroñeros y de parásitos alimentándose de ustedes. Pregúntense si eso es lo que quieren dejar a sus descendientes.


martes, 16 de junio de 2015

Si vis pacem...

Si vis pacem para bellum ("Si quieres la paz, prepara la guerra"). La vieja frase romana no se ha equivocado en siglos, y es cierto, por desgracia, que la mejor manera de preservar la paz es mediante un sutil juego disuasorio en que el enemigo no tenga claro que vaya a salir ganando si le da por atacarnos. El miedo que guarda la viña también lo corrobora.

Sin embargo, también es cierto que prepararla demasiado logrará que el enemigo no tenga otra alternativa que defenderse, también por esa antigua máxima que reza que dos se terminarán pegando si uno de ellos se empeña en ello. No hay diálogo posible con el psicópata que pretende matarte, como no lo hay con los gobiernos de unas naciones que no contemplan otra salida a sus males y miserias que acabar con sus crisis y excedentes del mercado laboral ("parados" vamos, que deshumanizar semánticamente a las víctimas es el primer paso hacia las fosas comunes) que a golpe de misil y de bayoneta. Les ido salido bien hasta ahora, y la mezcla de criminales y lacayos que rigen los Destinos de Occidente creen, erróneamente, que en esta ocasión será lo mismo: Unos cuantos millones o cientos de millones de caídos para instaurar su perverso Nuevo Orden Mundial sin que nadie rechiste, con el Hombre esclavizado, controlado y escaneado hasta la arcada. Cuantos más muertos mejor, y mejor si son patriotas, que son los que acuden a defender a sus países cuando tocan a rebato, para que luego no estorben y puedan pastorear los rebaños que hoy en día son las sociedades de medio mundo. El otro medio será un pacífico cementerio.

Así que muy serio y muy grave tiene que ser lo que andan preparando cuando nos entretienen con la cortina de humo de la política española (sustituya por el país del que se trate), convertida en un circo, en una farsa donde medran personajes corrompidos, tipejos sin escrúpulos e/o iluminados de la misma pasta que Lenin, Stalin y Pol Pot. Cuando un Sistema únicamente ofrece las opciones de seguir en la sartén o caer al fuego, no se engañen: Hay que cambiarlo de parte a parte y echar abajo todo el decorado para desenmascarar a los causantes del daño que nos están infligiendo.

Por desear la paz, por patriotismo y por supervivencia.



martes, 9 de junio de 2015

Libertades u ofensas

Esto de las libertades pone de manifiesto la inabarcable hipocresía de determinados sujetos. Según su enigmática (y previsible) ley del embudo, las libertades únicamente son de aplicación y de recibo cuando son ellos los que hacen uso y abuso de ellas. De ese modo cuando nos ofenden se amparan en la libertad de expresión y no hay quien les tosa, porque también se han atribuido (porque ellos lo valen) expedir certificados de demócratas. Como a nosotros merecer ese calificativo de la siniestra Ilustración nos la trae al pairo, vamos a analizar brevemente lo incongruente de sus fechorías.

Nos exigen respeto a sus opiniones. Bien, esto es razonable. Nosotros no tenemos ningún inconveniente en respetar sus bobadas, incluso cuando se hace machacona e indiscriminada apología de ellas en los medios de manipulación, que siguen las consignas del enemigo silenciándonos por sistema. Efectivamente, respetamos todos sus pareceres. Sin embargo no esperen la misma actitud si somos nosotros los que manifestamos nuestras certezas: Solamente hallarán insultos y calumnias contra nosotros.

Da la casualidad de que nosotros sí defendemos esto de la Libertad, que es una vía de doble sentido (y no una autopista para ofendernos por activa y por pasiva), y tanto la queremos preservar que la reivindicamos para nuestra Patria. Hoy España es una "doncella desvalida" (como afirmó Sánchez Dragó) en manos de oscuros intereses hostiles, con su Soberanía enajenada ante la atonía y cobardía de su sociedad, la traición de sus políticos y el secular egoísmo de una dinastía que nunca consideró a España más que como una herramienta al servicio de su Casa (ejemplos: para ello no hay más que leerse el Tratado de Utrecht-Rastadt, el Tratado de París de 1898, ver el comportamiento de los titulares de la Corona en 1808 o el vergonzoso episodio del abandono de una provincia española como era el Sáhara).

Claro que decir esto nos coloca en el punto de mira. Así se demuestra la veracidad de lo que afirmamos: Que ellos tienen todas las libertades (de expresión, de cátedra, de reunión, de asociación, etc) para debilitar y atacar a su país (como el tonto del pueblo que tiraba piedras a su tejado), mientras que nosotros no tenemos derecho a nada por ser patriotas. Nos impiden asociarnos para expresar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y honrar nuestras certezas porque estos individuos se hacen los ofendidos en tanto que nosotros tenemos que comulgar con sus endemoniadas ruedas de molino y soportar sus pitidos, sus blasfemias y las llamas con que queman nuestras banderas. Si sucede una emergencia nacional, nosotros iremos a defender nuestra Patria como hemos hecho siempre, para que luego ellos vuelvan a vomitar sobre los símbolos de la Nación más antigua de Occidente.


martes, 2 de junio de 2015

¿Qué les pasa a los españoles?

Años ha, un gran amigo norteamericano que ya no está por desgracia, se hacía esa retórica pregunta. Él conocía de sobra la Historia de España. Es muy posible que también le doliese España pese a haber nacido en Louisiana, no en vano me confesó en muchas ocasiones que "moral e históricamente" se sentía más vinculado a nuestra Nación que a la suya. Hay cosas que ni el cuerpo de Marines puede modificar.

"¿Qué les pasa a los españoles?" me decía y yo no encontraba respuesta. Venían a la mente muchos análisis, reflexiones, todo lo que se quiera, pero nada definitivo más allá de las frases de Bismarck ("Estoy firmemente convencido de que España es la nación más fuerte del mundo; los españoles llevan siglos queriendo destruirla y aún no lo han conseguido"); de Bartrina ("Si os alaba Inglaterra, será inglés; si habla mal de Prusia, es francés; pero si habla mal de los España, es español"); del duque de Wellington ("España es el único lugar del mundo donde dos más dos no suman cuatro"); de Chesterton ("No he visto nada más difícil que poner de acuerdo a dos españoles"); o Hitler ("No imagino soldados más valientes. Indisciplinados, desobedecen para retirarse, para cubrirse, desafían a la muerte. Pero sé que los nuestros están contentos y seguros cuando tienen a los españoles por vecinos de trinchera"); entre muchas otras que llenarían una enciclopedia con nuestras glorias y nuestras miserias, que de todo hay cuando se han hecho cosas que ninguna otra nación ha logrado igualar.

¿Qué les pasa a los españoles? Acaso lo mismo que cuando se arrebata malintencionadamente la esencia de algo: Que ya no es más lo que era. Los españoles son hijos primogénitos de la Cruz y de Roma, concibieron la Nación más antigua de Occidente y su lealtad al emperador romano consta en todos sus juramentos incluso cuando ya no había en Roma más que un hatajo de petulantes malhechores. Era el siglo VI y el español de entonces, llamado hispano, apuntaba maneras de que si el mundo no era de su gusto, él cambiaría la faz de la Tierra, como presentía sabiamente san Isidoro de Sevilla. Como siempre la traición y las luchas internas posibilitaron que una fe hostil y una raza agresiva invadiese su territorio. Entonces se percató que la Cruz, Roma y la Libertad de sus hijos eran lo mismo, e inició una Reconquista paciente teniéndolo todo en contra, sabiendo que la Córdoba musulmana era casi imbatible. Hijos de la esperanza y de la desesperación, capaces de lo mejor cuando todo está perdido y de lo peor cuando tienen todo a su merced, siempre con la grandeza que se intuye por hallarse cerca de la Eternidad. Si los españoles han extraviado, o se les ha extraviado, esa Cruz, ese inconsciente lazo con la Roma imperial que engrandecieron hasta su límite y ese inalienable amor por su Libertad, no lo duden: Es que ya no son españoles.

¿Qué les pasa a los españoles? Es complicado defender una Nación secuestrada y zarandeada por los lacayos que la han gobernado y la gobiernan, más pendientes de proteger a colectivos reducidos y poderosos, a la orden de tenidas y de discretas reuniones, que de salvaguardar el bienestar de sus nacionales. De Justicia Social en definitiva, que es lo que vertebra, de forma genuina e irreversible, a una nación para abrir un luminoso horizonte, una promesa, a todos sus hijos. No se puede esperar patriotismo de quienes no se sienten orgullosos de su país. Si el nacionalismo alimenta el odio contra los otros, el patriotismo únicamente, (y nada menos) pondera las virtudes nacionales. Por eso aquel es mezquino, mentiroso e indeseable mientras que este es generoso, veraz y fecundo.

¿Qué les pasa a los españoles? No hay peor división que la que se interioriza, ni peor engaño que el tenido por verdad. La sobrevalorada Ilustración sembró el enfrentamiento intestino en las viejas naciones con invenciones políticas de "izquierdas" y "derechas" con el único fin de debilitarlas y desmembrarlas. La vieja máxima de "divide y vencerás" ("divide et impera" en latín) fue aplicada sin cuartel y no es casualidad que las peores adversidades para nuestra Nación hayan sobrevenido desde entonces. Alguien se interesó hace algunas semanas por mi adscripción política... Simplemente le contesté que "soy español", y es cierto que en estos días esa respuesta presenta una significación por sí misma: Hoy se elige ser español por encima de cualesquiera otras consideraciones porque se ha permitido, cuando no se ha colaborado directamente, en la inoculación de un "Himalaya de mentiras" (como señaló el lúcido Besteiro) en las nuevas generaciones. Se creen cualquier cosa porque no se les ha enseñado a defenderse de esas patrañas y aquellos polvos trajeron estos lodos: Algo tan surrealista como ver a españoles renegando de ser españoles y que haya españoles que no consideren a su Patria como la casa que tienen que defender.

Y lo que no se defiende y se cuida, se pierde.