martes, 5 de mayo de 2015

Una tiranía democrática

Fue Churchill, político sobrevalorado por vencer en una guerra, el que dijo, hacia 1947, que "la Democracia es el menos malo de los sistemas políticos". La frase era mucho más larga y densa, pero su resumen bien pudiera ser el que ha trascendido abreviadamente. La ambigüedad de su posición, sus razonables dudas quedan completamente de manifiesto con una cita demoledora: "El mejor argumento contra la Democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio". Otro elemento, digno hijo de esa Ilustración que sólo puede ser defendida desde la manipulación, de nombre Benjamín Franklin, aseveró que "la Democracia son dos lobos y un cordero votando sobre los ingredientes de la comida", y sabía de lo que hablaba porque él se contaba entre los lobos.

La Democracia no es un fin en sí mismo, ni es tolerable un estado corrompido hasta la médula simplemente porque se trate de una "democracia". Es más, el simple hecho de que la corrupción campe por sus respetos la deslegitima absolutamente y constituye una afrenta para la nación que la soporta porque, precisamente por ser una "Democracia", la convierte en cómplice por tolerar todos sus desatinos. No nos vale la disculpa de que hay que acatar la decisión de la mayoría, cuando se está extraviado tanto da uno como cien mil y es necesario señalar y denunciar el disparate para corregirlo.

Una democracia corrupta es la peor tiranía porque no es más que un sepulcro blanqueado y disfraza el interés de una mafia abyecta, mezquina y ruin, que es la que manda, con los vistosos ropajes del bien común y el progreso del país. Y todo eso es mentira, algo que se puede comprobar meridianamente viendo como saltan personajes de los sucesivos gobiernos a los consejos de administración de los oligopolios que se han visto beneficiados con sus decisiones. Que nada tenían que ver con el bien común, al igual que la legión de enchufados incompetentes que dejarán en la administración.

Efectivamente, puede ser que la Democracia sea el menos malo de todos los sistemas políticos, cuando es como debe. Hasta puede ser que sus partidos tengan un funcionamiento ejemplar y patriota, lejos de la permanente traición que es fragmentar la voluntad de una nación para debilitarla y así favorecer a sus enemigos. Incluso es posible que sus próceres sean personas de lealtad nacional inquebrantable, moral intachable, desapegados del vil metal y de espartanas costumbres... Sin embargo es entonces cuando uno se percata de que la anterior descripción no es más que wishful thinking, y que la realidad es justamente la opuesta sin que nadie haga nada porque "al menos vivimos en una democracia", como si ese ungüento argumental neutralizase el hedor.

Pero el hedor sólo es posible combatirlo acabando con la fuente de la que procede. Cuando algo está podrido, hay que limpiar y reemplazarlo. Y si es una democracia, como se presume, sería fácil (no lo es, ya se encargan de silenciarnos) que se nos diese oportunidad de abrir los ojos y las entendederas de esa mayoría a la que se ha sumido en un conveniente coma inducido. Claro que, ¿y si en realidad no viviésemos en una democracia?