martes, 28 de abril de 2015

Mejor ser cabeza de ratón que cola de león

Uno, que va acumulando años como quien colecciona piedras que encuentra por el camino, recuerda muchos consejos de sus mayores. Fruto de la sabiduría sedimentada generación tras generación, de desengaños, desencuentros y decepciones, que eso y no otra cosa es el refranero que adorna a las distintas lenguas que lo atesoran. Si es cierto que nadie escarmienta en cabeza ajena, también lo es que no se deberá a que no esté advertido.

"Es mejor ser cabeza de ratón que cola de león", te aleccionaban. Un frase metafórica que la primera vez que se escucha deja un poso de desconcierto por la aparente paradoja que sugiere. Es evidente que los ratones tendrán más aprecio por su testa que un león por su rabo, como evidente es que resulta más conveniente, según las circunstancias, pasar desapercibido que destacar. Muy a menudo es más operativo y letal algo reducido y sigiloso que su opuesto imponente y llamativo. Si el factor que se maneja es tan sensible como la premura, siempre es deseable lo escaso pero bueno a lo numeroso sin seso.

Ahora nos inoculan, o eso pretenden, de manera machacona, desabrida, insistente, las bondades de una estúpida globalización que únicamente favorece a un limitado grupúsculo de psicópatas que opina que en el mundo sobramos todos menos ellos. Y para lograr tal objetivo crean planes tipo Kalergi, MK Ultra o Andinia (sí, se puede pensar que es Conspiranoia, pero a los hechos y a las consecuencias nos remitimos); o destinan ingentes recursos y mentiras, en el que los medios de manipulación no son sino un peón más, para convencer a la opinión pública de todos los países que es mejor, incluso lo mejor como única alternativa, formar parte de entidades supranacionales que disuelvan como un azucarillo las identidades nacionales, seculares en el caso de Europa. También se denomina Nuevo Orden Mundial.

De ese modo vemos como, por desgracia, se pretende destruir el tejido social de las viejas naciones con enfrentamientos regionales, de conciencia y/o de género mientras que los nacionales poco o nada documentados claman por hacer el harakiri a sus naciones para ser cola de león de engendros (como la Unión Europea, la OTAN o el pavoroso TTIP) en los que la libertad desaparece, la inmoralidad es una constante, los oligopolios corrompen, la soberanía es una quimera y los mandatarios son unos oscuros elementos de los que se ignora todo salvo que les basta esbozar un gesto para liquidarnos. Así se gestó el colosal timo del euro o la última crisis financiera, diseñada para diezmar dramáticamente las clases medias reventando sus salarios, que son su medio de vida, desarraigar a la población autóctona europea y culminar su paulatina sustitución por colectivos foráneos manifiestamente hostiles a los que se auxilia ostentosamente en detrimento de los nacionales que engrosan irremediablemente un creciente ejército de menesterosos. No hay peor ciego que el que no desea ver lo que tiene delante.

Por eso no es de extrañar que los distintos gobiernos nacionales no sean y no quieran ser, obedientemente, más que una cola de león lista para ser sacrificada si el momento dicta que es lo conveniente... 

Porque los pueblos de los países que presuntamente gobiernan no son ni eso para ellos.