martes, 7 de abril de 2015

Justicia poética

A menudo uno se da de bruces con algún caso en el que la fechoría de un individuo se vuelve contra él mismo. A este inusual (por desgracia) suceso han venido a denominarlo como "justicia poética", lo que no deja de sonar un poco cursi, aunque puede que se deba a la rima de Némesis que cierra una estrofa que nunca debiera de haberse iniciado. Los expertos (haberlos haylos) de la mente lo llaman "justicia inmanente" que es más neutro, pero reconozco que no tiene tanto encanto como el que da título a este editorial. 

Así que cuando un elemento hace una judiada (veremos cuánto aguanta esta voz en el DRAE), y las consecuencias de su acto se vuelven contra sí mismo, disfrutamos de una suerte de pequeño prodigio, tal que si un mamarracho escupe al cielo y después le empapan de lleno sus propias miasmas. Jolgorio asegurado y fe renovada en que sí, perezosa y torpe, acaso por llevar los ojos vendados, la Justicia atina en ocasiones en mortificar a quienes tanto dolor y quebranto siembran entre indefensos inocentes.

Sin embargo, una gota de agua no hace océano igual que una nube no tiene porqué anunciar tempestad. Este enloquecido mundo que terminó de estropear la sobrevalorada Ilustración sigue espantando a los que, milagrosamente, aún tenemos capacidad para ello, quizás como signo postrero de cordura. Seguimos soportando que se masacre a cristianos en cualquier parte del globo sin que los medios de manipulación apenas hagan aséptica mención de ello, más como advertencia que como revulsivo; seguimos soportando que los corruptos continúen robando y seguimos soportando que políticos sin ninguna idea de patria nos sigan mintiendo mientras nos embarcan en aventuras complicadas e inciertas.

Por favor, que la Justicia deje de jugar a la "gallinita ciega" y que se olvide de rimas. Pocos versos superan ver derrotado al Mal por sus propias manos.