martes, 24 de febrero de 2015

Terremoto

Es posible que España precise de un terremoto. No como el acaecido ayer en algunos lugares de la geografía nacional, sino uno que afectase a los rostros de hormigón armado que se pasean por nuestro país, mintiendo compulsivamente y comportándose como si les debiésemos algo cuando en realidad únicamente merecen nuestro desprecio.

Decir que España no está en crisis, o en un desastre diario para ser más consecuente con la situación que tenemos, es de una mendacidad propia de una maldad dificilmente superable. Creíamos que no se podía esperar nada peor de Rodríguez Zapatero y ello no nos soprendía, pero he aquí que lo que no se esperaba es que fuera a tener continuidad en una tercera legislatura ya sin su concurso al frente del ejecutivo. Porque eso ha sido la mayoría absoluta del Partido Popular: Mentiras y seguir en la senda que ya marcó (o que otros han marcado) el partido que le precedió en el gobierno.

Es tan sencillo como aplicar este ejercicio. Cuando uno vive de prestado hasta el punto de que TODO lo que tiene (e incluso más) lo debe para varias generaciones, no puede alardear de que su economía ha salido de ningún abismo porque sigue en ello. Tan sencillo como este razonamiento. Sería tan estúpido como el indigente al que le prestan un dinero que no puede devolver de ninguna manera y se marcha a hacer un crucero: Por mucho que pondere y presuma de lo bien que está haciendo las cosas porque está viviendo (en ese instante) muy bien, las razones de la realidad son tercas y llegan a la misma conclusión. Recuerda que eres mortal, y que estás viviendo de prestado.

Sin embargo, lo peor es que ni siquiera está de crucero el españolito medio. Con una natalidad española (ojo, la española de verdad) que está con encefalograma plano, con unos empleos de miseria que se aceptan porque la expectativa de vivir debajo de un puente no es seductora, con los que se acercan a la cincuentena de edad sabedores de que lo van a tener muy complicado para jubilarse y no digamos ya para cobrar una pensión por la que están cotizando y por la que seremos estafados por el estado en el futuro, por poner unos someros ejemplos, el terremoto de ayer casi parece un guiño del planeta que soporta nuestras pisadas.

Rostros de hormigón armado y me quedo corto porque los ingenieros de la industria militar ya quisieran un material así para blindar un nuevo tipo de carro de combate. Parlotean mentiras y falsedades, una tras otra, da igual la marca o el títere que suelte la parida y se quedan tan anchos. Hablan de "estado de bienestar" cuando el auténtico estado de bienestar se empezó a desmontar en 1980 con el Estatuto de los Trabajadores, por recordar aquello de que antes de esta superdemocracia dirigida y tutelada, los "productores", como se les llamaba, tenían ese raro privilegio, hoy parece que de fábula, de tener un trabajo para toda la vida. Hablan de "excelencia académica" cuando hoy la universidad concede el grado a titulados a los que da pena oír hablar, sin olvidar además de que es el cortijo de aquellos que piensan que la "economía lo es todo". Curiosamente como el marxista presidente del gobierno que se pavonea en el debate sobre el estado de la nación cuando es imprescindible un debate sobre cuál es la nación de este estado que esconde sus símbolos, se avergüenza de su Historia, discrimina españoles hasta el punto de fomentar su genocidio, masacra fiscalmente a las clases medias para beneficiar a la banca y disuade a cualquier emprendedor cuando comprueba el cariz de las mentiras gubernamentales sobre ayudas. Lo mismo que sucede cuando se araña un poco en la superficie de las ayudas y medidas que cacarean.

Lo único que cabe decirles a estos señores, a los de las marcas electorales de esta democracia tarada y embustera, es aquello de que "no me ayuden tanto que me van a matar".

Puede que sea eso lo que pretendan...