miércoles, 7 de enero de 2015

Las avestruces

Dice el tópico que las avestruces entierran su cabeza cuando perciben un peligro. Como si no percibiendo la emergencia, la situación tampoco reparase en la avestruz y pasase de largo. Injusto como son la mayoría de los tópicos, la realidad nos dice que no es así, que las avestruces no hacen ese disparate. No son muy inteligentes, pero no alcanzan semejante extremo de estupidez. Así, lo que sucede realmente, es que cuando distinguen a un depredador salen corriendo. No están entre los animales más agudos de la Creación, pero poseen el instinto de supervivencia del que parecen carecer algunos miembros, muy numerosos, de los autoproclamados reyes de esa Creación.

Les confieso que no sé muy bien la razón, pero este año recién inaugurado no me da buena espina. Las peores tragedias vienen precedidas de calma chicha, incluso de noticias que pueden apuntar en sentido opuesto al designio del Destino, si se cree en ello. Se mejora un poquito, como se encargan de difundir y divulgar los medios de manipulación, y un buen día, sin aparentemente nada que lo anunciase, se presenta la terquedad de los hechos. Hechos que no suelen dejar impunes endeudar países hasta las cejas, infiltrar hostilmente su tejido social, desmontar su economía productiva a mayor y oscura gloria de ciertos potentados y/o promover, patrocinar y fomentar el genocidio encubierto de las sociedades occidentales mediante esa aberración a la que llaman aborto y que no es otra cosa que reeditar continuamente la matanza de los Santos Inocentes. Cosas de sociedades desarrolladas, sin duda.

Son muchos los datos que apuntan en la dirección de mis tenebrosos presagios. Ojalá que todo sea una prevención excesiva, como la de los felinos escaldados que rehuyen siquiera el agua fría, y celebremos, por estas fechas en 2016, que las sombras van quedando atrás, que no hay unos pocos orates queriendo disminuir la población mundial a menos de un 10% de los que ahora somos; y/o que su codicia no pretende derruir las viejas naciones para sustituirlas por una distopía totalitaria y diabólica en la que todo lo relacionado con Cristo sea atacado o parodiado. Bien se deduce de la reiterada y clamorosa ausencia del Niño Jesús en las fechas que recuerdan su Nacimiento, sustituido por un nebuloso espíritu navideño personificado en un sujeto que se cuela por sucias chimeneas; o las esperpénticas Cabalgatas de los Reyes Magos, más cercanas a un aquelarre carnavalesco que al símbolo del Oro, el Incienso y la Mirra. Ojalá que todo se haya diluido como el agitado y mudo temor que acompaña al despertar de una pesadilla.

O puede que la actitud de enterrar la cabeza no sirva de nada y el enemigo siga a lo suyo, que es procurar engañarnos para no suscitar ninguna reacción más que la de meter la cabeza en el fango que nos arrojan. Por cierto que son legión aquellos que se creen todo y prefieren sepultarse, no sólo la testa, sino el cuerpo entero para ir cogiendo el sitio al que nos quieren consignar los próceres que realmente deciden, de los cuales los lacayos que dicen gobernar no son más que títeres.

Fíjense que preferimos tener los ojos bien abiertos y la mente bien despierta. Que Dios nos asista en este 2015.