martes, 13 de enero de 2015

Blow Up

No somos amigos de anglicismos, pero este editorial será la excepción que confirme la regla. Blow up se puede traducir como "detonación", "enfado", "explosión", incluso como un acontecimiento que supone un giro dramático en la evolución de algo. En jerga fotográfica se refiere a la ampliación que se realiza para examinar un detalle, tal como se hace hoy en día con un movimiento de dedos en las fotografías que circulan por redes sociales y demás herramientas de mensajería. De ahí le vino el título a una magnífica película, dirigida por Antonioni en 1966, basado en un relato del gran Cortázar.

Alcanzado este punto, nuestro paciente lector se preguntará, "¿y adónde quieren llegar estos agitadores de Metaparte?". Pues seguimos el hilo argumental de la película. En ella, un fotógrafo profesional anda haciendo instantáneas de un parque londinense. Todo muy bucólico y anodino. Cuando revela las fotografías encuentra algo en ellas que se le había pasado desapercibido al inmortalizar las imágenes: Un cadáver casi oculto por la vegetación. Apariencia y realidad, realidad y apariencia, siempre en danza, siempre dispuestas a seducir al Hombre para beneficio de alguien.

Francia fue sacudida, hace escasos días, por una serie de hechos luctuosos. Un par de musulmanes asaltaron y asesinaron a los colaboradores de una revista humorística que basa su humor en el mal gusto y en la provocación. Evidentemente el que se lamenten esas muertes no nos va a hacer abdicar de que critiquemos una publicación en la que no vemos la menor gracia, pero ya se sabe que estos son tiempos propicios para lo soez, lo chabacano y la exaltación de lo feo. Casi simultáneamente, otro individuo de la misma religión tomaba rehenes en un supermercado muy sectario dedicado a productos judíos de consumo, con el mismo y espantoso resultado de crimen y muerte, lo que resulta condenable y lo condenamos, sin llegar a desfilar hipócritamente en manifestaciones para mayor gloria de la gentuza que gobierna Occidente, ni la patochada de cambiar nuestro nombre: En efecto, no nos llamamos Charlie, sino Metaparte, y a mucha honra. Hasta aquí la realidad. Pero, ¿y si no fuera realmente la realidad sino un cúmulo de apariencias para engañar, para debilitar?

Basta que alguien grabe una escena con un dispositivo para que esa escena sea el paradigma de las verdades verdaderas. Lo malo es que hay unas personas muy empeñadas en tomar el pelo a la opinión pública para manipularla y atraerla a los objetivos que quieren imponernos: Más mordaza, más censura por parte del sistema, mayor pinza islamo-sionista contra las naciones europeas, mayor persecución de todos los que nos desmarcamos de un Nuevo Orden Mundial que no es nuevo, que no es más que puro caos y que de "mundial" tiene poco porque viene de la mano de unas élites que andan como posesas; ya sea con cuentos como el del calentamiento global o cualesquiera otro malthusianismo, para reducir la población del género humano a la mínima expresión de 500 millones de almas. Las suyas que es posible que ni la tengan, claro.

Así que nos remitimos a las dudas. Cuando contemplar la realidad se parece a estar viendo una película, dejénse guiar por su intuición e infórmense de la realidad (sin cursiva) al margen de la cantinela de los medios de manipulación, todos sirviendo a las mismas ideas y postulados. Descubrirán que la realidad supera en matices y en mala sombra a la apariencia que nos están proyectando. Adquieran una visión de conjunto con precedentes sin aparente conexión con lo que están narrando, por ejemplo, algún detalle disperso, como que el CEO de una compañía de petróleos gala muera en un accidente. En ese enloquecido baile sin música que protagonizan apariencia y realidad, nunca faltan las casualidades para enredar todavía más. Les espantará lo que intuyan, sin duda, pero no tener vendas en los ojos le hace a uno más libre.

En nuestro anterior Editorial dijimos que albergábamos oscuros presagios sobre este año. Como el fotógrafo de Blow Up, cada vez que estudiamos meticulosamente las fotos de la apariencia, estas nos escupen una realidad amenazadora y terrible. Es tiempo de que se pregunten, honestamente, si quieren conocer su realidad para vivir como seres humanos o vegetar como borregos bajo las apariencias que les convienen a otros.