martes, 9 de diciembre de 2014

Ley sin Justicia

Se supone que una de las pretensiones de cualquier ordenamiento jurídico vinculado a una democracia es la de ser justo. O, como mínimo, lo más justo posible. Desde Hammurabi y su código legal, este ha sido el objetivo permanente. Pero, ¿cuál ha sido el motivo que ha empujado al Hombre a buscar una sociedad justa?.

Cuando nacemos no tenemos nada garantizado. Venimos a un mundo caótico sin más bagaje que nuestra desnudez. Estamos indefensos en una existencia amenazada, segundo tras segundo. Para defenderse, los seres humanos constituyeron comunidades, primero sencillas, cimentadas en lazos de sangre y parentesco; con el paso de los siglos, estas forjaron sociedades más y más complejas, donde el vínculo trasciende ya la consanguinidad y se fundamenta sobre otros basamentos. Uno de ellos es la idea de un marco legal justo e igual para todos sus miembros, fácil de enunciar, acaso utópico de aplicar.

El Hombre, en su afán de superación, impregnado profundamente por la fe religiosa y consciente de que la Vida no es justa, quiso que las relaciones con sus iguales y con su entorno estuvieran sometidas a un ordenamiento (de “orden”) objetivo frente al caos que le circunda, sin lógica alguna y aún menos concierto. Era “su” orden, un asidero y un referente para proclamar al Universo entero su negación de la entropía; su estructura de justicia, lo creó desafiante y con carácter estable por encima del paso de las generaciones, donde el culpable de un delito era castigado y la víctima era compensada por el mal recibido. Justicia sencilla e inmediata, acaso brutal y desproporcionada, pero no debemos mirarles por encima del hombro: En nuestros cómodos siglos XX y XXI los verdugos no han tenido desempleo, más todavía en ciertos países, por causas más peregrinas y muy distantes de la Justicia…

Aunque coloquialmente se tienda a confundir la “ley” con la “Justicia” (también el Poder tiene en ello un interés bastardo), cada vez somos más los que distinguimos la una de la Otra. La ley persigue ser un reflejo de la Justicia, que está por encima del Hombre. La ley es humana, puede estar equivocada y ser nefasta; la Justicia, sin embargo, es un concepto superior: Es de Dios (si se es creyente) y/o está en la esfera de la metafísica (si se es ateo). La ley se arrastra por el suelo, conviviendo con los Hombres, y la Justicia se eleva en los cielos, observándonos desdeñosamente. Y también preocupadamente, porque contemplaba a la ley como su sosias y ve como se diferencia peligrosamente con el paso del tiempo. La ley no quiere ser justa ya, sino “conveniente” para el que gobierna, del mismo modo que el que gobierna ya no busca la gloria de su Patria a corto y a largo plazo sino el ir parcheando el día a día sin que le estropee las próximas elecciones. Antaño gobernaban héroes, capaces de rendir sus vidas por altos ideales; hogaño, y siendo magnánimos, trapichean prestidigitadores, encantadores de serpiente que dan bien ante unas cámaras. Su busto será hermoso, quizá, a quien le guste, pero sin seso. Antaño ley y Justicia iban cogidas de la mano como hija y madre. Hoy la hija se ha emancipado y no quiere ser como su madre, a la que detesta como una antigualla.

Pero si la ley se creó para que una sociedad no fuera presa de la anarquía que supondría que cada hijo de vecino se tomase la ”justicia” por su mano, en una cadena de venganzas imparable; una ley errada puede traer las mismas consecuencias indeseables. Si la ley no repara, no sirve, es imperativo cambiarla. Si el principio básico de la Justicia, conocido por todos, es el de castigar al culpable y consolar al perjudicado, se puede afirmar que en España ni el más pequeño destello perdura. La ley se interpreta o incluso “prescribe” a discreción del que manda. Reflexionen acerca de este ejemplo…

Un asesino, con numerosos crímenes a su espaldas, más que algún psicópata asesino en serie, sin haber mostrado el menor gesto de arrepentimiento (muy al contrario) es puesto en libertad para que pueda “vivir” (sí, “eso” que ya no harán sus asesinados) compartiendo la misma vecindad que algunas víctimas. Sangre y escarnio. Sale “barato” matar en España en nombre del disparate más endiablado.

En esta España aberrante y espantosa, como la ley nada tiene que ver con la Justicia, uno puede eludir una pena de cárcel si dispone de buenos abogados y mejores parentescos. Habrá unos cuantos incautos que se rasguen las vestiduras y en dos semanas nadie se acordará. Se pueden dedicar calles, avenidas y plazas a asesinos separatistas; no pasará nada, habrá unos cuantos incautos que se rasguen las vestiduras y en dos semanas nadie se acordará. Se puede estafar a la sociedad entera con corrupciones, prevaricaciones y chanchullos varios; no pasará nada, habrá unos cuantos incautos que se rasguen las vestiduras y en dos semanas nadie se acordará. Se puede ultrajar a la patria; no pasará nada, habrá unos cuantos incautos que se rasguen las vestiduras y en dos semanas nadie se acordará. Y así…

Opuestamente intenten “meterse” con alguno de los “graciosos” políticos que soportamos. Les caerá la ley encima y, paradoja gravitatoria, si es liviana en otros casos, en este será aplastante. No teniendo más que clamoroso deshonor por sus actos, la torticera ley que padecemos les asistirá en su derecho al honor, lo que en sí mismo es un sangrante oxímoron.

Justicia y ley, ¡qué tiempos aquellos en que eran términos sinónimos!. Hoy la primera se avergüenza de la segunda y esta se esconde cobardemente de aquella mientras se muestra obsequiosa y solícita con los más poderosos. Algunos seguiremos invocando a la auténtica frente a la impostora. Otros escudriñarán el espejo para sugestionarse de que permanecen asociadas indisolublemente y volverán la mirada para que la credibilidad de la ley no se vea mermada.

Porque un objeto reflejado en un espejo no es más que una ilusión, una apariencia con barniz de realidad, la ley sólo será ley y considerada como tal si el espíritu de la Justicia la anima, de lo contrario no es más que una imagen fantasmal y se desvanecerá ante la luz de la Verdad.

¿Acaso alguien puede preferir el alimento de un plato situado al otro lado del espejo?...