martes, 16 de diciembre de 2014

Las intenciones

Empecemos con una perogrullada. Cuando alguien hace (o perpetra) una acción, la lleva a cabo por unos motivos muy definidos. Esto es obvio. Que sean altruistas y desinteresados, o turbios y egoístas, es una cuestión que definirá el calado moral de la persona que lo realice. Ya se dijo, sabiamente, que por sus obras les conoceréis y, efectivamente, es por los actos por los que se infieren los propósitos.

De poco provecho le servirá a nuestro prójimo decirnos que nos quiere mucho cuando lo único que hace es sacudirnos. La primera vez nos pillará por sorpresa, pero la segunda estaremos prevenidos si no padecemos de una ingenuidad o estupidez patológica, que de todo hay en la viña del Señor. Del mismo modo, cuando comprobamos que todas (repito, todas) las acciones y decisiones políticas de los últimos gobiernos que ha padecido España van en la misma deliberada dirección para demoler, reventar y triturar el país, es que no estamos ante una serie de sucesos encadenados: Realmente existe una directriz para destruir la nación. Nos podrán llamar "conspiranoicos" u otra palabra que les guste más a los crédulos del Poder (la Viña está sobrada de estos), pero nos remitimos tenazmente a los hechos, tanto como terco es el contenido último de lo que nos expresan. No existe lo aleatorio en política, para impedirlo hay una nómina interminable de funcionarios digitales.

Sin embargo, reflexionar y atar cabos es tarea fatigosa. Muchos prefieren consumir la basura manipulada que se sirve en sus televisores, inoculada concienzudamente junto con su comida o cena diaria, y creerse las habituales mentiras de un gobierno que es lacayo de personajes muy poderosos que están en la sombra, las bondades de un sistema que sacude a la gente precisamente por sistema, y de una democracia que ni está ni se la espera porque únicamente fue concebida para meter a España en un engranaje que ha terminado descoyuntándola, territorial y socialmente. Ya no es que hayan o no hayan unos planes con apellidos exóticos, no: Tienen a las consecuencias de esas hojas de ruta, a las que demasiados aún consideran leyendas urbanas, delante de sus mismas narices. Así que no vengan negando el incendio si la ropa que llevamos ya exhala humo.

Cuando se hagan esa pregunta, espantada y trillada, sobre los responsables de que tengamos tal grado de disparate, de deshumanización y de embrutecimiento, recuerden estas breves líneas. Porque sus actos delatan sus intenciones. Porque por sus obras se les conoce aunque el peor ciego es aquel que se niega a ver lo que tiene ante sí.