martes, 4 de noviembre de 2014

Tierra quemada

Cuenta la intrahistoria, la de los pequeños detalles, la que explica los grandes sucesos de la Historia y que tanto desprecian los historiadores marxistas, que hace poco más de 200 años justos, cuando Napoleón avanzaba sin resistencia por la estepa rusa al frente de su Grande Armée (casi 700.000 soldados), el Bonaparte se preguntaba por la razón que impelía a los rusos a retirarse sin oponer la menor resistencia. “No se debe de preocupar, Sire, los rusos son unos cobardes, bastante tienen con llevarse todo mientras salen corriendo”, contestaban sus mariscales eufóricos, incapaces de contener sus celebraciones por tan gran victoria, todo un paseo militar. Napoleón, el “ladrón de Europa”, que se caracterizaba por su aguda inteligencia pese a otras veleidades, simplemente respondió, “precisamente eso es lo que me preocupa: Que nada nos dejan que pueda ser de provecho…”

Y el tiempo, en sus dos acepciones, no tardó en darle la razón. Hasta Moscú fue incendiada por los propios rusos. Los cosacos comenzaron a hostigar las líneas de aprovisionamiento francesas y las inclemencias atmosféricas se echaron encima. La retirada fue un desastre para el emperador y sus tropas. El zar Alejandro I (el zar del sepulcro vacío para estupor de los revolucionarios bolcheviques, cosas de la infinita madre Rusia) le había derrotado sin apenas exponerse. Un ejemplo más, de los muchos que la Historia ofrece, para ilustrar lo que es la estrategia de “tierra quemada”: Replegarse destruyendo todo lo que pueda ser de utilidad al enemigo.



Esa táctica también se utiliza en política. Y en la vida. El castellano dicho de “el que venga detrás que arree” es muy antiguo. Tierra quemada. Eso es España, que ya ni sabemos si Podemos llamarla así.

No se comprende la inconsciente alegría que mostraban los del gobierno hasta hace poco. Han quemado todo. Poseen el dudoso mérito de haber acabado con lo poco que restaba. Como algunos rateros avariciosos, se están llevando hasta la caja de caudales para ver si les es posible venderla para fundición y rebañar hasta la último cuarto, no sea que lo disfrute algún español necesitado cuando ellos precisan de tanto para seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades.

Uno se pregunta para que sirven ciertas organizaciones supranacionales. La idea, con flores y pajaritos, es que impidan que los europeos volvamos a enzarzarnos en guerras, cada vez más destructivas. Pero ni siquiera eso, no olvidemos el caso yugoslavo y la indescriptible inoperancia de la Unión Europea y de ese invento del Nuevo Orden Mundial que es la ONU. En 1986, en pleno entusiasmo europeizante, España se adhirió alegremente a la entonces Comunidad Económica Europea. Lo que no se contó es que el Tratado reducía a nuestra nación a ser un país de servicios, o como dijo un político francés cuyo nombre no merece ser recordado (pero sí que era masón), “España será un país de putas y camareros”. Con esta Europa mezquina y cobardona siempre se ha negociado mal y con complejos. Y ahora…

Y ahora, prosiguiendo los mimos y arrumacos en forma de chorro de dinero recién impreso hacia las entidades financieras, que no hacia las familias y la economía productiva, para ahondar en la táctica de quemar todo lo que pillan para dejar como una quebrada yerma y calcinada el solar de nuestros antepasados, los mismos que desbordaron sus fronteras, límites y limitaciones construyendo catedrales, universidades y cabalgando sobre las olas de unos océanos hostiles amparándose únicamente en su fe en sí mismos porque Cristo estaba en esa fe...

Nada quedará para arrear y difícil será combatir el enemigo inventado del nuevo Califato, al que los medios de manipulación se obstinan en denominar "Estado Islámico" no sea que nos entre una calentura Cruzada. Así se descose Occidente, huérfana de líderes, de Principios y de héroes. Ahíta, sin embargo, de un hedonismo ñoño y nauseabundo que la consumirá hasta las heces. Como el fuego a su presa...

Así que ya saben, por el humo se sabe donde está la llama. O la tierra quemada. Porque todo es un enorme incendio…