martes, 18 de noviembre de 2014

¿Dónde están los españoles?

El mes que viene celebrarán con mucho ruido y fasto los 36 años de la constitución de la Concordia. No se sabe si puede conmemorarse algo que se ha quedado inédito en algunas partes de nuestra geografía, y fallido porque ya se sabe que existen artículos que no son de aplicación para según qué asuntos y los señores que tienen derecho a una jubilación con sólo siete años siete de diputado ni se han molestado en desarrollar. Es que trabajar en el centro de Madrid es fatigoso...

Se la podría calificar de un brindis al sol. El artículo 3.1 es una broma (El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”), sólo un ejemplo porque a buen seguro que ustedes encontrarán más. Ha quedado como algo opcional y residual, como el propio derecho a la Vida, según convenga al político de turno, que no vacilará en fingir que se emociona cuando se refiere a ella o que dimite indignado. Todo es teatro. Mientras se siguen liquidando niños en el vientre de sus madres y nos salen los pagapensiones por las orejas, que esos sí tienen hijos, además de poner visillos a sus mujeres (clamoroso silencio de las feminazis, su odio sólo es contra lo católico y contra España, valga la redundancia). Ya se sabe que los mejores actores no protagonizan películas, sino la pesadilla en la que han convertido nuestras vidas, ellos, junto con los oligarcas, gran patronal, banqueros y sindicalistas del sistema, en dura competencia para ver quien termina de hundir la nación más antigua de Occidente.

A uno le gustaría tener una Constitución que protegiese al ciudadano del insaciable Estado y a la Nación de sus políticos gárrulos, paletos y corruptos. A uno le gustaría tener una Constitución que no garantizase tantos derechos fantasmales pero que posibilitase realmente, de verdad, que los españoles tienen techo asegurado y trabajo digno con el que sacar adelante a sus familias en un país que volviese a ser referente del mundo en libertad, investigación, innovación y cultura, como ya lo fue durante el siglo XV, el siglo XVI y gran parte del XVII, digan lo que digan los talibanes anticatólicos, los resentidos sionistas, el infame marketing anglosajón que no deja hablar a los indios porque acabó con casi todos; y a los demás voceros de una leyenda negra tan falsa como increíble si se tienen dos dedos de frente, o si se quieren tener, que a menudo no conviene.

Pero dicen que el ser humano es dado a idealizar el pasado cuando lo que tiene es un presente de plomo. Por eso gustan en comparar esta Constitución vigente con la de 1812, cuando España estaba en guerra, sufriendo a las tropas de Napoleón y padeciendo a las de Wellington, con su rey de vacaciones (Borbón, por cierto) disfrutando de elegantes y apasionantes bailes en el Castillo de Valençay... Y había una Nación que luchaba por ser libre a sangre y a fuego. El Bonaparte nunca habría sido derrotado sin el “avispero español” como él mismo reconoció. Ahora las crisis, sumadas a unos españoles que reniegan de su Patria pero no pierden oportunidad para esquilmarla, unos políticos que ignoran lo que pasa en las calles de su país (en el mejor de los casos, ya he mencionado lo de la rampante corrupción), un derroche desmedido, sin cuento, con centenares de miles de enchufados que matarán por mantener su pesebre, con administraciones duplicadas, triplicadas, como los impuestos que precisan para sostenerlas; con una iniciativa privada asfixiada, con un genocidio encubierto contra el español disfrazado como derecho a abortar, con la juventud haciendo la maleta y el enemigo en casa... Ahora bien, año 2014, ¿dónde están los españoles?...

Acaso buscando alimento en los contenedores de basura porque no tienen ayudas de ninguna clase, se topen entre ellos el día menos pensado y quieran hacer algo juntos... De nuevo.