martes, 28 de octubre de 2014

Tangentópolis

El término que encabeza el “Comentario” de hoy se acuñó en la última década del pasado siglo. Se refería a la corrupción en una ciudad italiana (Milán), tan generalizada que alumbró una nueva denominación para la romana “Mediolanum”: “Tangentópolis”, de “tangente” (“comisión” en italiano), sumando el sufijo “polis” (“ciudad”, en griego). En esa ciudad transalpina nació la investigación en 1992, pero la red abarcaba a toda la querida Italia, generando un colosal proceso judicial  que se llamó “Mani Pulite”. 

Fue tan gigantesco que se llevó por delante a los partidos tradicionales de la escena política italiana por la imputación de políticos, empresarios, funcionarios, magistrados, ediles, etcétera. Supuso el cambio del sistema electoral del país hermano, del proporcional al mayoritario, que favorecía los posibles personalismos de los candidatos pero castigaba a los “culiparlantes” que se colaban en las listas electorales con la pretensión de medrar a costa de un cargo público o, directamente, metiendo la mano en la caja del erario. Se puede hablar de “refundación”, parcial pero valiente, lo que Italia acometió durante esos años. Otra cosa es cómo degeneró después. Está claro que la corrupción es inherente al ser humano, como inherente debe ser su voluntad de combatirla, según demostró la sana sociedad civil que protagonizó ese cambio.

La crisis económica propicia que se tornen locuaces los que antes recibían dinero por callar y dejarse prostituir. Los velos que ocultan turbios secretos se vuelven más livianos faltando el vil metal, y por doquier comienzan a saltar los escándalos con un elemento común: Manzanas podridas hay en todos lados, tanto, que hace falta una cirugía drástica y en profundidad. No sirve titubear o mirar para otro lado: Hay que actuar con contundencia si no queremos convertirnos en cómplices por omisión, en esa hipocresía y relativismo moral (o ausencia de moralidad) de que algunos comportamientos son válidos según de quienes vengan, y no debe tolerarse eso. Lo que está mal, está mal, proceda de quien proceda. Si los partidos están configurados de forma que favorecen la aparición de esa basura que es la corrupción y los corruptos; es que entonces es imprescindible un cambio radical y han de ser demolidos.

Tampoco es de utilidad el victimismo, si bien es cierto que los medios de manipulación señalan más lo que más les conviene y ponderan sutilmente administraciones extrañas y opacas que no tienen nada que envidiar a la corrupción nacional. Ellos a lo suyo, que es promocionar las estructuras del NOM en su versión de Bruselas intentando abatir cualquier idea de nación, o, lo más terrible, asociándola disparatadamente a la corrupción que padecemos como algo propio de "aquí", (que si pronuncian "España" les puede salir un cáncer de lengua). 

La corrupción es propia del que detenta Poder. En esta España lo que más hay son “centros” de Poder: Comunidades autónomas, ayuntamientos, diputaciones, aparte del propio Estado, todos con sus gestores nombrados a dedos por políticos o en oposiciones "trucadas" hechas a medida del opositante... Sin contar con todos los cuñados, amigos, vecinos que pastan en las empresas "públicas" diseñadas para ocultar agujeros, colocar a los colegas y servirse de recursos que pagamos los contribuyentes: No se quejen luego de que España funcione así, la cosa va por familias y allegados, sea el CNI, el tribunal de cuentas o el sursum corda. Pero todos toditos ganando una pasta gansa a costa de lo que usted paga, por ejemplo cuando reposta combustible o paga un café. Así que fíjense si la corrupción puede salpicar su bolsillo.

Lo peor es que también puede hurtar el alma...