martes, 21 de octubre de 2014

El Poder

Cuando hablamos de "Poder", hablamos de algo que es intangible. Nadie ha visto nunca al "Poder", pero todos hemos podido comprobar sus efectos, "defectos" muy a menudo, más a menudo de lo que nos gustaría a los pobres mortales. Siendo invisible logra ser más letal que muchos fenómenos naturales. Puede destrozar vidas, haciendas, sueños, proyectos... No sería descabellado afirmar que la acción del "Poder" esculpe la realidad que le parece pertinente pasando por encima de lo que sea. Tanto es así que hasta hay colectivos políticos que convierten en su denominación a esa verbalización de un acto de voluntad. Pero no nos engañemos, es un gigante con pies de barro porque se fundamenta en una ficción aceptada tácitamente por todos, como lo es, por ejemplo, la fortaleza de esas piececitas de metal y papelitos de colores que llamamos "dinero". Como nadie lo cuestiona, alardea con soberbia, y lo hace porque nadie pone en tela de juicio su "labor", menos aún los límites de su actividad. No se le tiene tanto respeto como temor. No tiene tanta legitimidad (por haberse excedido en sus funciones) como desconfianza generan sus "trabajos".

Pero el "Poder" no es una entidad animada por sus propios fueros. El "Poder" es movido por personas como usted, o como yo. Por su honradez y claridad de miras pueden merecer el honor de gobernar una nación. Infrecuente pero no imposible. Mas cuando no es así, se les ve el plumero rápidamente. Y son esas personas el problema: ¿qué les hace colocarse en plano de superioridad y decidir por nosotros?. ¿Por qué creen que ellos son mejores que el común de los mortales?, y lo más terrible, ¿por qué lo aceptamos sin discusión?...

Hay personas que desean conseguir el "Poder". Otras quieren tener el "Poder”. Existen las que quieren "poseer" el "Poder Omnímodo" (¿verdad, Mariano?). Incluso hay quien quiere ser el "Poder" como encarnación personal. Si les preguntamos por sus razones, nos contestarán que para elevar el nivel de vida de sus conciudadanos, para desarrollar las libertades y flores y pajaritos y patatín y patatán, pero no contestarán claramente porque la interrogante es ambigua. La correcta sería "¿por qué piensan que deberían ser ellos los que ejercieran el "Poder?"; y no obtendríamos contestación válida. Se escudarán en las bondades de una democracia que no es, sino una coprocracia. Como les conocemos sobradamente, sabemos que volverían a irse por los cerros de Úbeda de los buenos deseos botánicos y ornitológicos para ocultar oscuras intenciones. Tan oscuras como evidentes con espíritu deductivo. Y crítico.

Bastantes de estos elementos (diríamos que todos, pero la Navidad se acerca y seremos benévolos) consideran el ejercicio del poder como un fin en sí mismo. Una vez "conquistado", nada hay más allá. Recuerdo la escena final de la excelente película "El candidato", protagonizada por Robert Redford (mejor actor que activista), en la que su personaje espetaba a uno de sus asesores, tras ganar unas elecciones, "bueno y ahora, ¿qué?". El filme acaba ahí de forma muy sugerente. Muchos políticos opinan que su carrera ha llegado al cénit cuando entran en los múltiples engranajes del Poder. Sestean culiparlantes cuando debería comenzar su auténtica labor, la dan por amortizada, para desgracia de sus electores y demás sufridores que les han creído o, peor aún, les han apoyado y/o elegido con mala fe, (que los hay). Incluso hay sociedades "discretas" cuyo único y exclusivo objetivo es infiltrar al mayor número posible de “hermanos” en puestos claves para mejor medrar al amparo del Poder. La sociedad transformando, aunque no quiera, y los recursos bajo su mando. A su juicio, el Poder debe ser suyo porque son los que mejor pueden guiar la evolución y el devenir de las sociedades que dirigen, hacia los fines que ellos designan, y ese es el pecado. De lesa humanidad: Las sociedades están formadas por familias, por ciudadanos. No necesitamos arquitectos, ni mandiles. Para eso ya tenemos nuestros Principios y los Evangelios para instaurar una auténtica Justicia Social, que es mejor que la engañosa estafa de la "Igualdad" que sufrimos desde la Ilustración. Mentira sobre mentira. 

Abusar del prójimo forma parte de la naturaleza humana. Un particular lo hace en su modesta dimensión y los que le rodean pueden y deben impedírselo. Será taimado, indignante, patético y/o hilarante en una escala muy pequeña. Pero si algunos dirigen el Estado y abusan, será imposible detenerlos porque el Estado es la herramienta que utilizan para investirse de autoridad al ser insuficientes las marrullerías de sus oligopolios, Prioratos y fraternidades. Hay muchos caminos para llegar a esa Babilonia. Por mucho que se envanezcan, su Poder reside en la figuración que nos hacemos los demás acerca de ellos. Y sin ello, no valen una higa porque no son más que un espejismo.

Con una adecuada Disciplina Social, hasta el Poder sobra. Pero eso es una utopía hoy por hoy en esta sociedad ñoña y sin Principios. El caso de España, es un ejemplo meridiano, palmario, de cómo se puede asaltar el Poder por un reducido grupo de personas con las ideas muy definidas, muy claras y una estructura de mando nítida. Vemos sus consecuencias día a día. Pero si es así es porque se lo permitimos: Ningún Poder es tan vigoroso como para soportar la desobediencia de sus despreciados vasallos. Sin ese requisito, la alucinación se desvanece para comprobar que el emperador está desnudo. Por ese paño se descosen antes de volver a la nada de la que nunca debieron salir. Menos lamentos, menos palabras y más unidad de acción y más hechos, que los hechos hablan alto y claro por sí mismos.