martes, 30 de septiembre de 2014

Medios de manipulación

Contar las cosas que suceden es una manera de tomar partido. Cada uno es muy libre de ir  pregonando por ahí sus opiniones, faltaría más, pero cuando se entra en el terreno de las certezas ya no hay vuelta de hoja: Hay que hablar, en conciencia, desde la Verdad. Un ejercicio imposible para muchos, que prefieren plegarse a los intereses de su estómago o a otros más inconfesables.

En ocasiones nos hemos referido a los medios de comunicación como “medios de manipulación”, y seguiremos en ello porque hemos viajado del muy loable derecho a informar al muy perjudicial “intoxica y calumnia que algo queda” parafraseando la cita que se atribuye falsamente a Goebbels pero que en realidad es de Lenin. Aprovechando la mención, traemos a colación su máxima, que decía que una mentira cien veces repetida terminaba pasando por cierta, hecho este del que cualquiera se puede cerciorar con reiteración si aborda la Historia para estudiar sus historietas, tan mendaces como incoherentes pero tenidas por ciertas por masas y masas de iletrados.

Así que llegamos a la conclusión de que hoy importa menos (o nada) informar objetivamente que arrimar el ascua a la sardina del informador. Mejor aún, aquello no importa en absoluto y la sardina viene dada por quien paga al informador. Evidentemente, la mejor manera de desprestigiar la verdad es acompañarla de mentiras para que pase por una de ellas, como se hace con las personas cuando se las intenta relacionar y amigar con indeseables. En inverso sentido, cuando se pretende colar una falsedad se la adorna de detalles veraces, fácilmente verificables en alguna de sus partes, para vacunarse contra la incredulidad del oyente que tiende a generalizar esa información “si eso es cierto porque me consta, lo demás también debe de serlo”. Sin olvidar el momento oportuno en que salta una noticia, aunque lleve unos añitos guardada en algún cajón de los que pagan que, al cabo, son los que verdaderamente manejan las sardinas, y las noticias “pantalla” que se lanzan para esconder otras más graves y/o peligrosas para los intereses y conveniencias de los sardineros en cuestión, ya saben de nuestra afición a jugar con las palabras y sus acepciones. Estas son las estratagemas básicas de la impostura, pueden complicarse, combinarse, o lo que se quiera, pero sus esquemas básicos son los descritos y hay infinidad de ejemplos a lo largo y a lo ancho de la inmensidad de Internet, con especial mención de ese maremágnum audiovisual que es Youtube.

Más, luego el Poder. Como norma higiénica general nosotros preconizamos contrastar las informaciones de distintos medios porque somos desconfiados por naturaleza. El Poder corrompe, y el Poder “omnímodo” (¿a qué te suena la palabra, Mariano?) o absoluto corrompe absolutamente, recomendamos prestar más atención a los que llevan la contraria: Desconfíen de los que son pelotas con los que mandan, los respondones tenemos más que perder. O que ganar, si se tiene la fortuna de creer en Algo.

Si fuéramos ingenuos pensaríamos que los voceros están a sueldo de sus medios, y que su fin último es crear una corriente de opinión en buena lid, en un debate permanente y honrado. Pero no es así. Efectivamente, tienen su(s) sueldo(s) pero quien o quienes son los que pagan ya es más oscuro. Algunos dicen que es oportuno, en la vida, poner una vela a Dios y otra al diablo, pero nosotros creemos que si pones una, solo una, al segundo, ya has elegido bandería. Para condenarte, obviamente. Como mínimo persiguen entontecer, aturdir y aletargar a la sociedad para que no se mueva nada, para que no fluya el Libre Albedrío, el pensamiento libre, desactivando cualquier movimiento de respuesta, de reacción, hecho que contemplan como una amenaza. La mano que mece la cuna es la que mueve los peones de ese invisible y gigantesco ajedrez cuya pieza más preciada es atraerse el sentido de la opinión colectiva (lo más colectiva posible) para decirnos lo que debemos pensar, hacer y a quien se debe demonizar y perseguir con una intolerancia contumaz, que es llamativa en quienes siempre están con su vacua tolerancia en la boca... Al margen del criterio moral, que ese es el menos importante para esta gente con el Poder omnímodo que les otorga su dinero, sino el que se desprende del relativismo de sus conveniencias. Mucho más cercano al demonio de la vela y sus sociedades discretas inspiradas por quienes ya conocemos que a cualquier Enseñanza de Cristo.


Así que no los miren con candidez. Esos peones que hablan o escriben tan bien siguiendo las estrategias fundamentales que hemos descrito anteriormente, no son empleados de sus medios, al fin y al cabo los “medios”, como se desprende de este término (el lenguaje es más sabio de lo que parece) son sólo eso: medios, útiles, intermediarios, testaferros del pensamiento que se afanan (y ufanan) en mantener ocultos a sus auténticos señores y sus perversos objetivos.

Y esos no son otros que desterrar a Cristo de la faz de la Tierra para convertirle a usted, sí, a usted que ha llegado hasta esta humilde revista digital, en un simple esclavo que les alimenta, sostiene y que morirá cuando les apetezca. Les bastará con esbozar un simple gesto.

No dejen que piensen por usted, ha de elegir si vegetar o vivir. Recuerde que únicamente la Verdad es la que nos hace libres.


martes, 23 de septiembre de 2014

Lo que no se quiere oír

"No dejes que la realidad te estropee una buena noticia", es una máxima de polémica procedencia y autoría, pero que a la que no le escasean adeptos: En una época de cínico relativismo, lo que más abunda son los hipócritas. Y en esas andamos, que hoy por hoy cualquier orate y/o ignorante puede encaramarse a la tarima de un aula a predicar sus buenas noticias, tan buenas que sólo pueden ser fabricadas a gusto del consumidor.

No es que sea triste, bochornoso, insultante y/o ridículo que un experto tenga la osadía de proferir sus bobadas en público, que eso es muy fácil ahora mismo merced a Internet; lo triste, bochornoso, insultante y/o ridículo es que ello se perpetre con fondos públicos generosamente dispuestos, sin ningún tipo de control o rigor, a costa de todos los españoles para mayor ofensa y que NADIE, absolutamente nadie más aparte de los que estamos en esta trinchera, lo denuncie o critique.

Así que es posible envenenar a un par de generaciones de españoles con mentiras y más mentiras, que el gobierno de la Concordia (o de la Cobardía) que sucesivamente ha ido padeciendo este país les ha premiado además con más y más dinero, con más y más competencias para ilustrar su incompetencia, felonía y maldad, y que todo ello sea total y absolutamente tolerado, por desconocimiento o apatía, por los españolitos que una vez aspiraron a todo y ahora sólo aspiran a tener mucha igualdad, que debe de ser que merece más consideración que su propia Patria, por lo que no extraña que tengan mejor tratamiento los de fuera que sus compatriotas necesitados porque la igualdad con nuestros nacionales es fascismo, como bien se encargan de aclarar los voceros a sueldo del sistema.

Es el signo de los Tiempos. Lo más abyecto no sólo es admisible sino que además se nos obliga a costearlo, y se nos censura, señala y calumnia cuando manifestamos que estas fechorías deben cesar de inmediato y deben ser refutadas por todos los medios. Pero no hallarán más que a CESCIHUM y a un puñado de valientes estudiosos prestos y listos para esa labor. En la cobarde España no hay otra cosa que cobardes españoles. Y sálvese quien pueda.

Así que sigan en eso de que la realidad no les estropee las buenas noticias que el gobierno y los que manejan a este gobierno les inoculan en dosis diarias desde los medios de manipulación. Cuando se adultera la Historia para encizañar y para sembrar odio, es que ya se está preparado para todo. Creánse que vivimos en el mejor de los mundos posibles, mientras los españoles que sufren son como aquellos fantasmas de los que únicamente hablamos un reducido grupo de personas que prefieren la verdad a la ficción que crean algunos para alcanzar sus taimados fines. 

Porque como dijo Orwell, que terminó espantado de las prácticas democráticas del Frente Popular, "si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír".

martes, 16 de septiembre de 2014

Razón de Estado o el Estado sin razón

Alguien dijo que "el Estado debe poseer pleno Poder para facilitar la vida y aliviar la carga de sus administrados". Dicho esto así se puede remitir a diversas interpretaciones, unas socarronas y sarcásticas y otras encendidas y leales en su favor. Pero lo que a nadie se el escapa, como perogrullada a Perogrullo, es que el "Estado" ha estado, está y estará (ya saben mis pacientes lectores que no rehuyo los juegos de palabras) formado por personas, y que esas personas actúan en función de determinados intereses, no siempre los que se debieran por Patriotismo, para llevar a término sus objetivos.

Porque el Patriotismo es la máxima que han de seguir sus servidores, pero no es así en demasiadas ocasiones y no se denuncia y no se exige en la medida de la gravedad que implica ese incumplimiento. Se puede afirmar que es impune quien se sirve del Estado para sus espurios fines, bien porque se esconde tras un impresentable concepto de la "obediencia debida", bien porque se escuda en la resbaladiza concepción del "interés público"... Lo que no deja de ser irónico en quien no ha hecho más que primar su particular interés.

El Estado es una herramienta, un instrumento, no un fin en sí mismo. El Estado no debería de ser una entidad al margen de la nación, ni independiente de ella, el Estado, en su más amplia definición, habría de ser la suma de todos los nacionales de un país, como su versión bélica, el ejército, lo es de una sociedad en armas que lucha por su supervivencia ante una invasión. Por eso resulta harto llamativo y doloroso encontrarse con que el Estado del país de uno tiene el feo hábito de estigmatizarle por su Fe o filiación política. Y que los cobardes individuos que no tienen ni la formación ni el sentido del Honor de rebatir sus opiniones, certezas y Testimonios a título personal, se valen de los resortes, medios y recursos que el Estado para, torticeramente, emplearlos en su persecución e, incluso, en la consecución de su muerte civil en lugar de servir al ciudadano como le corresponde. Porque, insisto, el Estado son las personas que lo manejan, y son ellas las que deben responder de los abusos que cometan, ya sean la inmisericorde desatención hacia sus nacionales o la mera y simple traición, como se deduce de la actuación de los gobernantes que han ido desfilando con sus tejemanejes por esta sufrida España en los últimos cuarenta años.

Y ahora estamos en una tesitura histórica porque el Estado se halla ante la tentación de utilizar infinidad de información para indagar, saber y/o averiguar si cualquier Juan Español sube, baja, va o llega, casi sin restricciones ni límites éticos, porque los que se esconden tras ese parapeto que es la palabra "Estado" adolecen por completo del menor asomo de escrúpulos, fiel y oscuro reflejo de la clase política que ha escogido tercamente esos mismos españoles que mucho se quejan y poco hacen. Es tanto el abuso del sustantivo, que hasta "Estado" sirve para enmascarar y ocultar el nombre de la nación que es España. Los pobres ignorantes quieren desconocer que "España" es mucho más que una simple herramienta administrativa denominada comúnmente como "Estado"...

En este estado de cosas andamos... Con Estados de derecho que son Estados de desecho... Con unos Estados, en lo que era la antigua Cristiandad y con especial crueldad en España, que se autodenominan con mucha soberbia "democracias" cuando son criptocracias cleptómanas manejadas por oligarcas que se obstinan en favorecer a inmigrantes cultural y/o religiosamente hostiles a nuestra Tradición e Historia, discriminando a la población autóctona; Estados que ofenden deliberadamente las convicciones religiosas que le han configurado y protegido a lo largo de los siglos; Estados que ayudan a esos inmigrantes pero que prohíben ayudar a sus propios compatriotas; Estados que benefician y promueven políticas eugenésicas; Estados que destruyen la Familia como institución; Estados que permiten mezquitas pagadas por países que persiguen cristianos; Estados que contratan mercenarios en vez de fomentar el Patriotismo; Estados que destruyen la Enseñanza por empleabilidades que suman millones de desempleados; Estados que amparan la libertad de expresión siempre que no moleste a sus patrones, que no es la soberanía popular, ni mucho menos; Estados que protegen los derechos humanos de asesinos pero desprecian los derechos humanos de los asesinados y de sus familias; Estados que consideran la cobardía, la desidia y la traición como una virtud "democrática" cuando debería de proscribir esas actitudes... Y así hasta el aburrimiento.

Porque esos "Estados" son el verdadero "malestar" de muchos que estamos "apestados" e "indigestados" por tanta corrupción, felonía y maldad contra nuestra Patria. 

martes, 9 de septiembre de 2014

De nuestra campaña y otras campañas

Empezamos el nuevo curso con ilusión y entusiasmo. Tenemos más proyectos que recursos, es por ello que CESCIHUM ha sacado a la luz la campaña de micromecenazgo (ahora de moda como "crowdfunding") que denominamos "Somos CESCIHUM"...


Agradecemos cualquier ayuda económica y/o la máxima difusión de esta campaña que será aplicada para llevar a buen término las actividades que tenemos planteadas, independientemente de que se cubra la totalidad de la cantidad reseñada.

Retornamos a la periodicidad habitual con la mayor preocupación de lo que viene acaeciendo en nuestro sufrido y espantado mundo, padeciendo una campaña de violencia que nos trae oscuros presagios. Decía el gran Quevedo que "donde hay poca Justicia es peligroso tener razón", y jugando con la palabra, tenía toda la razón del sufrido y espantado mundo que mudo está desde hace tiempo como quien espera resignado el lugar por donde ha de venir el próximo golpe. Vivimos en una época en que los sucesos y los actos se valoran y califican en función de quien los promueva, no a tenor de sus intenciones y efectos. Y es que la Relatividad, fuera de la Física, aparte de no explicar nada, lo único que hace es daño.

Así asistimos con estupor a hechos como que si un edificio abandonado es okupado para desarrollar actos kulturales es contemplado con simpatía por parte de los voceros a sueldo que desempeñan su labor de desinformar e intoxicar desde los medios de manipulación; mientras que si otro edificio es ocupado para asistir a españoles que pasan necesidades, sus ocupantes serán cubiertos por el pétreo manto de silencio que ahoga todo lo que no le cuadre a los del Poder y/o destrozados sistemáticamente por los ingeniosos voceros, mencionados antes, que les afean su intolerancia con la mayor de las intransigencias. Vivimos en un país que no permite el hambre de los huéspedes, muy hostiles algunos, pero que tolera intolerablemente que nuestros compatriotas se suiciden o los suiciden porque algún usurero y/o político arribista les empuja a ello ante la indiferencia de quienes deberían socorrerles prioritariamente. Igual que las familias auxilian antes a los suyos, lo normal en un país debería ser apoyar a los nacionales antes que a nadie. Algo tan cabal resulta que hay que explicarlo con dibujitos, flores y pajaritos, a ver si lo entienden algunos zoquetes.

Y lo mismo cabe decir de la escalada de asesinatos que venimos soportando los cristianos. Se puede ultrajar una iglesia, se puede insultar a Cristo, se pueden decir y/o hacer un sinnúmero de fechorías contra nosotros, porque todo ello se parapeta en una muy discutible libertad de expresión o libertad religiosa, pero no se ve a esos cobardones apóstatas no ya realizar esas mismas fechorías, porque no tienen valentía, sino alzar siquiera una sola voz a favor de la libertad de las personas que dan Testimonio de Cristo en países cuya relación va aumentando. Dios no permita que los nuestros engrosen esa lista. Aunque hay mucho dinero y mucha mala voluntad para pagar que eso sea una realidad, que los que ahora les ríen y jalean las gracias terminarán lamentando. Lo que a nosotros nos ennoblece a ellos les vilipendia.

La ofensa es un halago cuando quien la profiere sirve a su maldad...