martes, 10 de junio de 2014

Por aburrimiento

Ya insinuábamos, en nuestro editorial de hace un par de semanas, que las sociedades occidentales han perdido la altura de miras que les llevó, en el pasado, a romper las barreras que limitaban sus horizontes. Lo que antaño eran descubrimientos, vigor y abnegación; hogaño se ha desplazado a contemplar desde el sofá a unos profesionales (demasiado bien remunerados en alguna selección), en pantalón corto, marcando hitos en sus respectivas especialidades deportivas, lo que no está mal por ellos, que siguen superándose, sino por los que hacen suyos sus éxitos sin mayor trabajo que apretar un botón del mando a distancia.


La seguridad que transpiran las sociedades occidentales, una ficción aceptada por todos porque el Destino puede sacudirnos con cualquier Némesis en el momento menos pensado, con su obsesión reglamentaria, normalizada y sistemática, parece suscitar tal aburrimiento existencial, que algunas personas hastiadas han de jugarse la vida, literalmente, para sentirse vivos. Lo que es paradójico. Si curiosean por ese pandemonio que es Youtube, se encontrarán con infinidad de modalidades, a cual más dolorosa, de sentirse vivo... 

En estas sociedades ñoñas y autocomplacientes, que se permiten ridiculizar a nuestros abuelos porque se jugaban la vida por Dios, por su honor, por su patria, o por llevar un chusco a la mesa de su familia, está de moda y resulta cool tirarse desde puentes pendientes de un hilo, cual suicida Teseo que emplease mal el obsequio de la enamorada Ariadna. O la fantasía de volar sin especiales aditamentos mecánicos que finalizan en accidente mortal en demasiados casos. Vamos, jugarse el tipo por el simple placer de jugárselo, porque se puede, sin mayores razones, que no se necesitan en esta época y ello es más seductor, socialmente, que hacerlo por el antiguo Deber, que era el norte de las personas desde que tenían conocimiento hasta que el Señor se los llevaba al Lugar que mereciesen. Quien dijo aburrimiento...  

Así que estamos en que, si alguien practica deportes de riesgo porque le da la gana, está en su pleno derecho al margen de la tragedia que pueda desencadenar entre los suyos. Si lo hace por un punto de vergüenza, por defender sus convicciones, porque es simplemente su Deber... Ya se pueden imaginar que se diría de él y de lo absurdo de su conducta.

Si vivir ya es un riesgo en sí mismo, es del todo inútil poner puertas al campo y publicitar una seguridad que pertenece al decorado en el que vivimos, y que como casi todo, es una falsedad y una impostura, porque nada está garantizado y nadie puede asegurarnos que estemos vivos en el segundo siguiente, por mucho que se denuncie y litigue. Angustioso, sí, pero antes se convivía con esa certeza de modo natural, y arriesgaban sus días si lo creían oportuno por algo que les mereciese la pena. No por nada. No por aburrimiento.

Y es que, en efecto, el aburrimiento es capaz de causar trastorno tal, que se elogia lo vano y se escarnece lo fundamental de la misma manera que se confunde valor y precio...